Llega la Reseña de los lectores del sexto episodio de la segunda temporada de La Casa del Dragón. Ya tuvimos nuestro análisis en profundidad Del libro a la pantalla, el directo Anillos y Dragones y las impresiones de un No Lector. Hoy nuestra amiga Cristina Arias, enamorada de la saga y que conoce muy bien Fuego y Sangre da sus impresiones como lectora del controvertido El populacho

La Casa del Dragón 2×06 – El populacho

Por Cristina Arias

Quedan tan solo dos episodios para terminar esta nueva temporada de La Casa del Dragón y me invade la incertidumbre. En este último episodio hemos visto no ya una serie de licencias artísticas propias de una adaptación audiovisual de un producto literario, sino que directamente hay elementos del canon que se han roto.

La mayor parte de las decisiones me parecen acertadas, puesto que el guion de la serie ha hecho crecer a muchos personajes y ha profundizado en diversos aspectos de su personalidad y en el desarrollo de su arco de manera muy positiva. Sin embargo, aquí se me plantean dudas que, lejos de ser estimulantes, me preocupan.

Comencemos por el principio. Sabéis que, siempre que el tapiz muestra nuevos elementos, me gusta comentarlos. Es un detalle que aporta mucho a la serie y que hace la intro mucho más vistosa. La batalla de Reposo del Grajo, con los dos dragones caídos y Aemond victorioso en el centro me ha parecido muy reveladora. Ahora estamos en el momento triunfante del Príncipe Regente. ¿Cuánto durará esta situación? ¿Será su triunfo una victoria real?

Pongámonos en contexto: Comienza el episodio con las tropas Lannister llegando al Colmillo Dorado para unirse a las huestes de los Lefford. En un alarde del pijismo y el poderío que siempre desprenden los de Roca Casterly, incluso llevan un par de leones, emblema de su casa. El plan de Aemond se está desarrollando ante los intentos fallidos de Daemon de conseguir reagrupar a las casas de las Tierras de los Ríos. La victoria de Reposo del Grajo otorga a los Verdes una ventaja que, en opinión del Regente, no deben dejar pasar.

La idea es que los Lannister, junto con los Lefford, ataquen Harrenhal por el oeste, mientras que Ser Criston y las tropas supervivientes en la batalla anterior, ataquen por el este. De nuevo, vemos el temor de los nobles ante los dragones, pues los piden como protección o como arma sin ningún tapujo. Lord Jason Lannister exige a Vhagar para vencer a Daemon, pero esto no hace sino aumentar la ira de Aemond, quien tiene claro que desea presentarse en Harrenhal con su dragona y está deseando enfrentarse a su tío, pero cuando él considere.

Y es que Aemond ya ha tomado las riendas del Consejo con mano de hierro. No tolera que se le lleve la contraria y tiene claro que hay personas que no le sirven o que no están siendo eficientes. El poder que se consigue con traiciones no puede ser mantenido sin paranoia (que se lo pregunten a MacBeth) y Aemond decide eliminar todo elemento que le haga sombra y no ausentarse de la corte más de lo necesario.

En primer lugar, ser Tyland Lannister debe negociar con la Triarquía para intentar frenar el bloqueo que los barcos Velaryon ejercen sobre Desembarco del Rey. Después, tras un fútil intento de ser Larys Strong por convertirse en Mano a base de adulaciones, Aemond nombra a ser Otto Hightower. Alicent, por otra parte, es apartada definitivamente del Consejo para dedicarse a labores más domésticas, como el cuidado de su hijo Aegon.

Ser Criston, ser Larys y la reina viuda están fuera de combate. El breve y torpe legado de Aegon se está yendo al garete y Aemond parece más que satisfecho con sus planes. Pero aún le quedan tres elementos por poner a raya.

El primero parece controlado. Aemond va a los aposentos de su hermano a dejarle claro que no debe recordar el intento de su propio asesinato, aplastando sobre su pecho la bola que tanto le pesaba, que tanto le aburría al rey que no quería gobernar. Esa bola ahora es una amenaza del dolor que le espera si no se refugia en el silencio y en una larga convalecencia. Aterrorizado, Aegon se sume en el silencio.

Menos mal que ser Larys, una vez que ve que con Aemond no tiene mucho que rascar, decide hablar con el rey convaleciente y convencerlo de que intente recuperarse y luchar para salir adelante. Puede que haya más de un personaje a quien le convenga la vuelta del rey-marioneta. ¿O no será Aegon tan manejable como antes?

