Por Stefan Sasse en Tower of the Hand.

El concepto del honor en Poniente

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Si hay algo constituyente a la sociedad de Poniente es el concepto general de honor. Envuelve al mundo en un corsé de normas: la gente que no llega hasta a lo que espera de ellos son rechazados mientras que los que cumplen las expectativas son considerados como parangones de la virtud, al menos oficialmente. ¿Pero qué exactamente constituye el valor en Poniente, cómo lo gana uno, y cómo lo pierde? Y, lo más importante, ¿cuánto vale?

La primera cosa importante para entender sobre el concepto del honor es que sirve como un instrumento para separar las clases. Solamente los nobles tienen honor y lo pueden perder o defender, a diferencia del pueblo llano. Un hombre común puede no cometer un acto deshonroso, sencillamente porque no se le atribuye un honor que pueda perder. Ya que uno solo puede ser juzgado por sus iguales o superiores, atribuir honor a un plebeyo, aunque sea para juzgar su incapacidad para estar a la altura, equivaldría verle como un igual: algo que ni se plantea.

Como una concepto preservado por la clase, el honor mantiene al humilde caballero por encima del más rico mercante. Si dicho mercader pudiera comprar todo Desembarco del Rey, derruir la Fortaleza Roja y construir un nuevo Harrenhall en la Colina de Aegon, no importaría: no podría desafiar a un caballero errante a un duelo, sencillamente porque no posee honor.

guardia de la noche

La única posibilidad para el pueblo llano de ganar al menos algo de honor es unirse a una orden que lo posea. La Guardia de la Noche, los Maestres de la Ciudadela o la Fe son esas órdenes. Los plebeyos que se unen a sus filas no ganan honor en el sentido de que ahora son iguales a los nobles, pero estas instituciones en conjunto poseen un sentido de honor. Ya que no está ligado al individuo o su casa, como la esfera de los nobles, no disfrutan del status elevado que ello implica. Sin embargo, se ven atribuidos con otra cosa: un sentido de reverencia institucional, un rango que no es inherente a ellos o su familia sino a la institución.

Yoren, por ejemplo, recibe los honores más básicos como miembro de la Guardia de la Noche. No es mucho, pero está considerado mucho mejor que cualquier porquero. Un Primer Explorador, o el Septón Supremo, son tratados como poco como lores menores; pero no es un honor heredable, y mientras que los individuos pueden ganar algo de honor personal, permanece atribuido a la institución y depende del estado de la misma. No importa si Benjen es un Stark, por ejemplo: el decline de la Guardia hace al puesto de Primer Explorador un honor menor que el que tenía en la era de Jaehaerys, cuando un Nieve guardando los muros podría tener mayor consideración que Benjen hoy.

Esto no implica de ninguna manera que los individuos a los que se les atribuye honor sean considerados como iguales. Hay múltiples distinciones entre la nobleza, la más visible marcada por el género. Es imposible desafiar a una mujer noble que te ha insultado a un duelo para limpiar tu mancha en tu honor personal; y una noble no puede defender su honor contra un acosador noble. El honor de una mujer y de un hombre son diferentes, y no están sujetos a la clase.

Cersei

Esta regla se aplica tanto a la casera mujer de Davos Seaworth como a la reina Cersei Lannister, al menos en teoría. El honor de una mujer deriva de dos fuentes: su propia personalidad y su marido. En cuanto a ella, una mujer debe ser servicial y fiel a su marido. Si falla en eso, pierde honor, y su marido es manchado en el proceso; lo cual resulta probablemente en una retribución contra la ahora desprotegida mujer.

La otra parte de su honor deriva de su marido y su casa. Ya que una mujer no está armada no se puede defender, dependiendo de la capacidad de su marido en ese aspecto. Si su marido falla en sus tareas y pierde su propio honor, su mujer también perderá honor, aunque sea inocente. Un marido apostador, por ejemplo, que pierda sus tierras en una partida de dados, también reduciría el honor de su mujer que ahora también se ha quedado sin hogar. Una mujer adúltera de manera más o menos abierta reduciría el honor del marido. Esto explica por qué el matrimonio es con frecuencia un retorcido y a veces desagradable asunto para ambas partes involucradas, forzándoles en una opresiva red de dependencia recíproca y buen comportamiento.

