Cerramos el ciclo de los ensayos de Adam Feldman sobre Dorne con esta última obra sobre el futuro de los Martell. Como es bastante extenso, lo hemos dividido en dos partes.

Blasón de la Casa MartellEnsayos sobre Dorne de Adam Feldman:

Doran Martell

Arianne Martell

Quentyn Martel

 

Un final escrito en Sangre (1ª parte)

Por Adam Feldman en The Meereense Blot

Doran Martell: A present by qissus on DeviantArt
Doran Martell: A present by qissus on DeviantArt

Del primer capítulo de Tyrion de Tormenta de Espadas:

—Ojalá lo único que quieran exigir los Martell sea un asiento en el Consejo —dijo lord Tywyn.

— Tú también le prometiste venganza.

—Le prometí justicia.

—Llámalo como quieras. A fin de cuentas, se reduce a sangre.

 

Cuando Danza de Dragones se cierra, el plan maestro de Doran ha fallado. Su hijo está muerto y la opción de una alianza con los Targaryen se le ha escapado de las manos. Pero aunque Doran aún no lo sabe, su familia se dirige igualmente hacia la guerra.

¿Hacia dónde lleva este deseo de venganza? En general, creo que el arco dorniense se dirige hacia dos tragedias: la primera moral, ya que será responsable de las muertes de Tommen y Myrcella; y la segunda de un horror de sangre para los dornienses cuando terminen luchando en una guerra contra Daenerys.

Las advertencias de Ellaria

Solo hay un capítulo en Danza de Dragones centrado en Dorne, pero es uno de los de mayor importancia temática. Muestra a Balon Swann trayendo la cabeza de la Montaña a los Martell. La justicia, aparentemente, está servida.

Capítulo de Areo Hotah de Danza de Dragones:

—Es cierto, ser Balon, pero lady Nym tiene razón. —El príncipe Doran lo miró con el ceño fruncido—. Si ha habido un hombre que mereciera morir entre horribles sufrimientos, ese fue Gregor Clegane. Asesinó a mi pobre hermana y estampó la cabeza de su bebé contra la pared. Rezo por que esté ardiendo en algún infierno, y por que Elia y sus hijos hayan encontrado la paz. Esta es la justicia que tanto anhelaba Dorne; me alegro de haber vivido lo suficiente para saborearla. Por fin, los Lannister han demostrado que es cierto que pagan sus deudas, y han pagado esta antigua deuda de sangre.

Con la cabeza de Gregor entregada y las muertes anteriores de Tywin y Amory Lorch, todos los implicados en el asesinato de Elia y sus hijos han desaparecido. Y aún así, Doran y las Serpientes de Arenas no se detienen a reconsiderar sus deseos de venganza, ni por un segundo. Insatisfechos, siguen adelante en sus planes de guerra.

Este es un punto muy importante, porque toca el corazón de la distinción entre justicia y venganza. El problema es que Doran – y los dornienses en general – han extendido su rencor más allá de los perpetradores del crimen. Quieren la caída de toda la casa Lannister. Son avariciosos.

Sand Snakes by ~Sir-Heartsalot on deviantART
Sand Snakes by ~Sir-Heartsalot on deviantART

Martin deja muy claro este punto con la figura cassandresca de Ellaria Arena, aparentemente la única persona en Dorne que percibe la locura que se respira. En un largo diálogo entre Ellaria y las Serpientes de Arena, ella elocuente y acertadamente apunta su estúpida sed de sangre:

—Nunca he dudado y nunca dudaré —replicó Obara, airada. Dio un beso burlón a la calavera—. Es un buen comienzo.

—¿Comienzo? —repitió Ellaria Arena, incrédula—. No lo quieran los dioses, yo creía que con esto terminaba todo. Tywin Lannister ha muerto, igual que Robert Baratheon, Amory Lorch y ahora Gregor Clegane: todos los que tomaron parte en el asesinato de Elia y de sus hijos. Ha muerto incluso Joffrey, que ni siquiera había nacido cuando mataron a Elia. Lo vi perecer con mis propios ojos, luchando por res- pirar. ¿Quién queda por matar? ¿Han de morir Myrcella y Tommen para que las sombras de Rhaenys y Aegon descansen en paz? ¿Cuándo acabará esto?

Ellaria ve hacia dónde se dirigen las cosas: intentando vengar el terrible crimen contra Elia, los dornienses cometerá un terrible crimen ellos mismos. Y así seguirá y seguirá. Notamos cómo la angustia de su pregunta sobre cuándo acabará tiene el eco en esta discusión posterior de Jaime y Hoster Blackwood.

