Avanzamos con otro texto de nuestro Especial Mujeres 2020, una iniciativa para celebrar el Día Internacional de la Mujer que tiene lugar el 8 de marzo después del éxito del Especial Mujeres que hicimos en 2018

Este análisis es obra de nuestra amiga la periodista colombiana Juliana Vargas, responsable de las geniales series de ensayos de Los Versos de la Canción y de las Inspiraciones literarias de Canción de hielo y fuego. En esta ocasión se centra en un estudio magnífico sobre Daenerys Targaryen y las tragedias que sufrió como mujer.

Daenerys Targaryen: cuando el feminismo también es trágico, por Juliana Vargas

Cuando vi a Daenerys Targaryen quemar Desembarco del Rey, mi reaccion no fue de sorpresa o incredulidad, no fue de rabia o suficiencia, fue de fascinación. Verla por fin soltando de tan magnífica manera toda su violencia, toda su furia, todo su fuego, fue algo tan espectacular como trágico. A diferencia de los muchos comentarios que leí por ahí, para mí fue la culminación perfecta del personaje más volátil de Canción de Hielo y Fuego. Fue el final que se merecía una de las mayores protagonistas de la saga.

Fue el final perfecto para Daenerys porque fue alguien abusado. Viserys la violentó tanto física como psicológicamente y, al repetir “no despiertes al dragón, hermanita”, hizo que Dany viera al dragón como fuente de miedo. También fue vendida a un khal, fue la moneda de cambio de un ejército y violada noche tras noche.

Fue el final perfecto para Daenerys porque, como respuesta a su abuso, también usó el fuego y la furia como armas. La primera vez que vemos este lado de Dany es, precisamente, cuando se adentra a la pira del funeral de Khal Drogo.

No —hubiera querido decirle—, no, mi buen caballero, no temáis por mí. El fuego es mío. Soy Daenerys de la Tormenta, nacida de dragones, esposa de dragones, madre de dragones, ¿no lo veis? ¿No lo veis?”. Con una erupción de humo y llamas que se elevaron treinta codos hacia el cielo, la pira se derrumbó y cayó sobre ella. Dany, sin el menor temor, avanzó por la tormenta de fuego, llamando a sus hijos”.

Y con esa misma ira responde a la profecía de Mirri Maz Duur, quien le dice que no volverá a tener hijos. Si no volvería a parir, entonces sus dragones serían sus hijos, y con ellos cambiaría el mundo que la rechazó cuando apenas era una niña recién nacida en Rocadragón. El primer paso fue Astapor, cuando vio miles de personas encadenadas y abusadas tanto como ella. En esta ciudad desató a sus hijos de fuego para salvar a las personas que, más tarde, la llamarían mhysa.

Mhysa, mhysa, mhysa, en Yunkai y Meereen le gritaron, y así, al fin, Dany fue lo que Mirri Maz Duur le negó: ser madre.

Pero, precisamente, el final que tuvo Daenerys comenzó aquí, en el inicio de su concepto de maternidad. Por un lado, ella se ve como la madre de dragones. Se ve como el dragón que tanto le asustaba cuando Viserys aún estaba vivo. Esta madre es la vengativa, la violenta, la que toma justicia mediante el fuego. Asimismo, Dany se ve como la mhysa, la madre que acoge a miles de desprotegidos y les otorga el don de la gracia y la compasión.

¿Ven lo que hay ahí? Lo que hay es una diosa. Es la diosa que nació de una pira funeraria, es la diosa para quien nació una estrella; la diosa que, tal como si fuera un personaje bíblico, guió un khalasar por el desierto siguiendo aquella estrella; es la diosa que libera, que hace justicia, que salva. Es una mesías.

Daenerys con sus Inmaculados

Y por esa razón fue que la paz en Meereen le supo a derrota. Sí, a derrota, pues esta paz vino con una muerte, la muerte de una niña de cuatro años a manos de Drogon. Esta muerte afectó tanto psicológicamente a Dany que separó sus dos personalidades como madre

Madre de dragones — pensó Daenerys—. Madre de monstruos. ¿Qué maldición he desencadenado sobre el mundo? Reina soy, pero mi trono es de huesos quemados y reposa sobre arenas movedizas. —Sin dragones no podría gobernar Meereen, y mucho menos recuperar Poniente—. Soy de la sangre del dragon. Si ellos son monstruos, yo también”.

Se reconoció como monstruo, y con ello encadenó al dragón, a aquel a quien mencionaba tanto Viserys, encadenó a Rhaegal y a Viserion. También cedió, se casó con Hizdahr zo Loraq, abrió los reñideros, permitió que Yunkai volviera a ser una ciudad esclavista… cómo no ver la paz como derrota cuando tú eres la diosa y debes rebajarte a las pasiones de aquellos simples o concupiscentes mortales.

