
Hace ya cuatro años y medio Tower of the Hand publicó un libro de ensayos formidable titulado Tower of the Hand: A Flight of Sorrows donde se incluían artículos y reflexiones inéditos. El libro sigue estando disponible en Amazon en formato ebook.
Como aperitivo para despertar el apetito, publicó uno de estos ensayos originales del libro en la web, obra de Stefan Sasse. Es de los mejores artículos jamás escritos sobre cómo afectan las profecías que han aparecido en Canción de Hielo y Fuego y es el ensayo que os traemos hoy. Como es un poco largo lo dividimos en dos partes, publicando esta semana la primera de ellas.
Bajo la estrella sangrante: Sobre el rol de la profecía en Canción de hielo y fuego (parte I)

Llevas a la profecía como una armadura. Crees que te tiene a salvo, pero lo único que hace es dificultarte el movimiento
Meñique (parafraseado)
Si hay un tema en la saga que atrae la especulación de los fans es el de las profecías. Se pueden encontrar en las novelas ya en Juego de Tronos, cuando el dosh khaleen profetiza la llegada del “Semental que Cabalgará el Mundo” en la encarnación del hijo de Daenerys Targaryen, Rhaego; y se mantiene hasta las esperadas páginas de Danza de Dragones, en las que Quaithe vuelve a aparecer y un sacerdote rojo llamado Moqorro lanza oscuras frases a cualquiera que le escuche. Una de las más memorables escenas del arco de Dany, la Casa de los Eternos, está plagada de profecías.
Para el lector, que echa un mejor vistazo al panorama general que los protagonistas de la historia, intentar descifrar estas muy metafóricas profecías se ha convertido en un juego divertido; e intentar descubrir cuales de estas profecías ya se han cumplido es otra fuente de entretenimiento sin fin. De hecho, lo han hecho tantas personas tan bien, que apenas ya se puede discutir quiénes son las cabezas de dragón, las monturas que Dany debe cabalagar y quién es exactamente Azor Ahai renacido. En lugar de ello, echaremos una profunda mirada a lo que las profecías significan para la gente en Poniente y en Essos. Cómo reaccionan a la profecía, qué hacen con ella y qué rol juega en sus vidas.
Ambos lados del Mar Angosto son tierras gobernadas por élites que desdeñan la superstición o lo que ellos piensan que es la superstición. Los famosos grumkins y gamusinos son con frecuencia los referentes de ello: quien crea en cualquier cosa mágica creerá también en ellos y otros cuentos para niños; y por tanto no se le puede tomar en serio.
Gran culpa de esto debe ser atribuida a los maestres de la Ciudadela. Son hombres instruidos y sabios que pueden ser visto como una especie de científicos medievales y se oponen frontalmente a la magia. Aconsejan a cada importante noble y a su progenie, así que su visión del mundo tiene un tremendo impacto en las mentes de la nobleza de Poniente. La actitud prevalente ha ido en contra de ideas como que los sueños proféticos se pueden hacer realidad, las velas de obsidiana ardiendo o los dragones volviendo a surcar los cielos.

En Essos, la élite está constituida algo más en base a riqueza y méritos, pero aún así no hay lugar para la supersitición: cuando números, monedas y libros de cuenta forman todo lo que eres no caben las historias mágicas. En Essos, como en Poniente, la magia y la profecía son el dominio de los religiosos, los niños, y por supuesto, de las clases bajas: los que son lo suficientemente ignorantes para creer en esas cosas.
No es casual que la religión con mayor carga mágica, el culto a R’hllor, es, en su base, la fe de los pobres. Las cansados y pobres masas se unen junto a las fogatas, mientras las élites se encierran en sus más aristocráticas creencias, si es que tienen algunas. Es difícil imaginar a gente como Illyrio Mopatis dando un segundo vistazo a la idea del “Príncipe que fue prometido” o al “Dragón del titiritero”. Las cosas son o no son.
Cuando la estrella roja sangre y reine la oscuridad, Azor Ahai volverá a nacer entre el humo y la sal para despertar a los dragones de la piedra
Davos III, Tormenta de Espadas
Así que uno de los grandes misterios es cómo alguien como Stannis Baratheon, tan enraizado en la idea de lo mundano, donde las leyes son hechas y obedecidas por los hombres, se une a una mujer como Melisandre de Asshai. Inicialmente, su relación con ella es puramente utilitarista: ella tiene sus usos, que pueden ser o no mágicos.
No es hasta después de la Batalla de Aguasnegras cuando realmente cree en ella, cuando finalmente reconoce las superiores habilidades de Melisandre en un arte que no puede entender y no intenta hacerlo. Se uniría a la fe, aplicando su sentido del deber no solo a su rol como rey sino también como Azor Ahai. Probablemente, lo ve como otro peso que debe soportar en base a su nacimiento y situación: Stannis nunca abrazará el fervor religioso como haría un Lancel Lannister.

