Traemos hoy el siguiente ensayo de nuestro Especial Mujeres 2020, una iniciativa para celebrar el Día Internacional de la Mujer que tiene lugar el 8 de marzo después del éxito Especial Mujeres que hicimos en 2018

El genial texto que os ofrecemos a continuación es obra de una fiel lectora de la web e investigadora y doctorando en la universidad de Oxford, Inés Álvarez. En él estudiamos un recurso habitual en la narrativa, el cliché de la muerte de mujeres en las historias, también conocido como “fridging” o “mujeres en la nevera.

Damiselas en el hielo (o no), por Inés Álvarez

Uno de los aspectos más comentados del escritor George R.R. Martin es cómo juega y subvierte las expectativas del género fantástico en Canción de Hielo y Fuego. Martin no lo hace simplemente para desconcertar al lector, sino dentro de una narrativa muy compleja guiada por la coherencia temática.

Este 8 de marzo, me gustaría analizar brevemente cómo Martin refuerza (o rompe con) estereotipos y recursos narrativos tradicionalmente asociados a personajes femeninos en Canción de Hielo y Fuego. Hacer esto nos permite especular también sobre lo que les espera a ciertos personajes en las próximas novelas.

1) “Women in Refrigerators”

Este término, también conocido como fridging” o “mujeres en la nevera” en castellano, se refiere al cliché por el cual las muertes de los personajes femeninos se utilizan de forma muy distinta a las muertes de los personajes masculinos a la hora de contar historias. El nombre (acuñado por la escritora Gail Simone) se refiere al momento en el que, en el cómic de Linterna Verde, el superhéroe vuelve a casa, abre el frigorífico y se encuentra los restos desmembrados de su novia Alexandra DeWitt, así, sin más.

El problema es que éste no es un caso aislado. Por lo general, especialmente en el mundo de los cómics hasta los 90, ellos morían como héroes, al servicio de sus propias historias; mientras que a ellas las mataban o mutilaban sin tener agencia propia, fuera de escena y/o para explorar la pena, el remordimiento o la sed de venganza de sus novios, maridos o padres.

En Canción de Hielo y Fuego encontramos algunos casos de fridging tradicional. El más claro sería la muerte de Ygritte. En el libro ni siquiera vemos quién la mata. El pasaje se centra en los sentimientos que esto genera en Jon, preocupado porque haya muerto por una de sus flechas:

«No es mía —se dijo—. no es una de las mías.» Pero se sentía como si lo fuera.

Tiene sentido que esto sea así porque Jon es nuestro punto de vista. Además, Ygritte es un personaje secundario en la narrativa de Jon, el personaje principal. El otro fridging que parece inevitable es el de Shireen Baratheon, y cómo su muerte afectará a los personajes de Stannis y, quizás, Davos.

El problema sería tal si todas las muertes de personajes femeninos en Canción de Hielo y Fuego siguieran este mismo esquema, sin justificación temática, y no hubiera ningún caso de fridging masculino. Sin embargo, esto no es así. Para empezar, tenemos la muerte de Jon Arryn como catalizador de todos los eventos (en el presente) de las novelas.

Otra muerte importantísima es la de Ned Stark. Obviamente ésta tiene un efecto tremendo en las tramas de muchos personajes, pero la manera en la que Martin presenta el evento hace hincapié en cómo afecta a dos de ellos en concreto: Arya, nuestro punto de vista en este capítulo, y Sansa, sobre quien recae inicialmente la “culpa” de convencer a su padre para que se declare traidor. Diremos más sobre las dos hermanas al final de este artículo.

La trama de Daenerys está también plagada de muertes de hombres que sirven para hacer evolucionar al personaje de la Madre de Dragones, destacando la de su hermano y la de su esposo. Martin podría haber invertido los papeles para convertir a Dany en víctima y potenciar la sed de venganza de Viserys o Khal Drogo contra Westeros. Es más, si la historia de Dany en los libros sigue el curso de la serie, es posible que veamos muchas más muertes de personajes masculinos que sirvan para dirigir la evolución de Dany en una dirección u otra (incluyo aquí la muerte de sus dragones/hijos).

Sin embargo, después de ver el final de la historia en la serie, surge la pregunta de si Dany también morirá al final de los libros, y de qué forma. Yo estoy convencida de que sí morirá, pero no como agente pasivo. Está claro que los destinos de Jon y Daenerys están irrevocablemente entrelazados, pero sería una pena que al final la Khaleesi se viera reducida a un sacrificio para explorar el conflicto de Jon entre el deber y el amor, y el papel de Jon como Azor Ahai/Príncipe que Fue Prometido.

Sería mucho más poderoso si es Dany la que prende su propia pira (“un fuego por amor”). Así, su muerte sería más que un simple eco de la de Ygritte, sin cerrar las puertas a explorar también cómo afecta a Jon. El punto de vista que utilice Martin para narrar estos hechos será decisivo.

Otro ejemplo muy significativo es el de La Boda Roja. Contada desde el punto de vista de Catelyn, la muerte de su hijo Robb (junto a tantos de sus hombres) sirve para convertirla en Lady Corazón de Piedra. Martin podría haber hecho elecciones más tradicionales: contar los eventos desde otro punto de vista, o incluso traer de vuelta a “zombie” Robb, un hombre-lobo sediento de venganza, en vez de a su madre.