Es un juego arreglado para favorecer al hombre, por supuesto. Si él comete adulterio, su propio honor resulta intacto mayormente, mientras que el de su mujer sufre; mientras que en caso contrario ambos lo sufren, pero el de la mujer en mayor medida. La dependencia de las mujeres del comportamiento de los hombres para mantener su honor es absolutamente importante para cimentar su posición y uno de los pilares de la sociedad de Poniente para mantener a las mujeres en el sitio que les corresponde.

Por otro lado, el honor de una mujer rara vez es un asunto complejo. La única oportunidad real de perderlo es el adulterio o un mal matrimonio (con un hombre de un status inferior al suyo, como el caso de Genna Lannister, por ejemplo). La mayor parte recae en las manos del hombre superior a él, su padre o su marido. Esta dependencia del buen comportamiento femenino con frecuencia nos lleva a un forzado y bastante desagradable tratamiento de las mujeres, hasta el momento en que son capaces de formar una relación duradera y de confianza (como Ned y Catelyn) o las mujeres encuentran agujeros que explotar (como Genna y Cersei Lannister).

En el mundo de los hombres, el tema del honor es más complejo y más desagradable. Por un lado, su honor personal, defendido en torneos y campos de batalla; por otro lado el honor de su casa. Este último puede ser fácilmente comparado a la situación de las mujeres y sus maridos: las acciones del individuo noble se pueden reflectar en pobreza en el honor de la casa (Jaime Lannister y Tytos son ejemplos de ello) mientras que el honor de la casa puede otorgar credibilidad y honor al susodicho, aunque no lo merezca (Lysa y Robert Arryn, por ejemplo).

El honor de la casa determina las reacciones iniciales al individuo que no tiene reputación propia, lo cual es habitual en la mayoría de los nobles de Poniente, que nunca reciben honores superiores a sus casas. En la mayoría de ocasiones, esto sucede a individuos que escalan en la escalera social, como Barristan Selmy o Petyr Baelish, que individualmente han acumulado más honor que el de sus respectivas casas. Mace Tyrell, por otro lado, nunca ha tenido éxito en escapar de la sombra de su casa, por mucho que lo intente.

Aidan Gillen as Petyr “Littlefinger” Baelish Credit: Helen Sloan/HBO

La otra parte del honor de los hombres deriva de las varias responsabilidades que tiene un noble varón en Poniente. La más importante de ellas es la protección del débil, especialmente su mujer y sus hijos. Un hombre que no puede proteger a su familia no es un hombre, y un noble debe preocuparse de su familia extendida también: es el motivo por el cual Robb Stark no puede sencillamente dejar Invernalia ocupada hasta que terminen las hostilidades.

La segunda consideración importante para mantener el honor es mantener tu palabra y ser fiel a tus juramentos. Un rompejuramentos con frecuencia gana una mala reputación y es repudiado hasta el fin de sus días. Para la mayoría de nobles (excepto para el rey), la obediencia a tus superiores es también parte de tu honor. Si tu señor te da una orden, debe ser ejecutada fielmente, ya que el noble se apoya en ti, y fallarle le mancha tanto como al noble ofensor. La última cláusula importante para el honor es mantener las tradiciones, sean religiosas, de fe o costumbres, destacando entre las últimas el derecho de hospitalidad.

Por supuesto, todo esto es solo la teoría. Sabemos por varios ejemplos que no todos los nobles en Poniente que violan estos principios son castigados por ellos. La política real de Poniente muchas veces puede evitar el desastre. Tomemos a Jaime Lannister, por ejemplo. Por derecho debería haber sido penalizado por romper su juramento ante Aerys y los dioses, ya que violó tanto el juramento como capablanca como el de caballero. La necesidad de una alianza con Roca Casterly hizo que Robert Baratheon tuviera que perdonarle y mantenerle en la Guardia Real; y en las Tierras de Occidente Jaime tiene una buena reputación. Nadie hablaría abiertamente del Matarreyes allí, debido a que las consecuencias de atacar el honor de la casa Lannister serían terribles.