Capítulo de Jaime de Danza de Dragones:

La Paz del Viejo Rey duró medio siglo, pero surgió alguna nueva disputa y las heridas antiguas volvieron a sangrar. Mi padre dice que siempre es así: mientras los hombres recuerden cualquier afrenta sufrida por sus antepasados no habrá paz duradera, de manera que así seguimos siglo tras siglo. Odiamos a los Bracken y los Bracken nos odian. Mi padre dice que eso no acabará jamás.

—Puede que sí.

—¿Cómo, mi señor? Según mi padre, las heridas viejas no se curan jamás.

—Mi padre también tenía un dicho: nunca hieras a un enemigo si puedes matarlo. Los muertos no se vengan.

—Pero sus hijos, sí —replicó Hoster con tono de disculpa.

—No si se mata también a los hijos. Si no me crees, pregunta a los Casterly. Pregunta a lord y lady Tarbeck, o a los Reyne de Castamere. Pregunta al príncipe de Rocadragón. —Durante un momento, las nubes rojas oscuras que coronaban las colinas le recordaron a los hijos de Rhaegar, envueltos en capas escarlata.

Si reflexionamos sobre lo que ocurre en Dorne, está claro que Jaime se equivoca. El ejemplo específico en que piensa – el asesinato de los hijos de Rhaegar – es lo que motiva a Doran para vengarse ahora. Pero las palabras de Hoster, que ha oído de su padre, apuntan también a la locura de los dornienses también. Tras 17 años de paz, ahora la están descartando por la venganza, ya que no pueden rechazar el mal que han sufrido sus ancestros. Así que Hoster responde a la pregunta de Ellaria de “¿cuándo acabará?”: nunca.

ellaria jaime 5x09
Sí, en las novelas Jaime y Ellaria tienen algo que ver

De vuelta en Dorne, Nymeria Arena tiene una respuesta diferente para Ellaria:

—Acabará igual que empezó, con sangre —replicó lady Nym—. Acabará cuando rajemos Roca Casterly de parte a parte para que el sol brille sobre los gusanos que devoran el corazón de ese lugar. Acaba con la destrucción absoluta de Tywin Lannister y toda su obra.

—Murió a manos de su propio hijo —espetó Ellaria—. ¿Qué más puedes querer?

—Que hubiera muerto a mis manos. —Lady Nym se sentó de golpe, y la larga trenza negra le cayó por el hombro hasta el regazo. Tenía el pico de nacimiento del pelo de su padre, y unos ojos grandes y brillantes. Curvó en una sonrisa los labios rojos como el vino—. Así no habría tenido una muerte tan fácil.

—Ser Gregor parece muy solo —comentó Tyene con su voz melosa de septa—. Seguro que le gustaría tener compañía.

Las salvajes Serpientes de Arena no pueden ser saciadas. Ayudará a llevar a Dorne a una guerra de autodestrucción. Ellaria lo sabe y lo lamenta. No serán solo Myrcella y Tommen quienes sufrirán: muchos dornienses morirán también. Así que aquí Ellaria da un poderoso discurso sobre la estupidez de la guerra y la vacuidad de la venganza, recordando de nuevo las palabras de Hoster:

Ellaria tenía las mejillas llenas de lágrimas, y los ojos oscuros le centelleaban.

«Hasta cuando llora emana fortaleza», pensó el capitán.

—Oberyn quería vengar a Elia. Ahora, vosotras tres queréis vengarlo a él. Os recuerdo que tengo cuatro hijas, vuestras hermanas. Mi Elia ha cumplido catorce años y es casi una mujer. Obella tiene doce, está a punto de florecer. Os adoran igual que Dorea y Loreza las adoran a ellas. Si morís, ¿queréis que El y Obella os venguen, y luego, que Dorea y Loree las venguen a ellas? ¿Así queréis que sigan las cosas, en un círculo eterno? Os lo pregunto de nuevo, ¿cuándo acabará esto? —Ellaria Arena puso la mano en la cabeza de la Montaña—. Vi morir a vuestro padre. Aquí está su asesino. ¿Me llevo una calavera a la cama para que me dé consuelo en las noches? ¿Me hará reír? ¿Me compondrá canciones? ¿Me cuidará cuando esté vieja y enferma?

Pero aunque Doran alabe a Ellaria, igualmente la descarta e ignora su consejo. Al hacerlo, hace una promesa que no puede estar seguro de poder cumplir: que ningún daño llegará a sus niñas.

Nuestros enemigos están desorganizados: es el mejor momento.

—El mejor momento ¿para qué? ¿Para conseguir más calaveras? —Ellaria Arena se volvió hacia el príncipe—. Se niegan a entender; no lo soporto más.

—Vuelve con tus hijitas, Ellaria —le dijo Doran—. Te juro que no les pasará nada malo.

—Mi príncipe. —Ellaria le dio un beso en la frente y se retiró. Areo Hotah lamentó su partida.

«Es una buena mujer.»

