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En este ensayo, obra de Marc N. Kleinhenz en Tower of the Hand, exploraremos cómo el estado ruinoso de diversas estructuras de Poniente, así como la decadencia física de ciertos personajes, no es más que una metáfora del estado en que se encuentran los Siete Reinos tras la Guerra de los Cinco Reyes. Y además, qué sentido tienen en la trama y qué nos quiere decir Martin con estas ruinas tanto literales como figuradas.

Las ruinas de Castamere

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Invernalia, el símbolo de la casa Stark y del Norte, yace en ruinas al final de la segunda novela, con sus edificios quemados, sus muros derribados, e incluso con las aguas termales que son como su propia sangre chorreando libres sobre el gélido suelo. La Torre de la Mano, algo tan simbólico como fuente real de poder, ha ardido hasta sus cimientos. Rocadragón es asediada, las Tierras de las Tormenta invadidas, las Tierras de los Ríos abrasados y las aldeas salvajes abandonadas. Tras cinco novelas llenas de batallas, sangre y juegos políticos, las tierras de Poniente están plagadas de más y más ruinas.

La pregunta, por supuesto, es, ¿por qué?

Hay una profunda y, en este punto, bien documentada unión entre la desconectada arrogancia de los señores que juegan a sus juegos de tronos y el eternamente atormentado aprieto del pueblo llano, que recorre toda la saga de George R.R. Martin: las ruinas, por supuesto, son el necesario corolario y la consecuencia de ello. Y hay otra motivación temática que también puede ser resumida como el ciclo del renacimiento: Invernalia es destruida en Choque de Reyes para ser (parcialmente) reconstruida y rehabilitada en Danza de Dragones como, digamos, Bran Stark queda físicamente lisiado para más tarde ser liberado mentalmente para ser un cambiapieles, verdevidente e incluso viajar gracias a los arcianos a través del tiempo. “Invernalia no está muerta” dice Bran al final de Choque, “sólo rota, como yo”.

O cómo Ser Jaime Lannister queda físicamente amputado (gracias a la Compañía Audaz) y psicológicamente equilibrado (gracias a las revelaciones de las “infidelidades” de su gemela) para ser reconstituido como un más humilde y consciente Lord Comandante de la Guardia Real. O cómo Catelyn Stark es literalmente resucitada para convertirse en una endurecida y ennegreida criatura para la venganza sin límites: en este mundo de grises sin fin de Martin no todas las transformaciones tienen que ser positivas o progresistas.

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Pero llevar algo o a alguien a la ruina también puede ser un acto deliberado, de estrategia, de cumplimiento de una ley medieval, o simple voluntad personal. Lord Tywin Lannister de manera conocido acabó irrevocablemente con las casas Reyne y Tarbeck, talando sus árboles familiares y pasando sus sitios de poder por la antorcha. Incluso de manera más escalofriante, Lord Cuervo de Sangre, en El caballero misterioso, literalmente acabó con Murosblancos piedra a piedra, incluso salando la tierra donde estaba, por si las moscas. Y quizás el mayor caso de desolación que se ha mostrado en cualquiera de las novelas es el de Theon Greyjoy, el actual Hediondo, bajo las manos de Ramsay Bolton.

En el caso más literal de los dos primeros ejemplos, las ruinas son testimonio de la locura de rebelarse contra el señor o rey, y son manifestaciones de las personalidad de de los vencedores – o según la perspectiva, de los víctimas. ¿Qué es nuestra cultura material, después de todo, sino un directo reflejo de nosotros mismos?

Bajo este prisa, es interesante comparar y contrastar la irreparable naturaleza de estas dos insurgencias que fueron un quiero y no puedo con las recientes rebeliones de Robert Baratheon y Balon Greyjoy.

Aunque muros de castillos fueron asediados, ciudades saqueados y pueblo llano pasado por la espada, se siente que hubo tras la guerra una proporcionalidad para aquellos que defendieron a los Targaryen. Y Robert Baratheon, pese a sus fallos como monarca, se limitó a restringir a Balon, no a masacrarle, como Tywin hubiera hecho, o desmantelar enteramente su legado, como Cuervo de Sangre hubiera actuado. En este aspecto, será muy interesante – y nos dirá mucho – ver cómo Daenerys y Aegon Targaryen se comportan cuanto más se acerquen al Trono de Hierro, o cómo Stannis Baratheon reaccionará cuanto más se aleje de él.

La Batalla del Tridente. Ilustración de "El Mundo de Hielo y Fuego" by Justin Sweet
La Batalla del Tridente.
Ilustración de “El Mundo de Hielo y Fuego” by Justin Sweet

Finalmente, tenemos las apariciones de ruinas que funcionan como presagios – tanto como podemos decir, pues el texto de la saga está a día de hoy incompleto. Cuando Robb y Catelyn hacen una parada en Piedrasviejas, mirando efigies que hace tiempo que han quedado irreconocibles, el lector recibe un sentido tanto visual como literario de temor: el invencible Rey Tristifer IV es vencido y, poco después, el reinado de mil años (e incluso, la existencia) de la Casa Mudd termina.

Tyrion Lannister viaja de manera precaria a través de Los Pesares, que fue la ciudad festival de Chroyane. Ahora tiene que lidiar con hombres de piedra, que fueron ciudadanos normales hasta que una enfermedad reclamó sus vidas y les obligó a subsistir gracias a la caridad de triarcas de Volantis.

Incluso Dany tiene su breve estancia en Vaes Tolorro, con sus muros blancos a punto de caer y el laberinto de quebrados y retorcidos callejones, sus pedestales vacíos y sus muertos sin enterrar. Pero, incluso aquí, la vida encuentra su camino: el agua es escasa pero puro, la vegetación raquítica pero sana. Hay incluso melocotones que, en este contexto desolado, es el más exquisito de los regalos.

Rhaegar's Harp by feliciacano on deviantART
Rhaegar’s Harp by feliciacano on deviantART

Y este, al final, quizás sea el uso más fundamental por parte de George R.R. Martin de la bastante penetrante imagen de las ruinas: la destrucción no siempre va a dar a luz a nueva vida, no siempre se usará para los motivos adecuados o bajo las circunstancias adecuadas, pero siempre hará más dulce lo dulce y la melancolía más emotiva.

Sea llevar un melocotón a una ofrenda real, promover el escenario de Bran para la simultánea pérdida y adición de habilidades, o instigar a Rhaegar Targaryen – y con él, al resto del reino – a inmiscuirse con fuerzas proféticas y divinas…al final es lo medio destruido o lo medio enterrado lo que muchas veces más influye en nuestras existencias, nuestras emociones o, quizás de forma más trágica, nuestros futuros.