Si hay un tiempo del año de encender velas son las fechas navideñas y el fin del año. Así que vamos a recoger ese espíritu con un texto sobre las misteriosas y mágicas velas de cristal de vidriagón de Canción de hielo y fuego. Este último ensayo del 2021, gracias a un análisis de LChris en Reddit, lo dividimos en dos partes publicando esta semana la primera.

Las cuatro velas de vidriagón (1ª parte)

Del prólogo de Festín de Cuervos:

Pate sabía algo sobre las velas de cristal, pero nunca había visto una encendida. Eran el secreto peor guardado de la Ciudadela. Se decía que habían llegado a Antigua, procedentes de Valyria, un millar de años antes de la Maldición. Tenía entendido que había cuatro, una verde y tres negras, y todas eran largas y retorcidas.

Parece muy probable que existan más de cuatro velas de vidriagón en el mundo, pero creo que es interesante tratar de deducir si se nos ocurren ideas sobre al menos el paradero de las que conocemos. Así que debatamos sobre la localización o propietario de las velas de cristal que tenemos confirmadas.

Aunque no es una comparación directa, las velas parece que operan de forma similar a los arcianos o los cuervos. Del quinto capítulo de Sam de Festín de Cuervos:

¿Qué alimenta el fuego de un dragón? —Marwyn se sentó en un taburete—. Toda la hechicería valyria tenía sus raíces en la sangre o en el fuego. Con una de estas velas de cristal, los hechiceros del Feudo Franco podían ver a través de montañas, mares y desiertos. Eran capaces de entrar en los sueños de las personas y provocarles visiones; podían mantener conversaciones aunque estuvieran a medio mundo de distancia, sentados ante sus velas. ¿No te parece que eso sería útil, Mortífero?

Frente a esto, el tercer capítulo de Bran de Danza de Dragones:

—Cuando sepas usar tus dones podrás mirar lo que quieras y ver lo que han visto los árboles, ya sea ayer, el año pasado, o hace muchas eras. Los hombres viven sus vidas atrapados en un presente eterno, entre las nieblas de la memoria y el mar de sombras, que es todo cuanto conocemos de los días que vendrán. Hay mariposas que viven toda su vida en un solo día, pero para ellas, ese pequeño espacio de tiempo dura tanto como para nosotros los años y las décadas. Un roble vive hasta trescientos años; una secuoya, tres mil. Un arciano puede vivir indefinidamente si nada lo daña. Para ellos, las estaciones pasan como el revoloteo de las alas de una mariposa, y el pasado, el presente y el futuro son lo mismo. Tus visiones tampoco se limitarán a tu bosque de dioses; los cantores tallaron ojos en todos los árboles corazón para despertarlos, y esos son los primeros ojos que aprenden a usar los verdevidentes… Pero con el tiempo verás mucho más allá de los árboles.

Además de otras cosas, el retorno de los dragones ha permitido que las velas de vidriagón ardan de nuevo. Del prólogo de Festín de Cuervos:

—La obsidiana no arde.

—Vidriagón —intervino Pate—. La gente llama vidriagón a la obsidiana. No sabía por qué, pero el detalle le parecía importante.

—Es verdad —reflexionó Alleras el Esfinge—, y si de nuevo hay dragones en el mundo…

—Dragones y cosas más sombrías —dijo Leo—. Las ovejas grises han cerrado los ojos, pero el mastín prefiere ver la verdad. Se están despertando poderes antiguos. Las sombras se agitan. Pronto se cernirá sobre nosotros una era de maravillas y horrores, una era de dioses y héroes.

Posibles localizaciones y propietarios de las velas de vidriagón

Es posible que cualquier número de velas, de una a cuatro, estén en Antigua, pero debatamos sobre ello.

La Ciudadela

La Ciudadela tiene al menos una de las cuatro velas que conocemos ya que se utiliza como entrenamiento para los acólitos. Del prólogo de Festín de cuervos:

—¿Qué es eso de las velas de cristal? —quiso saber Roone.
Armen el Acólito carraspeó.
—La noche anterior al día en que pronuncia los votos, todo acólito tiene que guardar vigilia en la cripta. No se le permite llevar ningún tipo de antorcha, lámpara, candelabro, farol… Solo una vela de obsidiana. Tiene que pasarse la noche a oscuras, a menos que sea capaz de encender esa vela. Los hay que lo intentan. Los tontos, los testarudos, los que han estudiado eso que llaman misterios superiores… Casi siempre se cortan los dedos, porque los bordes de las velas son afilados como navajas, según se dice. Y luego tienen que esperar al amanecer con las manos ensangrentadas y meditando sobre su fracaso. Los más listos se tumban a dormir o se pasan la noche rezando y ya está, pero no hay año en que no lo intente alguno.

