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Ayer hablando de la beta Game of Thrones: Kingsroad os contamos un guiño a los Pasteles de Frey traída además a la palestra por Ramsay Bolton. Así que vamos a traer hoy a la palestra una de las teorías – tan segura que se considera ya canon – más populares de Danza de Dragones: que Wyman Manderly sirve en en Invernalia tres pasteles hechos con la carne de los traidores Rhaegar, Symond y Jared Frey. 

Los pasteles de Frey que sirve Wyman Manderly en Invernalia

Wyman Manderly, por Borja Pindado

Como explica la Wiki of Ice and Fire, la teoría de los Pasteles Frey sugiere que Wyman Manderly ordenó la muerte de tres Freys, Rhaegar, Symond y Jared Frey, que desaparecen en el camino de Puerto Blanco a los Túmulos. Lord Manderly haría que cocinaran su carne para que fuera parte de los tres enormes pasteles de carne de cerdo que trae a la boda de Ramsay Bolton y la supuesta Arya Stark en Invernalia.

Así son descritos los pasteles en el capítulo El príncipe de Invernalia:

… y por último, tres tartas de boda como ruedas de carro: gigantescos hojaldres rellenos de zanahorias, cebollas, nabos, chirivías, setas y cerdo condimentado flotando en una sabrosa salsa de carne. Ramsay las cortó con su falcata y Wyman Manderly en persona se encargó de servirlas: puso las primeras porciones humeantes ante Roose Bolton y su gruesa esposa Frey, y las siguientes, ante ser Hosteen y ser Aenys, los hijos de Walder Frey.

Evidencias a favor de la teoría

 

Lord Wyman Manderly le dice a Davos Seaworth que no cree en las mentiras que los Freys han ido proclamando sobre la Boda Raja, y sabe que su hijo Wendel fue asesinado por ellos, violando las leyes de hospitalidad. Dice que tenía que satisfacer a los tres Freys que estaban en Puerto Blanco mientras su hijo Wylis era prisionero de los Lannister, pero que ahora él ya ha vuelto a casa.

De Davos IV de Danza de Dragones:

Mi hijo Wendel acudió a los Gemelos como invitado. Comió el pan y la sal de lord Walder, y colgó la espada de la pared para celebrar un banquete entre amigos. ¡Y lo asesinaron! ¡Lo asesinaron, os lo aseguro! ¡Ojalá esos Frey se atraganten con sus mentiras! Yo bebo con Jared, bromeo con Symond y prometo a Rhaegar la mano de mi nieta, pero no penséis ni un momento que he olvidado. El norte recuerda, lord Davos. El Norte recuerda, y esta farsa está a punto de terminar. Mi hijo ha vuelto a casa.
Las palabras y el tono de lord Wyman le helaron la sangre

Después, Wyman le dice a Davos que debe viajar a Invernalia para una boda, junto a los Freys. Wyman planea darle a los tres Freys regalos por ser huéspedes, una tradición asociada a las leyes de hospitalidad y que marca el fin de las obligaciones del anfitrión.

Del mismo capítulo:

Mi cuerpo se ha convertido en una cárcel más temible que la Guarida del Lobo, pero he de ir a Invernalia. Roose Bolton quiere verme de rodillas, y me muestra el puño de hierro bajo el terciopelo de la cortesía. Viajaré en barcaza y litera, con una escolta de cien caballeros y la compañía de mis buenos amigos de Los Gemelos. Los Frey llegaron por mar y no tienen caballos, así que le regalaré un palafrén a cada uno de mis invitados.
¿Aún es costumbre en el sur dar regalos a los invitados?
—Hay quien lo hace, mi señor. Por lo general, el día de su partida.
—En ese caso, quizá me entendáis

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Rhaegar, Symond y Jared Frey cabalgan en tres elegantes caballos que Wyman les regala, pero desaparecen cuando se encontraban de camino entre Puerto Blanco y los Túmulos. Según Roose Bolton, Wyman insiste en que los Freys habían decidido viajar delante de la comitiva, por su impaciencia ante el lento ritmo de Wyman, y que le preocupa su desaparición.

