
Terminamos con las Review de los Lectores de Los Siete Reinos de esta tercera temporada de La Casa del Dragón. Son obra de nuestra amiga Cristina Arias, autora de antologías y poemarios y responsable del podcast Paseando por la Cava Baja, a quien ya habéis escuchado en Los Siete Reinos y es una enamorada de la saga que conoce muy bien Fuego y Sangre.
La Casa del Dragón 3×08 – Las traiciones de Ladera

Por Cristina Arias
a terminado la tercera temporada y tengo sentimientos encontrados. De nuevo, un episodio final impactante con una gran batalla nos regala un broche de oro, pero no puedo dejar de preguntarme a qué precio.
Me gustaría que este análisis del último episodio lo fuera también de toda la temporada. Intentaré hacer una retrospectiva de arcos de personaje y demás, y de lo que opino como adaptación hasta ahora.
Si vamos por orden, el tapiz del inicio nos ha mostrado todo lo ocurrido a lo largo de estos ocho episodios, con un tramo final en el que Aegon resurge inundando todo de fuego directo hacia el dragón de Rhaenyra. El enfrentamiento final entre ambos reyes está servido, como debería haber sido siempre.

Porque esta Danza de Dragones nunca se trató de Alicent contra Rhaenyra. Este hecho lleva lastrando algunas tramas desde la temporada anterior, y veo que va a terminar. En esta temporada, Alicent ha estado bastante ausente y su personaje ha tenido momentos tediosos, de relleno y, al final, el intento de asesinato de su propio hijo, cosa impensable en los libros.
El plano final, rodeada de mariposas que ya le dan el presagio de la muerte de Helaena anuncia una cuarta temporada en la que tendrá que enfrentarse a la desaparición del hijo equivocado. Pero sus decisiones ya no han sido equivocadas, como en la pasada temporada, sino que parece movida por hilos ajenos que, además, se saldan con tremendas meteduras de pata. ¡Pobre Alicent! Acabe como acabe en la cuarta temporada, no creo que lo haga muy bien.
Los jóvenes de la corte no han salido muy bien parados: Baela le echa en cara a Rhaenyra que utiliza a la gente para sus propios fines, pero lo cierto es que su trama de búsqueda de dos dragones bastante grandotes no ha salido muy bien, tal y como le espeta Rhaenyra. Addam también parece tener reticencias sobre las decisiones de la reina.

La trama de amor entre la joven princesa y los dos bastardos no ha aportado gran cosa a la historia principal, así que auguro que es probable que la serie se vaya del todo por la tangente y tanto Addam como Rhaena (menos mal que no ha salido en este capítulo) como Baela van a ver comprometida su fidelidad, hecho que en los libros no sucede ni por asomo. De hecho, si por algo destaca Addam es por su fidelidad.
Párrafo aparte merece Alyn, que en la serie es el más fiel y honorable seguidor de la Reina Negra. El joven ha escoltado a Rhaenyra al Septo de Baelor y ha asesinado al Septón Supremo por orden de su soberana. Tanto él como su hermano desconocen que su padre ha sido liberado en la batalla de Ladera, por lo que es muy probable que su fidelidad penda de un hilo.
Si hablamos de inacción, Aemond ha sido uno de los personajes más perjudicados en esta temporada. Finalmente, su trama no ha discurrido en paralelo con la de Daemon más que en el aburrimiento. En un momento dado, el nihilismo de ser Criston lo ha envuelto pero lo ha dejado en un Emo con traumas infantiles y, por algún motivo, dolido por haber matado a su hermano, cuando en la temporada anterior lo aprovechó a lo grande. Pensar en la arrogancia con la que el príncipe entra en Harrenhal en Fuego y Sangre, solo para enfrentarse a su tío, a quien ve como una némesis, aquí es una pálida sombra tristona que se confiesa con su amante.