Daenerys and Drogon by Afternoon63 on DeviantArt

En este punto, Daenerys empieza a abrazar al dragón, a las palabras y al pasado de su familia. Cuando llega a los reñideros de Meereen, observa que

“[a]l otro lado del reñidero estaban las gracias, vestidas con túnicas vaporosas de diversos colores (…) Los grandes amos de Meereen ocupaban las gradas rojas y naranja (…) Los meereenos de menor categoría se apelotonaban en las gradas superiores, más lejos de la matanza. Los bancos más altos y alejados de la arena, los negros y morados (…)

Aquellos sentados en los bancos negros y morados son aquellos a los que ella alguna vez vio como sus hijos, pero ya no, ya no.

Diez mil gargantas rugieron en agradecimiento; luego, veinte mil; luego, todas. No decían su nombre, que pocos sabían pronunciar, sino que gritaban «¡Madre!» en la arcaica lengua muerta de Ghis; la palabra era mhysa. Pateaban el suelo, se palmeaban el vientre y gritaban: «Mhysa, Mhysa, Mhysa», hasta que todo el recinto pareció estremecerse.

«No soy vuestra madre —podría haber respondido enmedio del clamor—. Soy la madre de vuestros esclavos, de todos los muchachos que murieron en estas arenas mientras os atiborrabais de langostas con miel.»”

Danza de Dragones, por Enrique Corominas.

Ya no son sus hijos porque ya no la siguen, ya no siguen su verdad sino que prefieren obtener placer de otras fuentes. La llegada posterior de Drogon es el divorcio definitivo entre la madre de dragones y la mhysa. Cuando entra al reñidero, no sólo ataca a los sabios amos, también quema a mujeres, hombres y niños por igual, porque a una diosa no se le contradice.

Finalmente, en medio del cansancio y la derrota, Daenerys sucumbe al dragón, recuerda sus palabras: Fuego y sangre, descubre lo que para ella es ser un Targaryen.

Soy de la sangre del dragón —le dijo a la hierba.

«Lo fuiste —le respondió la hierba en un susurro—, hasta que encadenaste a tus dragones a la oscuridad (…) Te volviste contra tus hijos»

“Os lo advertí, alteza. Os dije que dejarais en paz esa ciudad (…) Sois de la sangre del dragón (…) Los dragones no plantan árboles (…) recordad vuestro lema”.

Los dragones no plantan árboles, Dany no planta árboles. Si vuelvo la vista atrás, estoy perdida”, se ha repetido mil y un veces, y si ha perseguido el Trono de Hierro, lo va a conseguir. Porque es de la sangre del dragón, es una Targaryen, es distinta a los demás. Ha sufrido más que ellos, ha vivido más que ellos, ha sido testigo de milagros e incluso los ha hecho, ha salvado y ha gobernado.

Daenerys y los dragones, por Joshua Cairós

Ellos no saben lo que es la verdad, ella sí, ella es Daenerys, Daenerys, Daenerys, que “Daen” del hebreo significaDios es mi juez” y “Erys” viene del griegodiosa del discurso y la destrucción”. Daenerys de la Tormenta, la que no arde, rompedora de cadenas, madre de dragones, Khaleesi de los Dothraki, Reina de los Ándalos y los Rhoynar y los Primeros Hombres, Señora de los Siete Reinos y Protectora del Reino. 

Quemar Desembarco del Rey no fue consecuencia de un arrebato de locura, fue consecuencia de un abuso, de haber renacido del fuego, de haber sido la madre de tres dragones, de haber salvado a miles y quemar a la misma cantidad de personas. De ser vista como una mesías, como una diosa, y por ende, como infalible y justa.

Quemar Desembarco del Rey fue consecuencia de no acoger a sus habitantes como hijos dado que no estaban de acuerdo con ella. Tal como aquellos hijos que ya no lo eran en los bancos negros y morados de los reñideros de Meereen.

Y ahí también está una gran mujer, pues no estamos ni para ser rechazadas ni para ser objeto de romanticismos. Estamos para ser orgullosas, para creer en nosotras mismas, para seguir nuestros ideales y nuestras metas, para soñar con una casa con la puerta roja; para amar, luchar, caer, levantarse, morir y renacer.

La tragedia de Daenerys Targaryen nos advierte del populismo que no estamos exentos de seguir. Sirve para mostrar los riesgos de la idealización y de la guerra, donde cada vida humana que tomas cuenta. Sirve para mostrar la ambivalencia de nuestra alma, pero también para construir lo que es una mujer. Una mujer no es aquella que pintan en cuadros, no es la inmaculada a la que no se le puede tocar.

Una mujer es orgullo, es la viuda de un khal Dothraki, es una madre de dragones y una saqueadora de ciudades. Es ferocidad, es supervivencia, es la sangre del dragón. Es también la que comete errores y evoluciona gracias a ello. El feminismo también está para reivindicar que no estamos hechas de óleo e idealizaciones, sino de fuego y sangre.