Avanzamos en nuestro especial para rendir homenaje al Día Internacional de la Mujer que se celebra mañana jueves 8 de marzo.

En esta ocasión lo hacemos con un texto obra de mis compañeras Vero y Myr del Podcast de hielo y fuego en que se explora el papel de la mujer tanto en la serie de novelas Canción de Hielo y Fuego como en la producción Juego de Tronos, desde una perspectiva feminista.

La mujer en Canción de Hielo y Fuego y Poniente. Una perspectiva feminista

Por Myr y Vero del Podcast de hielo y fuego

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Cuando buscas en Internet ‘Canción de Hielo y Fuego machista’ y ‘Juego de Tronos machista’ hay un abanico amplísimo de opiniones. Hoy, y desde nuestro punto de vista como consumidoras de la saga y de la serie, vamos a intentar exponer nuestros pensamientos sobre el tema.

Mientras que hay un consenso más o menos generalizado sobre que la serie de televisión ha tenido momentos desafortunados y muy sexistas, no podemos negar que las mujeres en los libros son personajes muy complejos y bien construidos. Es difícil no encontrar ningún personaje femenino con el que poder identificarse, ya seas hombre o mujer. Desde la reina joven y ambiciosa que aprende a base de equivocarse (Daenerys Targaryen), a una madre cuya obsesión por proteger a su familia y ejercer el poder la llevan a hacer cosas más que cuestionables (Cersei Lannister); de una niña soñadora y delicada que se acaba endureciendo por las experiencias que vive (Sansa Stark) a su hermana de personalidad más inconformista y en ocasiones tildada de masculina (Arya Stark).

Es sin lugar a dudas agradable ver que Martin construye personajes que no se basan exclusivamente en los manidos arquetipos de la damisela en apuros, la madre, la villana o la que consigue lo que quiere sirviéndose de su sexualidad, de los que la serie a veces depende demasiado. En más de una ocasión ha manifestado que las mujeres tienen los mismos anhelos, sueños y deseos que los hombres, y esto podemos verlo reflejado en los POV (point of view) que tienen Cersei, Arya, Catelyn, Brienne, etc.

Que Juego de Tronos (serie) se aleja de Canción de Hielo y Fuego (libros) hace mucho no es ninguna novedad, pero ya en aquella primera temporada que tan buenas críticas cosechó por parte de los lectores de la saga muestra diferencias importantes que incurren en el maltrato a los personajes femeninos creados por George R.R. Martin. En aquella primera temporada no encontramos grandes cambios en las tramas, tampoco en los diálogos, pero sí por ejemplo en las bases de una de las protagonistas de la serie. En el primer libro de la saga encontramos a Daenerys, una niña de 13 años que es vendida por su hermano a cambio de un ejército dothraki para reconquistar el Trono de Hierro.

El abuso sexual como recurso narrativo

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Al cabo de un rato empezó a tocarla. Primero suavemente, luego con más energía. Dany presentía la fuerza brutal de sus manos, pero en ningún momento sintió dolor. Le tomó la mano y acarició los dedos, uno a uno. Le rozó la pierna con delicadeza. Le acarició el rostro, recorrió la curva de sus orejas, le pasó un dedo por los labios. Le puso ambas manos en el pelo y se lo peinó con los dedos. Le dio la vuelta, le hizo un masaje en los hombros y deslizó un nudillo por la columna vertebral.

Pareció que transcurría una eternidad antes de que las manos del hombre llegaran por fin a sus pechos. Acarició la piel delicada hasta que la sintió erizarse. Hizo girar los pezones con los pulgares, los pellizcó suavemente y empezó a tirar de ellos, muy ligeramente al principio, luego con más insistencia, hasta que estuvieron tan erectos que empezaron a dolerle.

Sólo entonces se detuvo, y la sentó en su regazo. Dany estaba ruborizada y sin aliento, sentía el corazón desbocado en el pecho. Drogo le sostuvo el rostro con ambas manos y la miró a los ojos.