Sí es curiosa la idea de Alys Ríos convergiendo en algunos detalles con Melisandre. En la serie se ha optado sin ambages por la idea del libro de que es una bruja que se mantiene joven a base de magia negra. Ella misma confirma que tiene más de cien años y que está maldita sin poder salir del castillo ni heredarlo, solo puede servir a quienes vengan. La llegada de Aegon no ayudará a sus fines, me parece, pero no tengo claro cómo se va a resolver esta parte.
Aegon es un personaje curioso. Durante toda la temporada se supone que ha evolucionado hacia una mayor empatía dando vueltas por ahí sin su dragón, que creo que nadie esperaba que no apareciera de nuevo. Debo de haber visto otra serie, porque yo entiendo que Aegon ha pasado de la debilidad autoimpuesta marcada por el victimismo y la pérdida de su montura, a la determinación de conquistar lo que cree que le pertenece por derecho.
Por lo tanto, considero que su trama ha sido innecesaria, aburrida y con poco fuste hasta que al final tenemos al Aegon de los libros, igual que antes de su caída. Para mí siempre será Chicharrito, el inconfundible rey niñato, con su bestia Fuegosocarrat, dispuesto a convertir en cenizas todo lo que encuentre a su paso. La transición ha sido una prueba de fuego (nunca mejor dicho) para los espectadores, pero ya hemos llegado al punto que la historia requería.

Helaena siempre ha sido pozo de contento para mí. Siempre lo he dicho y no me escondo. Sin embargo, su final en esta temporada, si bien se parece al de los libros, me genera dudas. Entiendo que estuviera embarazada por la ausencia de Maelor que todos conocemos y de cuyas consecuencias ya advirtió el mismísimo George R. R. Martin.
Este embarazo ha servido para que la reina soñadora viera comprometido su futuro y el de su hijo. De ahí que se negara a comer y que quisiera apagarse poco a poco dejando de comer. Si esto es así, no entiendo por qué lo hace, teniendo en cuenta que ya había bordado su destino y lo tenía claro.
La visión del carromato con la yegua en el que parte Mysaria fue muy relevante, pero más aún lo es para mí ese “Dracarys” que quizá anticipe el fin de Rhaenyra, aunque en el tapiz la vemos sangrando en el trono con un dragón muerto detrás, lo cual, unido a la visión de Daenerys con sus huevos eclosionando, nos da a entender que Rhaenyra caerá por el peso de un poder que no sabe controlar y que ello no afectará a la profecía a la que tanto se aferra la soberana.

Me hacen gracia la referencia a la ventana de Juego de Tronos, y las mariposas azules que surgen liberadas tras ser orugas. Pero veo que el final de Helaena ha sido un pelín descafeinado, aunque no cabe duda de que será importante.
Uno de los personajes que parece haber obtenido lo que se merece es Mysaria. Una mujer intrigante que malmete a la reina y se erige en defensora del pueblo con pésimos resultados. Su despedida de la corte no ha sido la de Desembarco del Rey, y pienso que ella va a liderar algunas de las revueltas en la capital. Esto me llama la atención, porque no sé si recordaréis que, en la pasada temporada, vimos a un señor que daba el pego como Pastor. ¿Volverá a aparecer? ¿Veremos a los Reyes de la ciudad? ¿Cuántos dragones morirán y cómo? Este cambio en El Gusano Blanco genera muchas expectativas.
Trasladándonos a Ladera, la batalla ha sido espectacular, llena de efectos y con escenas memorables. Desde luego, una batalla para el recuerdo. La estrategia de lord Ormund es tan inmunda como él mismo, tal y como lo hemos visto en la serie, porque ya he desarrollado antes que el Ormund de los libros no se parece en nada a este villano de reemplazo que, gracias a los Siete, poco nos ha durado. La familia Hightower se dirige a un encuentro después de la dispersión, eso está claro.