Pero también sabemos la Ciudadela de Antigua, como la Fe de los Siete, está en contra de la magia y de los dragones. Del quinto capítulo de Sam de Festín de cuervos:

—Si te lo digo, tal vez tengan que matarte a ti también. —Marywn le dedicó una sonrisa espantosa; los jugos de la hojamarga le corrían entre los dientes—. ¿Quién crees que mató a todos los dragones la última vez? ¿Galantes matadragones con sus espadas? —Escupió—. En el mundo que está construyendo la Ciudadela no hay lugar para la hechicería, las profecías ni las velas de cristal, y mucho menos para los dragones. ¿No te preguntas por qué se permitió que Aemon Targaryen desperdiciara su vida en el Muro, cuando tendría que haber sido archimaestre por derecho? Por su sangre. No se podía confiar en él. Ni en mí.

Marwyn

AGOT: Oldtown Scholar by Thaldir on deviantART

Está confirmado que Marwyn tiene una vela, pero no sabemos si es la única de la Ciudadela y se usa para entrenar a los novicios; o si hay múltiples y la suya es una diferente. Del prólogo de Festín de Cuervos:

—El archimaestre Marwyn cree en muchas cosas raras —dijo—, pero no tiene más pruebas que Mollander de la existencia de esos dragones. Solo son cuentos de marineros.

—Te equivocas —replicó Leo—. En las habitaciones del Mago arde una vela de cristal.

Se hizo el silencio en el porche iluminado por antorchas. Armen suspiró y sacudió la cabeza. Mollander se echó a reír. El Esfinge escudriñó a Leo con sus grandes ojos oscuros. Roone parecía despistado.

Algo que debemos mencionar es la desconfianza que genera la historia de Leo el Vago. Del mismo capítulo:

—Sí. —Pate también había oído aquellas historias—. Lo que no entiendo es de qué sirve una vela que no da luz.

—Es una lección —explicó Armen—. La última lección que tenemos que aprender antes de ponernos la cadena de maestre. La vela de cristal representa la verdad y el aprendizaje, dos cosas infrecuentes, hermosas y frágiles. Tiene forma de vela, para recordarnos que un maestre debe proyectar luz allá donde preste sus servicios, y es afilada para recordarnos que el conocimiento también puede ser peligroso. Los sabios pueden volverse arrogantes en su sabiduría; un maestre, en cambio, debe ser humilde siempre. La vela de cristal también nos recuerda eso. Así, mucho después de pronunciar los votos, ponerse la cadena y marcharse a servir, el maestre recordará la oscuridad de su vigilia, recordará que no pudo hacer nada para encender la vela… Porque, incluso con conocimientos, hay cosas que no son posibles.

Leo el Vago soltó una carcajada.

—Querrás decir que no son posibles para ti. Yo he visto la vela encendida.

Pero para cuando Sam llega a Antigua, todos son ya conscientes de su poder. Del quinto capítulo de Sam de Festín de Cuervos:

Tengo que confesarte una cosa: nuestro encuentro no fue casual, Sam. El Mago me envió a pescarte antes de que hablaras con Theobald. Sabía que venías.

—¿Cómo?

Alleras señaló la vela de cristal.

Sam contempló un momento la extraña llama clara, y después parpadeó y apartó la vista. Al otro lado de la ventana empezaba a oscurecer.

Lo que no tenemos confirmado es si Marwyn se llevo con él la vela de vidriagón cuando se marchó hacia Meereen. Del mismo capítulo:

Aparte de aquello, la única luz de la estancia procedía de una vela alta y negra situada en el centro de la habitación.

Tenía un brillo desagradable. Había algo de extraño en ella. La llama no parpadeaba, ni siquiera cuando el archimaestre Marwyn cerró la puerta con tanta fuerza que revolotearon los papeles de una mesa cercana. Además, aquella luz surtía un efecto extraño en los colores. Los blancos eran tan brillantes como la nieve recién caída; el amarillo brillaba como el oro; los rojos se convertían en llamas, pero las sombras eran tan negras que parecían agujeros que horadaban el mundo. Sam se dio cuenta de que no podía apartar la vista. La propia vela medía una vara y era esbelta como un junco, retorcida y estriada, de un negro deslumbrante.

—¿Eso es…?

¿Obsidiana? —terminó el otro hombre de la estancia, un joven pálido y regordete con los hombros redondos, las manos blandas, los ojos muy juntos y manchas de comida en la túnica.

—Llámalo vidriagón. —El archimaestre Marwyn contempló la vela un instante—. Arde, pero no se consume.

La semana que viene, en la segunda mitad del ensayo, estudiaremos quiénes más pueden tener una vela de vidriagón.