¿No? —dijo.

Dany supo que era una pregunta. Le tomó la mano y la llevó hacia abajo, hacia la humedad entre sus muslos.

Sí —susurró mientras guiaba el dedo del hombre hacia su interior.”

(Daenerys II, Juego de Tronos)

Sin embargo en la serie, ya en el primer capítulo, encontramos un gran cambio: Daenerys es violada por su recién estrenado marido. En los siguientes capítulos esta situación volverá a repetirse, y a lo largo de las temporadas veremos cómo más mujeres son violadas en escenas inventadas o totalmente cambiadas con respecto a las de los libros. En un principio puede parecernos que la única finalidad es la de sorprender al espectador, crear polémica incluso. Pero el hecho de sustituir una escena que no resultaría desagradable por algo tan horrible como una violación responde al parecer al método que tienen los showrunners de esta producción televisiva de mostrar el crecimiento personal de las protagonistas.

Al parecer para los creadores de la serie sólo existe una manera de convertirse en una mujer fuerte, y es ser violada y sobrevivir, sobreponerse, algo que dista mucho del proceso evolutivo de los personajes en los libros. Las mujeres en Canción de Hielo y Fuego se nos muestran como personajes ricos y complejos, en muchos casos viviendo un proceso de cambio y de madurez que no es necesario justificar con un atroz acto de violencia. Como Martin ha indicado en numerosas ocasiones, sus personajes femeninos son personas y como tales pueden pasar por adversidades comunes a las que pasan los hombres, sin que sea necesario que a las mujeres les ocurran sólo “cosas de mujeres”.

Más adelante en la serie vimos el asesinato de Ros, la violación de Cersei en el septo o la violación de Sansa, eventos todos ellos a los que no se hace referencia en los libros, además de no aportar nada a ninguna de sus tramas. El ‘abuso del abuso’ parece usarse aquí como un golpe de efecto en las vidas de las protagonistas que lo sufren, siendo una vía absurdamente fácil de dotarlas de motivación y carácter.

Violencia y contexto

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La producción de HBO ha sido criticada en numerosas ocasiones por utilizar la violencia contra las mujeres con la única finalidad de sorprender al espectador con asesinatos, agresiones, violaciones y torturas que en la mayoría de ocasiones ni siquiera aparecen en los libros en los que se basa la serie. La sexualización que se hace de la mujer es excesiva, rayando incluso lo bizarro.

Es cierto que en un contexto medieval en el que se ambienta la obra las violaciones ocurrían, y de hecho en la saga encontramos casos, como indicó el propio autor la violación forma parte de la guerra y ocurre. Pero en la obra de Martin nunca están narradas en primera persona ni recaen sobre personajes protagonistas, y mucho menos son utilizadas como un recurso para el desarrollo de personajes principales o, como algunas personas han querido argumentar, porque el sexo duro vende. Quizá nadie pensó que podrían rodarse escenas de este tipo pero siendo sexo consentido.

Según Martin, los libros «son el reflejo de lo que ocurría en la Edad Media, donde primaba una sociedad patriarcal», extremadamente clasista y sin igualdad de sexos alguna.

Daenerys Targaryen by carlosgarijo on DeviantArt
Daenerys Targaryen by carlosgarijo on DeviantArt

«En esa época tenían ideas muy firmes sobre el papel de las mujeres. Uno de los cargos por los que quemaron a Juana de Arco es que llevaba ropa masculina, lo que no era un asunto menor», añade. «Solo porque incluya dragones en mis libros no significa que puedas poner lo que quieras», se justifica. «No puedes hacer que la gente camine con las manos. Si hay un elemento fantástico, es mejor que sea uno solo o unos pocos».

Lo que una parte del fandom no parece entender, es que las mujeres fuertes y en puestos de poder son realistas y posibles, incluso en la sociedad tremendamente machista que hemos estado describiendo. Parece que no hay problemas de realismo en que los muertos se levanten, pero sí en que Sansa herede el título de Señora de Invernalia.