Gwayne y Daeron han tenido momentos memorables, pero el primero acaba preso de un cierto nihilismo. La sombra de ser Criston ha sido más alargada de lo que parecía. Daeron se parece en algunas cosas, pero aún no ha demostrado su audacia como en los libros. Teniendo en cuenta que Aegon le ha soltado a Aemond su intención de volar hacia Ladera, puede que la cuarta temporada nos dé la segunda parte de este cruento encuentro que ya ha dejado la ciudad reducida a cenizas, tal y como se describe en Fuego y Sangre. ¿Nos esquilmaría todo esto el Ojo de Dioses? Ahora temo un poco, porque es uno de mis momentos favoritos de la Danza.
Los Lobos de Invierno han sido sin duda uno de los aciertos de la serie. Muy cercanos al libro, el grupo de norteños que busca la muerte ha cumplido con su palabra, sobre todo ser Roderick Dustin, quien, en efecto, pierde un brazo antes de acabar con lord Ormund. En la serie, desde luego, ese cuchillo metido por el ano, más la pérdida de dientes, más el fuegodragón, le han dado al villano de transición una muerte mucho más épica que la de otros personajes. Se agradece lo catárquico, eso sí.
Por fin, lord Corlys vuelve al bando negro tal y como siempre ha sido. Un hombre pragmático, que busca la paz. Lo malo es que sus virtudes se dan en el peor momento, porque la guerra ya se ha desatado hace mucho y Rhaenyra no piensa dar marcha atrás. Él ha descubierto la traición de Ulf, que se resolverá (probablemente mal) en la próxima temporada.

Ulf se ha comportado en ese episodio como en otro momento de la novela, pero no me ha parecido mal. Es muy fiel al personaje y un golpe de efecto brutal ver al Piripi mandando todo al carajo y lanzando Dracarys a diestro y siniestro por la sencilla razón de que es un miserable, pero tiene alguna dignidad. Hugh, por su parte, ha desobedecido sus órdenes de ir a Desembarco del Rey y encuentra a su esposa muerta. Al ser tan distinto a los libros, la evolución de Hugh ha sido muy distinta. La veo coherente, pero lo suficientemente ambigua como para no saber con certeza cómo se resolverá.
He tenido por Daemon de nuevo cuando le dieron la trama innecesaria de la investigación, pero es uno de los personajes que más me ha gustado. En cuanto se le ha dado vía libre, Daemon despliega todo su esplendor como un auténtico Targaryen: ambicioso, con sed de conquista y manifiesta superioridad. Su plan en la batalla es muy inteligente (incluso Aly la Negra ha dicho una frase) y la entrada con Caraxes es majestuosa, brutal.

La pena es que se haya enfrentado a un personaje que creo que no estaba a su altura. Pero Daemon tendrá mucho que decir en la próxima temporada cuando Rhaenyra vea que ha quedado como un monstruo y que tiene traidores rodeándola por todas partes. Solo pido que el final de Daemon esté a la altura de su personaje.
He dejado a Rhaenyra para el final. Creo que a la reina le ocurre lo mismo que a la serie: evoluciona de manera muy lenta y, cuando arranca, se pasa de frenada. La Rhaenyra de la cuarta temporada debería ser lo más cercano a lo que conocemos por los libros, y no puedo evitar pensar que su evolución es una suerte de excusa para hacernos ver que no es cruel porque sí.
Siempre he pensado que Rhaenyra es una Targaryen, orgullosa y obsesionada con obtener el trono simplemente porque le corresponde por derecho. En la serie ocurre algo parecido, pero la soberana ha tomado decisiones que no tenían ningún sentido, ya agotada toda posibilidad de paz, y en distintos episodios parecía tener casi desdoblamientos de personalidad, pasando de la compasión a la estupidez de un episodio a otro.

En este último episodio se ha proclamado “El Príncipe que fue prometido”, cosa que en los libros nunca sucede. Verla asesinar al Septón Supremo, dar un discurso que nadie entiende y decir “no me hagas quedar como un monstruo” resulta demasiado contradictorio. Sigo pensando que una parte de Rhaenyra sigue yendo como pollo sin cabeza, y eso me genera muchas dudas con respecto a su final.
Y, visto que quedan dos años, habrá mil teorías y razonamientos con los que especular. Al menos, eso nos dará entretenimiento hasta que sepamos cómo termina esta aventura épica.
A vosotros, que habéis leído y con quienes he compartido mis pensamientos sobre este Poniente que tanto nos apasiona, gracias de corazón. Espero que os hayan gustado y os pediría que, en el caso que sea, me deis el feedback que consideréis. Que a veces esto de escribir con tantas distracciones es un poco solitario.
Si los Siete quieren, nos leeremos dentro de dos años. Gracias a todos,
Paz y bien.