Como muestra de una narración más tradicional tenemos los cambios que se introducen al adaptar los libros a la televisión. Obviamente, se trata de dos medios de comunicación muy diferentes por naturaleza, por lo tanto, no sorprende que la serie Juego de Tronos muestre los eventos desde la perspectiva de varios personajes, incluyendo a Catelyn, Arya y Walder Frey. En la serie hay muchas otras cosas más importantes que criticar, pero no deja de ser interesante que se decidiera rodar y editar este capítulo haciendo particular hincapié en la reacción de Robb Stark ante la muerte de su mujer embarazada.

En cambio, en el libro Jeyne Westerling sobrevive, y no se puede descartar que juegue un rol en el futuro en las novelas, quizás en contraposición al personaje de Lady Corazón de Piedra. Esta dinámica entre las dos sería parecida a las posiciones encontradas de Ellaria y las Serpientes de Arena ante la muerte de Oberyn Martell.

2) Damiselas que rompen moldes

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Canción de Hielo y Fuego disfruta de una gran ventaja respecto a otras grandes obras de fantasía (incluido mi querido El Señor de los Anillos): presenta una grandísima cantidad de personajes femeninos, todos bastante distintos entre sí. Por eso, Martin no tiene que esforzarse en escribir el personaje femenino perfecto (que por otra parte sería misión imposible). Otro artículo dentro de esta serie ha presentado ya la idea de los paralelismos entre personajes femeninos y los siete arquetipos de la feminidad (representados por diosas griegas).

Aunque las características compartidas están muy claras, yo diría que parte de la riqueza de la obra de Martin es que no solo presenta personajes que cubren todos los arquetipos, sino que muchos de estos personajes sobrepasan estos esquemas tradicionales. Por ejemplo, el personaje de Cersei es, sin duda, una villana que utiliza su sexualidad a menudo para salirse con la suya (arquetipo de la Afrodita/femme fatale).

Sin embargo, otros aspectos importantísimos de su caracterización incluyen su amor por sus hijos, a veces hasta extremos tóxicos (arquetipo de Deméter/la madre). O incluso su angustia por labrarse su camino en una sociedad que no le deja llegar a ser quien ella quiere (arquetipo de la rebelde, a medio camino entre Atenea y Artemisa).

Un personaje a priori fácil de clasificar es el de Brienne. La doncella guerrera de Tarth entra en la lista de las “mujeres duras”, rebeldes, que pueden cuidar de sí mismas. En esta categoría encontramos a Ellen Ripley, una de las grandes heroínas del cine y uno de los casos más famosos de personajes inicialmente ideados como hombres que luego fueron transformados en mujeres cambiando el nombre y poco más.

Esta técnica ha ganado en popularidad en las últimas décadas, en principio para asegurar que cuando un autor crea a un personaje femenino no cae en los clichés típicos del género. El problema surge cuando el autor no se para a reflexionar cómo un personaje diseñado de esta manera interaccionaría con el mundo en el que habita. Otras veces, un personaje empezará su trayecto “rebelde”, pero cuando se enamora (irrevocablemente, de un hombre) pasa a asumir roles más tradicionales (por ejemplo, Eowyn en El Señor de los Anillos).

Sin embargo, de Brienne sabemos lo mucho que ha sufrido por culpa de una sociedad ponienti que se burla de ella, y sus sentimientos (primero por Renly y luego por Jaime) no hacen que abandone la espada. Al revés, un avance significativo en la “carrera” de Brienne llega al convertirse en miembro de la Guardia Arcoiris de Renly; y en la serie de televisión vemos cómo, gracias a Jaime, Brienne consigue ser reconocida como caballero de los Siete Reinos de pleno derecho.

Finalmente, un tercer escollo que Brienne supera es que Martin le deja ser fea. Parece una tontería, pero incluso la revolucionaria Ripley tenía que aparecer atractiva físicamente en Alien, momento en ropa interior incluido.

Terminamos volviendo a las hermanas Stark. La primera vez que leí Juego de Tronos tenía claro quién de las dos era mi favorita. Sansa era la doncella clásica, femenina, interesada en el amor, el tipo de “damisela en apuros” que, creciendo en los 90, yo había aprendido a ridiculizar (y creo que no fui la única). Arya, en cambio, era el personaje que me habría gustado ser: guerrera, rebelde, independiente, sin miedo, un poco chicazo. Sansa era sosa y fácil de engañar; Arya era guay, “la chica que no es como otras chicas”. Sin embargo, ahora me doy cuenta de que esta postura reflejaba mi propia misoginia internalizada.

Cada uno puede tener su propia preferencia, pero no deberíamos caer en la tentación de etiquetar aquellos aspectos tradicionalmente asociados con la feminidad como menos interesantes o valiosos que aquellos tradicionalmente asociados con la masculinidad. Partiendo de esta base, es curioso que en la carta del 93 en la que Martin describe su idea para Canción de Hielo y Fuego, Sansa aparece como villana que traiciona a los Stark. Sin embargo, en la serie (y, posiblemente, también en los libros) Sansa se convierte en un personaje mucho más heroico, que aprende a adaptarse y sobrevivir, crece como líder y puede llegar a personificar los ideales Tully y Stark.

Me gustaría concluir señalando que si alguna ventaja tiene el que haya pasado tanto tiempo desde que Martin empezó a desarrollar Canción de Hielo y Fuego, es que en estos últimos 30 años hemos aprendido todos mucho, y ahora sabemos valorar tanto a las Aryas como a las Sansas en nuestras historias. El cliché de “damiselas contra chicazos”, tan contraproducente como el de “mujeres en la nevera”, queda sobrepasado: en la unión de las dos hermanas reside la verdadera fuerza.