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Dicho eso, ¿por qué es tan importante para los nobles de Poniente mantener el honor? ¿Por qué no pasar a un sistema más conveniente que no te atrape en un entorno tan rígido y tradicional, atándote a que las acciones de tus ancestros fueran buenas o malas? La respuesta es la conveniencia del propio sistema para medir a la gente en una cantidad razonable de tiempo y esfuerzo. Si te encuentras a alguien que no conoces de nada, no tienes razones para saber acerca de tus hazañas, fracasos y personalidad antes de tomar una decisión. Saber, sin embargo, que los Freys no son gente de palabra te puede ayudar a tratar con ellos, a pesar de cómo sea el individuo en cuestión.

 Un noble intentará normalmente hacer lo que se espera de él: un noble Stark no se comportará de manera deshonrosa por miedo a lo que le sucedería a su casa. Este miedo asegura que la mayor parte del tiempo la gente se adhiera a la reputación y el honor que su casa se ha ganado. Ganar tu propio honor de manera diferente a la de tu casa es algo difícil, casi nunca conseguido y poco intentado. Sería en cualquier caso una experiencia compleja.

Así que, ¿cuál es el problema de todo esto? Cómo he mencionado antes, el honor sirve como el más poderoso refuerzo de los límites sociales. Mientras el concepto del honor se mantenga, así lo harán las clases y las diferencias de género. En tiempos modernos, nada ha derribado más barreras de clases sociales que el desarrollo de una cultura popular, siendo la misma para todos en lugar de algo reservado para las clases altas; y nada ataca más la emancipación de la mujer que las ideas persistentes de “caballería”, como abrirles la puertas o evitar que anden en el lado peligroso de la calle, implicando que las mujeres deben estar protegidas.

Jaime y Walder Frey

De esta manera, el honor en Poniente es el rival más efectivo del cambio social. Alguien podría afirmar que siendo esto cierto, el honor también implica ciertos valores: honrar a las mujeres y protegerlas no puede ser tan malo, ¿no? Por supuesto que no. Pero el problema real en Poniente no es que el honor esté bloqueando el cambio social.

El problema radica en que el sistema del honor de Poniente es terriblemente dañino y es retorcido. Provoca incentivos erróneos y sanciona comportamientos prudentes y cívicos mientras recompensa actos innecesarios de brutalidad y no hace nada para evitar que sucedan malas cosas dentro de las estrechas líneas del mismo codificado sistema de honor.

Hay un ejemplo por encima de todos: Jaime Lannister. Se nos presenta en Juego de Tronos como un hombre sin honor, y es cierto. Lanza a Bran por la ventana y se folla a su hermana, después de todo. Pero también es el hombre que él sólo salvó a Desembarco del Rey, y nunca habla de ello. Y jamás menciona el tema porque sabe que lo que cimienta la sociedad de Poniente, el honor, no permitiría esas acciones. Lo sabe, porque ha experimentado los fallos del honor muy bien, cuando era forzado a escuchar cómo Aerys abusaba de su mujer con su Lord Comandante, uno de los hombres percibidos como más honorables de Poniente, incluso por parte de hombres decentes como Ned Stark.

Jaime cuenta su historia

Jaime Lannister se convierte en el hombre que es al principio de Juego de Tronos precisamente por este sistema de honor. Mató a un rey que era odiado por todos, definido no solo como un mal gobernante sino como un criminal en el trono, uno que cometió atrocidades contra mujeres, niños e inocentes por igual. Pero en lugar de ser aplaudido por matarle antes de que pudiera matar más gente en una desesperada última acción, Jaime es odiado porque juró protegerle.

El inventado pero aún así brillante intercambio entre él y Ned en la serie de televisión lo deja claro: “Dime, Lord Eddard, ¿me odiarías menos si le hubiera atravesado con la espada en el pecho en lugar de por la espalda?” pregunta Jaime, sin esperar respuesta, y no obteniendo ninguna. Nadie está en contra de matar a Aerys. Sencillamente esperaban que alguien como un Clegane lo hiciera, para que el sistema de honor siguiera intacto. Esto no es algo que deba ser aplaudido, es pura hipocresía. Jaime lo sabía, instintivamente, y nunca dijo nada a nadie sobre el fuego valyrio. No hubiera importado, porque la sociedad noble de Poniente valora el código del honor como algo más importante que las vidas de miles de personas en la ciudad.