Martin también ha criticado duramente el excesivo edulcoramiento del que hacen gala algunas obras ambientadas en la Edad Media, llenas de matrimonios por amor y gestas heroicas que no hacen sino romantizar la época y descargarla de su crudeza real.

Roles de género

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En Juego de Tronos encontramos a mujeres que intentan liberarse de su rol y en muchas ocasiones superar un historial de abusos por parte de los hombres que las rodean. Pero estas mujeres finalmente fracasarán por errores considerados femeninos, lo que nos lleva a pensar que la serie fomenta el odio hacia los personajes femeninos fuertes. Cersei, tras haber mostrado una debilidad excesiva por su hijo Joffrey, acaba volando el Septo de Baelor con cientos de personas inocentes dentro, lo que la convierte en la villana de la historia. Si Daenerys decide alcanzar sus objetivos y conquistar el Trono de Hierro a fuego y sangre acaba convirtiéndose también en un ser malvado al que no le importa quemar vivos a sus enemigos.

Como estos hay otros ejemplos de cambios que la serie ha hecho respecto a los libros que han implicado el odio del fandom hacia los personajes femeninos. Brienne y su deus ex machina salvando a Sansa; Ellaria asesinando a su sobrino, a Myrcella y a su cuñado y príncipe de Dorne; Arya a la que se tacha de psicópata; Sansa a la que los guiones de las últimas temporadas han hecho dar bandazos entre la indecisión, la determinación, la sumisión y la manipulación.

Así Juego de Tronos acaba cayendo en los tópicos arquetipos de personajes femeninos que anteriormente detallábamos. Algunos de los personajes de Juego de Tronos pueden contarse dentro de estos estereotipos, aunque por suerte no todos e incluso alguno de ellos han evolucionado aunque de forma diferente a la que lo han hecho en Canción de Hielo y Fuego.

Diana Rigg como Olenna Tyrell, Natalie Dormer como Margaery Tyrell y Hannah Waddingham como Septa Unella. HBO.
Diana Rigg como Olenna Tyrell, Natalie Dormer como Margaery Tyrell y Hannah Waddingham como Septa Unella. HBO.

No obstante en la serie también hemos podido disfrutar de personajes femeninos, feministas y que rompen completamente con cualquier convención social. Olenna Tyrell podría ser considerada un ejemplo de sororidad, de colaboración entre mujeres, cuando hace lo posible para liberar a Sansa de la situación en la que se encontraba en Desembarco del Rey.

Brienne de Tarth decide vivir su vida como caballero pese a que el título no esté reconocido a ninguna mujer. No está prohibido que una mujer sea guerrera en Poniente, sin embargo, tampoco es que se las aliente a serlo y además si lo son no se las ve ni aceptables ni femeninas, por lo que muchas desechan esta idea por temor al rechazo.

Aunque el mayor ejemplo de feminismo que encontramos en la serie se encuentra para muchos más allá del muro, con el Pueblo Libre, en la figura de Ygritte.

HBO, male gaze y sexposition

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El éxito de Juego de Tronos a lo largo de los últimos años es proporcional al volumen de polémica y descontento que ha alimentado desde sus inicios. Una de las mayores quejas de los colectivos feministas acerca de la serie es el exceso de aplicación de lo que se denomina male gaze”, un término que fue acuñado en 1975 por la teórica del cine Laura Mulvey. Male gaze es considerado el acto de describir el mundo y la mujer tanto en cualquier tipo de artes visuales como literatura desde un punto de vista masculino heterosexual, presentando a la mujer como objetos para el placer del hombre.

Es decir: mostrar el cuerpo de la mujer pero desde el punto de vista de lo que quieren los hombres, a través de la lente de un hombre que busca complacer a otros hombres. Si queréis un ejemplo clarísimo de male gaze en el cine actual buscad las diferencias entre las amazonas en Wonder Woman y las amazonas en Justice League, tanto en vestuario, maquillaje y peluquería como físicamente. Wonder Woman fue dirigida por una mujer y Justice League por un hombre.