Pero no duda en aceptarlo del todo. Cuando decide creer a Melisandre (de nuevo, no sabemos por qué y cómo esto sucede) ordena quemar a los antiguos dioses, toma un nuevo símbolo y fuerza a sus banderizos a hacer lo mismo. En el corazón de su conversación religiosa y la siguiente guerra que cada vez parece más una yihad está la profecía de Azor Ahai, traída al lector (y a Davos Seaworth) por cortesía de Salladhor Saan. De él, aprendemos que Azor Ahai, el héroe de los héroes, solo podía forjar su espada mágica Portadora de Luz sacrificando lo que más quería, su esposa Nissa Nissa.
Así que, si Stannis es Azor Ahai reencarnado y realmente cree en esta profecía, ¿qué sacrifica? Cuando gana a su Portadora de Luz, que es falsa según el maestre Aemon (un hombre cuyo testimonio no debe ser tomado a la ligera), quema a los Siete, una fe que seguramente nunca quiso. De hecho, Stannis no parece amar demasiado: no a su mujer, quizás a su hija, no al trono que quiere conquistar, ni al Dios que ha elegido, ni a la mujer roja con la que yace.
El sacrificio es algo natural para él. No tiene problemas en sacrificar a gente, porque él sacrifica tanto en nombre del deber: su honor y su dignidad han ido desapareciendo mientras gobernaba Robert y la única cosa que le quedaba, el sentido de la justicia, parecía haber desaparecido en Puenteamargo con la muerte de Renly.
Si Stannis cree ser Azor Ahai – otra cosa de la que no podemos estar del todo seguros – entonces aún más sufrimiento está por venir. Un Stannis Baratheon que cree que es es el legítimo heredero y que su deber es ascender al trono, incluso sin querer hacerlo, es alguien que literalmente no parará ante nada si se llenara con un fervor religioso de creer que es el elegido. La imagen de él rumiando sus pensamientos en una torre solitaria en Danza de Dragones, observando las nieves y solamente saliendo para ver un sacrificio a R’hllor es la viva imagen de qué tipo de rey sería. Es como la profecía de Meñique a Lord Eddard Stark: Stannis de rey implicaría guerra y sufrimiento.

Alguien tan determinado como para sufrir el invierno norteño solo para luchar una guerra que parece futil no es alguien que querrías que fuera destinado por los dioses para sentarse en el Trono de Hierro. Pero la profecía no llega a Stannis por casualidad. Fue traída por una mujer con una misión, no realmente sancionada por su institución religiosa. Melisandre de Asshai está convencida de que sabe quién es Azor Ahai y es su tarea despertarle en su camino. En una manera de iniciar los eventos, es el espejo de Meñique, susurrando en los oídos de un poderoso noble, poniéndole en movimiento.
Su creencia, lo sabemos ahora (gracias a Danza de Dragones) es genuina. Ella es, sin embargo, una figura del poder político. No es tímida en usar su credibilidad como profeta para impulsar a la gente. Su quema de las sanguijuelas es un ejemplo claro de ello: vio las muertes de Renly, Robb y Balon en las llamas y creó un espectáculo para impresionar a Stannis y que le diera lo que ella quería.
Ella necesita construir credibilidad desesperadamente: no sólo es una extranjera que predica a un dios extranjero, sino que también proclama una profecía que básicamente nadie ha oído, e intenta convencer a otros de iniciar una guerra en base a ello. Por supuesto, el problema con todo esto es que ella está equivocada: interpreta mal las visiones sin saberlo y compremete a todos a sufrir en base a la simple vanidad de querer ser un visionario.
Aunque la profecía de Azor Ahai es un punto clave en Poniente, en torno al 299 DC, solo un puñado de personadas parecen saber sobre ella y la mayoría son banderizos de Stanns. Es interesante que la profecía nunca fuera discutida en un Consejo Privado: en algún momento, la información sobre las creencias de Stannis debe haber llegado a Desembarco del Rey; pero de alguna forma nadie creyó que fuera reseñable que el contendiente que habían considerado como el más peligroso se había convertido a una religión que le consideraba como su mesías.