Después de que Ellaria se haya ido, en respuesta a la sed de sangre de las Serpientes de Arena, Doran da su discurso sobre las lecciones de los Jardines del Agua. Les recrimina por intentar empezar una guerra estúpida con la implicación de que él, Doran, tiene una opción mejor. Toda la premisa de su asunción es que el poder de los dragones estará pronto de su lado.

—Sí, claro, podríamos matarlo —asintió Tyene—, pero entonces tendríamos que matar también al resto de su grupo, incluidos esos escuderos tan jovencitos, pobres. Sería un… Un lío.

El príncipe Doran cerró los ojos y volvió a abrirlos. Hotah advirtió que le temblaba la pierna debajo de la manta.

—Si no fuerais las hijas de mi hermano, volvería a meteros a las tres en las celdas y os dejaría allí hasta que se os quedaran los huesos grises. Pero lo que voy a hacer es llevaros a los Jardines del Agua. Allí, si tenéis cerebro suficiente, podréis aprender muchas lecciones.

—¿Lecciones? —bufó Obara—. Lo único que veremos serán niños desnudos.

—Exacto —asintió el príncipe—. Se lo he contado a ser Balon, aunque he omitido ciertas cosas. Mientras los niños chapoteaban en los estanques, Daenerys los contemplaba entre los naranjos y se dio cuenta de una cosa: no era capaz de distinguir a los nobles de los humildes. Desnudos, solo eran niños, todos inocentes, todos indefensos, todos merecedores de amor, protección y una larga vida. «Este es tu reino —explicó a su hijo y heredero—. Recuérdalos y tenlos presentes en todo lo que hagas.» Esas mismas palabras me dijo mi madre cuando tuve edad para salir de los estanques. A un príncipe le resulta fácil ordenar que se esgriman las lanzas, pero al final, los que pagan el precio son los niños. No impulsarían a ningún príncipe sabio a emprender una guerra sin causa justificada, una guerra que no tuviera esperanzas de ganar.

»No estoy ciego ni sordo. Sé que todas me consideráis débil, miedoso y cobarde. Vuestro padre sí que me conocía. Oberyn siempre fue la víbora: mortífero, peligroso, imprevisible… Nadie se habría atrevido a pisotearlo. Yo era la hierba: agradable, complaciente, de buen olor, mecido por cualquier brisa… ¿Quién tiene miedo de pisar la hierba? Pero es la hierba la que oculta a la víbora de sus enemigos y la protege hasta que ataca. Vuestro padre y yo trabajábamos más unidos de lo que creéis…, pero ya no está con nosotros. Solo queda una pregunta: ¿puedo confiar en que sus hijas me sirvan y acaten mis órdenes?

Intentando usar a las Serpientes de Arena, Doran parece cometer el mismo error que Arianne cometió al intentar usar al despiadado y sin escrúpulos Estrellaoscura. ¿Podría Doran realmente pensar que moderarían su comportamiento una vez lleguen a Desembarco del Rey?

Arianne-and-Doran

Doran entonces desvela la existencia de una nueva estratagema de Cersei contra la vida de Trystane. Esto lleva a una divertida hipocresía de las Serpientes de Arena: tras toda la discusión sobre su deseo de matar a Tommen, y la de hace unos momentos sobre asesinar a “esos escuderos tan jovencitos”, ¡no se pueden creer que alguien quiera matar a un niño! ¡Indignante!

Areo Hotah creía hasta entonces que era imposible impresionar a las Serpientes de Arena. Se equivocaba.

—Que los Siete nos guarden —susurró Tyene—. ¿Trystane? ¿Por qué?

—Esa mujer está loca —dijo Obara—. No es más que un niño.

—Es monstruoso —asintió lady Nym—

Finalmente, Doran tiene una charla privada con Arianne. Sonríe al pensar que Dany y Quentyn están a punto de llegar.

—Eso último que les has dicho, lo del mensaje… ¿Has recibido noticias?

El príncipe Doran compartió con ella su sonrisa secreta.

—Sí, de Lys. Se ha reunido una gran flota que está lista para hacerse a la mar. Sobre todo naves volantinas que transportan un ejército. No se sabe de quién se trata ni cuál es su destino, pero se habla de elefantes.

—¿Y no de dragones?

—No, de elefantes. Pero es fácil esconder un dragón joven en la bodega de una coca. Daenerys es muy vulnerable en el mar; yo en su lugar ocultaría mis intenciones tanto como pudiera para tomar Desem- barco del Rey por sorpresa.

—¿Crees que Quentyn estará con ellos?

—Es posible. O quizá no. Cuando toquen tierra, sabremos si se dirigen a Poniente. Quentyn la traerá por el Sangreverde si puede, pero no sirve de nada hablar del tema. Dame un beso; partiremos hacia los Jardines del Agua al amanecer.

Todo parece ir de acuerdo al plan, y será probablemente la última vez que veamos a Doran feliz.