En el caso de Juego de Tronos este prisma masculino es muy potente. De todos los desnudos que se nos presentan a través de las temporadas la gran mayoría son femeninos, y no sólo eso sino que responden a los cánones estéticos actuales y son presentados en determinadas posturas desvistiéndose en ocasiones al estilo de la Venus de Botticelli. En numerosas escenas hemos asistido a la sexposition o muestra de desnudos innecesarios en escenas en las que se exponía un tema totalmente ajeno al sexo, tanto es así que ese término, sexposition, se acuñó específicamente para esta serie.

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Los creadores de la serie se ampararon en su afán de ofrecer realismo dentro de una obra ambientada en el medievo, algo que sin embargo no parece impedirles obviar los cánones estéticos medievales o las descripciones que Martin hace en la obra en la que se basa la serie. Puede que hoy en día estemos acostumbrados a este tipo de desnudos que tan poco se adecuan a ese pretendido realismo del que hablan los showrunners, pero se dio incluso el caso de una actriz que mostró su descontento sobre el desnudo que rodó durante su participación en la serie.

Natalia Tena, que interpretó a la salvaje Osha, apareció completamente desnuda y con el pubis depilado, cuando como ella misma señaló esto no era nada coherente ya no sólo con su personaje sino con el contexto general. El problema no es mostrar un cuerpo humano desnudo si la situación lo requiere sino cómo mostrarlo y qué mostrar.

Pese a todo la avalancha de reacciones a temas como la sexposition o male gaze, en definitiva la objetificación de la mujer, ha sido tal que en las últimas temporadas hemos visto cómo la serie ha hecho un intento de congraciarse con los espectadores más críticos. Así en las últimas temporadas vimos por ejemplo a una Daenerys exigiendo a Daario Naharis que se desvistiera frente a ella (aunque se nos mostrase al actor de espaldas) y a un Jon Nieve mostrando toda su anatomía trasera en la escena sexual en el barco. Son muy pocas las escenas que nos muestran el cuerpo masculino frente a las que ofrecen gratuitas vistas de las integrantes femeninas del cast.

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Incluso Emilia Clarke, Daenerys en la producción de HBO, pedía en una entrevista que se igualaran los desnudos femeninos y los masculinos en la serie, asegurando que de ser así muchos actores se negarían a hacerlo. En respuesta a esa petición vimos cubierta en la quinta temporada la cuota de penes con la aparición en primer plano de un joven inspeccionando el suyo en busca de verrugas, sin que esto tuviera nada que ver con la escena, demostrándonos que la gratuidad podía ir en ambas direcciones.

Nos queda mucho camino por recorrer en cuanto a representación femenina, cuota de pantalla, e incluso si vamos más allá, dirección y producción de contenidos audiovisuales. HBO parece haber aprendido a lo largo del camino de sus numerosos fallos, pero sigue decepcionándonos de vez en cuando. Que entiendan que el cuerpo de la mujer no es un objeto con el que ‘decorar’ las escenas y que hay más vías por las que pueden sufrir una catársis y desarrollarse como personajes que la violación son nuestras principales reivindicaciones.

Martin sabe equilibrar su obra llenando las páginas con mujeres con motivaciones, sean las que sean, mujeres que tienen fondo y forma, complicadas, simples, buenas, malas, estúpidas e inteligentes, pero no vamos a decir que su forma de escribir personajes femeninos sea perfecta. Poco menos que curioso es ver que a lo largo de la saga se nos describen varias mujeres como ‘masculinas’, ‘poco delicadas’ y ‘toscas’ pero tan solo llega a usarse la palabra ‘afeminado’ con Varys, porque estemos en el contexto en que estemos, es más aceptable parecer un hombre que parecer una mujer.