El ensayo que os traemos no es demasiado largo, pero es muy profundo desde el punto de vista moral. Es obra del historiador alemán Stefan Sasse, publicado originalmente en su blog, The Nerdstream Era, y compara – y veremos todo el sentido que tiene – a la Guardia Real con los guardias de los campos de concentración. Atentos.


Guardias Reales en campos de concentración

Guardia Real por Jaon Engle
Guardia Real por Jaon Engle

Jaime VI, Tormenta de Espadas:

Las sombras desmontaron de sus caballos espectrales. No hicieron ruido alguno al desenvainar las espadas largas.

—Iba a quemar la ciudad —dijo Jaime—. No quería dejar más que cenizas para Robert.

—Era vuestro rey —dijo Darry.

—Jurasteis protegerlo —dijo Whent.

Son párrafos como éste los que nos hacen fácilmente olvidar los propios pecados de Jaime Lannister. Es un personaje tremendamente complejo, después de todo; y lo que ha experimentado en su juventud y adolescencia es suficiente como para asustar a cualquier persona.

Me deja constantemente perplejo cómo la gente puede leer Canción de hielo y fuego y tragarse la propaganda alrededor de la Guardia Real de Aerys. Oh, no tengo ninguna duda de que eran grandes caballeros, magníficos luchadores y con honores de caballería. Pero estaban podridos hasta el tuétano.

Para centrar el asunto, dejadme hacer una frase muy contundente: la Guardia Real de Aerys hubieran sido grandes guardias en los campos de concentración. Habrían hecho su deber, sin juzgar, porque tomaros unos votos. Sus compañeros les tendrían en alta estima, y si uno de ellos hubiera disparado a Hitler antes de que Auschwitz entrara a funcionar, a Hitler le hubieran blanqueado y al asesino, demonizado.

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Es entendible cómo tiene tanto conflicto Jaime acerca de, precisamente, cómo se siente respecto a ellos; dado que se les considera leyendas y cómo le mentorizaron. Pero de nuevo, la Guardia Real es una institución podrida, y Jaime no reconoce la fuente de la corrupción; así que tendremos que ayudarle.

Jaime no se equivoca cuando le dice a Catelyn que los caballeros juran demasiados votos contradictorios. Sin embargo, nunca entiende cómo debe priorizarlos. Debería haber escuchado a Brienne: el fantasma de Ser Duncan el Alto cabalga a su lado.

El juramento ante tu rey es el menor de los votos que debes tomar, señor, y el deber de proteger a aquellos que no se pueden proteger es el mayor. Solo necesitas mirarte al espejo para saber por qué. Y es que te puedes vestir en acero, con lo que el mejor oro puede comprar, con armas mortales en manos de un cuerpo entrenado para un único propósito: matar (Sandor Clegane no se equivoca en esto).

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Esto es un privilegio y un deber. Un privilegio porque cuesta el trabajo de muchos miembros del pueblo llano financiar tu entrenamiento, tu sustento y tu equipamiento. Un deber, porque te lo tienes que ganar. Y nunca te puedes ganar este privilegio volviéndote contra aquellos que hicieron, en primer lugar, que te lo pudieras permitir.

Entender esto no requiere un doctorado en física cuántica. Así que, ¿por qué los caballeros en Canción de hielo y fuego constantemente fallan al priorizar sus votos de manera correcta (como los lores, por cierto, pero eso es tema para otro día)?. Muy simple: porque es fácil. La Guardia Real elige honrar el menor de sus votos porque es el más simple y es el que acarrea menos sacrificio personal.

Si dudáis sobre esto, leed de nuevo los capítulos de Brienne de Festín de Cuervos («Ni posibilidad ni elección»). Pero la Guardia Real – y Jaime – fallan este examen repetidamente. Y también es por esto por lo cual hubieran sido grandes guardias en campos de concentración. Hubiera sido fácil, y siempre podrían decir que sólo cumplían con su deber. Decenas de miles lo hicieron antes y decenas de miles lo harán después, porque si fallan ante esta prueba, nadie les culpará por ello.