Teníamos grandes expectativas pero también algunas dudas antes de empezar la séptima temporada de Juego de Tronos. Y una vez terminada la misma, hay una sensación clara: combina la majestuosidad del año pasado con los agujeros de hace dos. El balance nos da una obra notable pero no magistral; y por encima de todo, diferente. Vamos con ello.

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El duro paso del 10 al 7

La séptima temporada viene claramente marcada por su condición de primera mitad de final de la historia. La división de una hipotética séptima y ultima temporada en dos mitades de siete y seis capítulos crean como resultado una estructura que nos era desconocida: sí, aunque los capítulos hayan sido más largos, se ha notado que esta temporada ha sido sensiblemente más corta que los anteriores.

Los showrunners, conscientes de ellos, han tomado una doble estrategia para atajarlo. En primer lugar, han simplificado y reducido las tramas. Quitando de un plumazo a las distracciones llamadas Martell, Tyrell, obviando a los Tully y Arryn la serie vuelva a su origen de Starks, Lannister y Targaryen, salvo algún cameo aislado. Los protagonistas son más protagonistas, lo cual también reduce la calidad narrativa en algún punto, como comentaremos después.

La segunda estrategia para paliar este problema es el uso de la acción. De los 7 capítulos, 5 tenían alguna batalla o conflicto destacable. Solamente el introductorio y el quinto e infravalorado Guardiaoriente se desarrollaron sin abusar tirar de CGI, extras y combates. El problema de esto es claro: un abuso de la bélica y una reducción de las pausas provoca el mal endémico de esta temporada: que lo que veíamos por pantalla pareciera Hollywood y no una serie de la HBO.

No es malo ser previsible, es malo ser ilógico

El año pasado la serie ya se vio claramente que a la vez que Juego de Tronos se alejaba temporal y hasta espacialmente de Canción de Hielo y Fuego, también reducía su complejidad para ganar espectacularidad. Esta ocasión la tendencia se ha ampliado aún más, con un mayor espectáculo audiovisual pero con algunos desarrollos de tramas que han sido ciertamente flojos.

Evidentemente no es malo que la serie sea un espectáculo para nuestros ojos y oídos. No hay duda de que es la producción televisiva más gloriosa de la historia en cuanto a aspecto se refiere. La obra de efectos especiales, de producción de batallas, de música de Ramin Djawadi y de vestuario de Michelle Clapron sencillamente no tienen parangón. El problema es cuando el guión, y esta temporada ha pasado más veces, no está a su – casi imposible de igualar, siendo justos – altura.

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Evidentemente la perfección no existe ni en la narrativa mejor desarrollada posible. Pero cuando los errores geográficos (el plan de Tyrion con la flota Greyjoy), las elipsis temporales mal planteadas (lo que alguno llama “teletransporte en Poniente” o la carrera maratoniana de Gendry) y los Deus ex Machina (como la aparición beatífica de Benjen como paradigma) llaman tanto la atención hay un problema.

No cabe sino asumir que aún a estas alturas de la serie – y más cuando las tramas son originales sin tener que ver con los libros – la sala de guionistas de Juego de Tronos, donde Benioff y Weiss gozan de libertad casi absoluta al ser tanto escritores de capítulos como showrunners de la serie, necesita mejorar. Es una auténtica lástima que una obra tan espectacular y poderosa como el penúltimo capítulo de la temporada Más Allá del Muro sea tan mal considerado por estos errores de continuidad, dirección y narrativa.

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Por contra, hay que acabar con el mito de que la serie pierde calidad por ser más previsible. Sí, hay fanservice, pero ver que Meñique sería derrotado ante la coalición Sansa-Arya-Bran, que Dany perdería un dragón, que el Muro caería o que sucedería el famoso Jonerys es coherencia temática y narrativa. Sería tan absurdo que estos hechos no sucedieran como que Jon no volviera a la vida, cuando suya es la Canción de hielo y fuego…y su retorno fue igual de previsible.

Se leen críticas de que la serie ha perdido la originalidad de las primeras temporadas, más fieles a las novelas – con matices – donde cualquiera podía morir; y es cierto que ninguno de los 7-8 mayores protagonistas han muerto desde la cuarta temporada, Jon aparte. Pero hay que insistir en que cada giro sorprendente de Martin también puede ser previsto si se observa el texto con detalle. La relectura de Canción de hielo y fuego es maravillosa porque George deja tantos presagios que parecemos ciegos por no haber visto venir la Boda Roja o el R+L=J.

Los lectores, las filtraciones y el futuro

Ya abordaremos en otro ensayo si lo visto en esta temporada sucederá en las novelas. Pero un lector de las novelas a priori abordaría esta temporada con la ceguera de no saber lo que sucedería debido a que la serie no solo ha tomado una ruta diferente a la de las novelas sino que además ha avanzado mucho temporalmente en ese camino. Y para muchos ha sido asi, pero para otros no tanto.

Entran aquí las famosas filtraciones. No hablo de que un partner indio contraprograme a unos hackers que iban a desvelar un capítulo revelándolo en alta definición y sin subtítulos con un timing inmejorable, y la situación se repita via HBO Nordic dos semanas después. Cada uno que piense lo que quiera.

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El problema de base ha sido cuando 10 meses antes del estreno de la temporada se revelen con precisión casi meridiana los guiones de la serie más popular del mundo. Nosotros en Los Siete Reinos jamás los hemos difundido y cuando hemos informado del rodaje nuestros spoilers siempre han sido leves, porque rechazamos de base ese tipo de filtraciones.

Es evidente que quien leyó estos guiones filtrados no ve la temporada igual. Pero mucho más evidente y peligroso es que la HBO tiene un problema de seguridad colosal que más vale que solucione antes del final de su producción más ambiciosa, popular y premiada.

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El futuro de Juego de Tronos esperemos que vuelva a pasar por España. La HBO ha pedido volver a rodar en Sevilla: las Atarazanas han sido criptas de Desembarco del Rey y el espectacular anfiteatro de Itálica Pozodragón esta temporada. Y sabemos que han visitado castillos castellanos para la octava y última temporada de la serie.

Quizás volvamos a Bermeo y Zumaia como Rocadragón, el guión lo marcará. Cáceres y el castillo de Trujillo como Desembarco del Rey es más difícil, como el castillo de Almodóvar del Río siendo Altojardín y Roca Casterly. Y no creo que volvamos a ver los Barruecos pero la Batalla del Nuevo Campo de Fuego rodada allí quedará para la posteridad.

Por último, unas palabras sobre lo que nos espera en Juego de Tronos. La serie quizás no se estrene hasta 2019, pero en poco más de un mes volverán los rodajes y de hecho la pre-producción ya ha comenzado en Irlanda del Norte. La espera por tanto no será tan larga; más aún si antes del final de la serie podemos leer la novela más esperada desde que existe la cultura popular moderna, un texto que se hace llamar Vientos de Invierno cuyas diferencias con el producto de la HBO nos dejarán asombrados.