La religión no es algo que se tomen demasiado en serio la nobleza de los reinos sureños, obviamente. Pero sin ella, podría ser que Stannis jamás hubiera zapado. Ciertamente, no habría tenido seguramente medios para derrotar a Renly. Sin la interferencia de Melisandre, alimentado por un fuego ardiente de una profecía cumplida, Poniente sería un lugar diferente. Su impacto no puede ser tomado a la ligera.
Esto es aún más cierto si miramos atrás 19 años. Rhaegar Targaryen también creía en una profecía: el Príncipe que fue Prometido. Hay mucho debate sobre si este legendario príncipe es idéntico a Azor Ahai o no, pero la verdad es que no sabemos gran cosa sobre la propia profecía (y, en cualquier caso, éste no es el lugar sobre esta discusión). Lo que es más importante sobre ello es cómo influencia a los sucesos que tendrían lugar.
Cuando era niño, Rhaegar leyó algo en un pergamino – la predicción del príncipe, seguramente – y decidió que era la hora de convertirse en un guerrero. Aunque tenía cierto talento, nunca fue Aemon el Caballero Dragón; y más tarde cambió de opinión y asignó el rol del predicho príncipe a su hijo, Aegon. Él sin embargo vio esto como su deber para poner en movimiento las cosas para que se cumpliera la leyenda: como Melisandre (y en menor medida, Stannis) tomó esto como su responsabilidad personal para hacer lo que el destino le ordenaba.
No se sabe el razonamiento exacto de sus acciones, pero seguramente tuvo que ver en su decisión de fugarse con Lyanna Stark. Directamente esto fue la causa de la Guerra del Usurpador, la caída de la Casa Targaryen y las muertes de Rhaegar y su hijo, cuya cabeza fue notoriamente aplastada contra un muro. La Rebelión de Robert no puede ser imaginada sin las acciones de Rhaegar, prendiendo la mecha que llevaría a los asesinatos de Rickard y Brandon Stark y también a la petición del Rey Aerys a Jon Arryn.

El Príncipe que fue Prometido y Azor Ahai son como mínimo similares en su escala de impacto. Los dos predicen la llegada de un mesías que va a luchar contra un importante y poderoso enemigo, envuelto en frialdad y oscuridad en oposición al fuego y la luz. En el caso de Azor Ahai, la profecía está unida a la fe de R’hllor; mientras que el Príncipe que Prometido parece algo más exclusivo de los Targaryen…pero ambas tienen el mismo resultado sin escapatoria.
Las dos grandes guerras en los últimos veinte años, la Rebelión de Robert y la Guerra de los Cinco Reyes, han sido mayormente definidas por extrañas y mayormente desconocidas profecías que fueron promulgadas por actores claves que creían en ellas. No es importante que convencieran a otros: Rhaegar tanto como Stannis actúan en sus propios términos, mostrándose por encima de los intereses menos relevantes de sus inferiores; y ambos fueron mal aconsejados para hacerlo.
Esto no es una exclusiva de ellos o de este tipo de profecía, sin embargo. Además de Melisandre, la doble novela que es Festín de Cuervos y Danza de Dragones nos trae a otro profeta, alguien incluso denominado así en uno de los capítulos desde su punto de vista: Aeron Pelomojado. El sacerdote Greyjoy es una figura más ambigua en cuando a ser el campeón de una profecía, pero eso solamente lo sabe el lector.
Él mismo cree que puede oír al Dios Ahogado en el rugir de las olas y un creciente número de seguidores opina lo mismo. En las Islas del Hierro, Pelomojado es una figura respetada por su convicción inquebrantable. No articula una clara profecía como Melisandre, por supuesto, y con frecuencia cubre inseguridades con frases estrenduosas pero vacías, pero es sin embargo un profeta, en el sentido de ser el portavoz de su dios más que en dar predicciones a su gente.