Ramsay Bolton va en su búsqueda, junto con sus escuderos Walder el Grande y Walder el Pequeño Frey, pero no les encuentra. Walder el Grande le dice a Theon Greyjoy que nunca esperó encontrarlos. Cree que Wyman les ha matado, porque es lo que él hubiera hecho si fuera Wyman. De Hediondo III de Danza de Dragones:

—¿Habéis encontrado a vuestros primos, mi señor?
—No. Ya me lo temía. Están muertos, seguro; lord Wyman los habrá mandado matar. Es lo que habría hecho yo en su lugar.

En el banquete de boda en Invernalia, Lord Wyman presenta tres enormes pasteles, como los tres Freys que habían desaparecido. El propio Wyman los sirve a Roose, Walda Bolton, Hoston Frey y Aenys Frey, urgiéndoles a comerlos y alabando su sabor. Los presenta con gran exuberancia, estando totalmente ebrio. El propio Wyman toma dos porciones de cada pastel. Y la carne humana sabe bastante parecida a la de de cerdo.

Del capítulo El príncipe de Invernalia:

Jamás habréis probado una tarta mejor, mis señores —declaró el obeso señor—. Regadla con dorado del Rejo y saboread hasta la última miga, como voy a hacer yo.

Barbrey Dustin se lo hace saber a Theon en el mismo capítulo

—¿No os gusta el cerdo, mi señor? Pues es la mejor tarta que hemos probado jamás, o eso asegura nuestro grueso amigo. —Movió la copa de vino para señalar a lord Manderly—. ¿Habíais visto alguna vez a un gordo tan feliz? Solo le falta bailar, y está sirviendo la comida en persona.

 

Cuando está dejando el banquete, Lord Wyman, ya borracho, le dice al bardo Abel (Mance Rayder disfrazado) que cante sobre el Cocinero Rata, el legendario cocinero de la Guardia de la Noche que mató al hijo de un rey ándalo en Fuerte Terror y le hizo cocinar en un pastel que sirvió a su padre.

Poco después de que Bran Stark soñara con la muerte de Robb Stark en la Boda Roja, habló de esta leyenda: fue transformado en rata gigante por los dioses, no por matar a un rey, sino por violar las leyes de hospitalidad. Se considera que una canción sobre ello sería demasiado cruel para una boda.

En Titus Andronicus, la novela de William Shakespere, un hombre venga a su familia sirviendo a sus familiares cocinados en pasteles. Y Martin está muy influido por el dramaturgo inglés.

Blasón de la Casa Frey

Por último, Hosteeen y Walder Frey más tarde cuestionarán a Lord Wyman sobre sus parientes desaparecidos, mencionando que no le va a quedar ni un gota de sangre. Lord Manderly se ríe ante la insinuación.

De Un fantasma en Invernalia de Danza de Dragones

—Sí, de cerca. —Ser Hosteen se volvió hacia el gordo—. Lo suficiente como para clavarme una lanza en la espalda. ¿Dónde están mis parientes, Manderly? Vuestros invitados, los que os devolvieron a vuestro hijo.
—Querréis decir sus huesos. —Manderly pinchó un trozo de jamón con el puñal—. Los recuerdo muy bien: Rhaegar, el de los hombros caídos, con su lengua de miel; el valeroso ser Jared, siempre presto a desenvainar el acero; Symond, el amo de espías, contando dinero sin parar. Me entregaron los huesos de Wendel. Quien me devolvió a Wylis sano y salvo, tal como me había prometido, fue Tywin Lannister, un hombre de palabra, los Siete lo tengan en su gloria. —Lord Wyman se metió la carne en la boca, la masticó con estrépito y chasqueó los labios—. Los caminos son azarosos. Entregué regalos a vuestros hermanos cuando nos despedimos en Puerto Blanco, y juramos que nos volveríamos a ver aquí, en la boda. Hubo muchos, muchos testigos.
—¿Muchos, muchos? —le imitó Aenys Frey—. ¿O vos y los vuestros?
—¿Qué insinuáis, Frey? —El señor de Puerto Blanco se limpió la boca con la manga—. No me gusta vuestro tono. No, no me gusta ni una gota.
—Sal al patio, montaña de grasa, y de lo que no te va a quedar ni una gota es de sangre —replicó ser Hosteen.
Wyman Manderly se echó a reír, pero media docena de sus caballeros se pusieron en pie al instante.