Son los Siete Guardias Reales de Aerys los que realmente sirven como ídolos y muestra de todo lo que está mal sobre el código del honor de Poniente. Son reverenciados como los más honorables caballeros de su generación, parangones de la virtud y el valor. Mientras que su destreza con la espada, escudo, maza y hacha no se discute, es su total indiferencia ante la moral y su aferramiento al “honor” lo que aliena a Jaime Lannister de ellos; que les ve a ellos y a su honor como son pero es lo suficientemente inteligente como para no hacer nada contra ello.

El resultado es que Jaime se convierte en el hombre que es, alguien sin moral ni honor tras la reacción de la gente a su asesinato de Aerys (lo cual solo cambia con la pérdida de la mano). Jaime debe haber pensado sobre honor y la Guardia Real de vez en cuando. Fue a Gerold Hightower, después de todo, al que acudió como testigo real, describiendo el momento en que quería salvar a la reina de su marido abusador; y Jaime fue echado para atrás por un Hightower que colocaba en su visión el cumplimiento de su voto por encima del bienestar de las personas.

Hay muchos más ejemplos en el curso de los libros. Randyll Tarly es seguramente considerado como un hombre honorable para los estándares de Poniente, pero el tratamiento que le da a Brienne es tan repugnante que da ganas de gritar. Stannis tiene honor, pero las consecuencias de cómo las persigue pueden ser desagradables. Meryn Trant obedece al rey, como el honor obliga, y golpea a una niña de once años. La lista sigue. El problema de honor es la total falta de moral que apoyan al sistema. Aunque hay gente que intenta reconciliar ambos mundos, fallan, y deben hacerlo:

Tantos votos, te hacen jurar y jurar. Defiende al rey, obedece al rey. Obedece a tu padre. Protege al inocente. Defiende al débil. ¿Qué pasa si tu padre desprecia al Rey?¿Qué pasa si el rey masacra a los inocentes? No importa lo que hagas, vas a romper un voto u otro.

Jaime Lannister en Un hombre sin honor

Jaime Lannister da en el clavo, y no tiene solución. El código del honor en Poniente no da pistas sobre qué hacer en situaciones de conflicto, asumiendo que no existen. En realidad, eso lleva a que los conflictos sean solventados por poder. Obedeces al rey en lugar de proteger a los inocentes porque es más fácil, y serás aplaudido por ello; porque el rey tiene un mayor status social y por tanto más honor que la inocente y golpeada niña.

Jaime, Brienne y Lord Bolton

Estos argumentos tienen incluso su importancia hoy. “El honor” es aún un código que tiene algún significado, especialmente en miembros de fuerzas armadas, y para ellos es difícil diferenciarlo de cómo era para los caballeros de antaño. ¿Qué haces si tienes una orden que es claramente equivocada, pero estás obligado por honor a obedecer, ya que hiciste un juramento?

Hoy aceptamos estándares superiores como principios que nos guían, en una manera que no era igual a la de las sociedades feudales como Poniente. En ambos mundos, sin embargo, algo permanece: el honor es el sustituto para el cobarde de la moral. Esconderse en el honor, es sencillamente, el camino fácil. No necesitas pensar (como Barristan apunta en Danza de Dragones) y pensar es difícil. No tienes que arriesgar nada, porque solamente sigues órdenes. No tienes que reflexionar en tus acciones, porque nadie lo hace.

Los horrores que como lectores somos testigos en el mundo de Poniente derivan de la falta de existencia de moral en la sociedad. La naturaleza de esta sociedad puede ser vista en los rostros de aquellos que rechazan el código del honor: Sandor Clegane y Jaime Lannister  vieron a través del velo del honor y presenciaron la fealdad que hay detrás, y ninguno acabó, literalmente, sin heridas de la experiencia. Podría ser que el mayor regalo que Daenerys pudiera traer a Poniente no sea fuego y sangre, sino terminar con este infame sistema del honor que lleva emponzoñando a Poniente durante tanto tiempo.