Que él habla con autoridad divina se hace evidente cuando declara que solo un hombre piadoso puede sentarse en el Trono de Piedramar y convoca una Asamble Real. Profetiza que el Dios Ahogada hará que su voluntad se conozca en Antiguo Wyk, eligiendo a un nuevo rey para ellos (alguien que, sin duda, debería ser Victarion Greyjoy) y liderará a los Hijos del Hierro a una nueva era de hierro. Por supusto, Aeron no sabe lo que sucederá en Antiguo Wyk: de manera inadvertida pondrá en marcha los eventos que llevarán a Euron Ojo de Cuervo a ascender al trono. La conclusión aquí es, de nuevo, que la profecía ha dado forma a los destinos de pueblos enteros.
—Los antiguos dioses están inquietos y no me dejan dormir —oyó decir a la mujer—. Soñé, y vi una sombra con un corazón llameante que mataba a un venado de oro, así fue. Soñé con un hombre sin rostro que aguardaba en un puente que se balanceaba y oscilaba. Tenía en el hombro un cuervo ahogado con algas colgando de las alas. Soñé con un río turbulento y una mujer que era un pez. Las aguas la arrastraban, muerta estaba, con lágrimas rojas en las mejillas, pero los ojos se le abrieron, y el terror me despertó.
Arya IV, Tormenta de Espadas
El Fantasma de Alto Corazón actúa a una escala mucho menor, al menos hasta hoy. Sueña con cosas que se hacen realidad, aunque de manera muy metafórica; y vende su conocimiento, junto a algunas interpretaciones curiosas, si está de humor para ello. Le vemos dar esa información a la Hermandad sin Estandartes; y Thoros de Myr y Beric Dondarrion parecen tener una mayor experiencia de ella y una mejor comprensión que nosotros los lectores, ya que sus sueños son bastante crípticos si uno no conoce ya los eventos que describe.
No está del todo claro hasta qué punto Beric y Thoros usan al Fantasma como fuente de inteligencia, pero ciertamente se toman la molestia de ir a buscarle. Esto nos asegura que le dan peso a sus pronunciamientos; y también significa que la Hermandad actúa basada en predicciones y visiones entregadas por un profeta (presumiblemente) de los antiguos dioses.

Que ella es un agente de las deidades de los hijos del bosque es un detalle que los propios personajes no pueden posiblemente saber y solamente nosotros como lectores podemos deducir. En Danza de Dragones Ser Barristan Selmy proporciona esta información casi casualmente a Dany, indicando que el Fantasma no solo pertenece a los antiguos dioses sino también lo que es ella: responsable del matrimonio de Aerys II y Rhaella Targaryen; vino a la corte con Jenny de Piedrasviejas, el amor de Ducan el Menor, Príncipe de las Libélulas y primer hijo de Aegon V, Egg.
Esto nos impacta por su conexión con Rhaegar, ya que el Fantasma de Alto Corazón (referida como “bruja del bosque” por Barristan) sabía acerca del Príncipe que fue Prometido y dijo a los Targaryen que nacería en la línea de Aerys y Rhaella. Dado que Aerys no parece exactamente el clásico fan de las profecías – a diferencia de Aegon V, Duncan y el amante del Príncipe Duncan, Jenny de Piedrasviejas – es probable que la mayor información de esa conexión fuera destruida en la tragedia de Refugio Estival al morir Egg.
Es también probable que la mórbida fascinación de Rhaegar con las ruinas venga de su descubrimiento de la leyenda en antiguos pergaminos. De esta manera, la antigua profecía une los hilos de la historia y ponen a los actores en movimiento.
Bajo la estrella sangrante: ensayo sobre el rol de las profecías en Poniente (parte II)