En segundo lugar, la designación de ser Otto nos hace ver que Aemond no hace todo solamente por rencor, aunque no sabemos si la idea saldrá bien, puesto que la casa Beesbury se ha levantado en armas contra los Hightower después de que ser Criston asesinara al antiguo Consejero de la Moneda. En Antigua hay problemas que solucionar y ser Otto no responde a la llamada de su nieto.

El tercer eje en discordia es el que nombra el propio capítulo. Como lectores, sabemos que el pueblo tiene un papel determinante en esta historia. Aunque parezca la épica narración de una guerra entre poderosos, la gente de a pie sufre las consecuencias de las pésimas decisiones y las rencillas de quienes la gobiernan.

En este caso, seguimos viendo cómo el bloqueo hace pasar hambre a la población, cada vez más descontenta con el bando Verde, que no resuelve nada pero que sí tiene carne para alimentar a los dragones. Este odio hacia las bestias también será importante en el futuro.

Sin embargo, Aemond no parece preocupado por las quejas del pueblo, y no entiende que no culpen a Rhaenyra, que es quien ha provocado el bloqueo. Esto da la oportunidad a Mysaria de llevar a cabo el plan que había trazado con Rhaenyra y enviar alimentos a Desembarco del Rey para que la gente la apoye como reina mientras esparce rumores sobre la buena vida que se pegan en la Fortaleza Roja. En realidad, se trata de una jugada parecida a la que hizo ser Otto Hightower con el cortejo fúnebre de su nieto. Ahora, la balanza parece inclinarse del lado de los Negros.

Desde hace varios capítulos vengo señalando la soledad de Alicent. Cada vez le quedan menos opciones, y decide hablar con su hermano Gwayne antes de que este parta a las Tierras de los Ríos para hablar sobre el único hijo que se ha criado lejos de ella, y del que ya se nos había mencionado algo anteriormente. Lo que sacamos en claro es que Daeron parece un joven ideal, y que Alicent ya tiene una correa más en el látigo para fustigarse, pues el único hijo que no ha criado es el que no está envenenado por el ambiente de la corte.

Tras esto, Alicent le propone a Helaena el planazo de ir al septo a rezar por la recuperación de Aegon. La joven reina, que está escamada por un grillo que, simbólicamente, ya no canta más, decide acompañar a su madre. ¡Qué distinta esta salida de aquella del cortejo fúnebre! Los habitantes de Desembarco del Rey acorralan a madre e hija, les arrojan pescado y las increpan.

Los Capas Blancas, que ahora son los amigotes de Aegon, no saben reaccionar y cercenan el brazo de un pobre hombre que pasaba por allí (¿El futuro Pastor?). Al final, la turba acaba prácticamente con ellos, mientras Helaena y Alicent se refugian en el carruaje. Y ya que hablamos de paralelismos, no dejemos pasar el detalle de Alicent y su herida en el brazo, muy similar a la que le infligió a Rhaenyra en la primera temporada. ¿Cuántas cosas siguen uniendo a estos dos personajes a pesar de los conflictos?

La trama de Harrenhal parece llegar a algún momento culminante. Los últimos sueños de Daemon están marcados por la relación con su hermano. Daemon, arrepentido y alucinado, se cansa de la situación y reacciona como el Príncipe Pícaro que es; huyendo del lugar. Antes de su partida, Alys Ríos reflexiona con él sobre uno de los temas centrales de la serie: qué es ser un buen gobernante. Según ella, el buen rey es aquel que no anhela la corona, precisamente porque comprende la gran responsabilidad que supone. La mera ambición no sirve para gobernar bien.

Tres días después de que Daemon “no haga nada” (otra idea en paralelo de lo que se le dijo a Aegon), Alys parece haberse encargado de los problemas de Daemon, pues lord Grover Tully fallece y por fin su nieto puede unificar a las casas de las Tierras de los Ríos en favor del rey consorte. Y Daemon llora. Se da cuenta de que sus aspiraciones no sirven de nada y de que hay situaciones que no ha sido capaz de controlar. Ahora, por fin, podrá conseguir el ejército que Rhaenyra necesita y completar su arco de personaje esta temporada. Y nosotros lo agradecemos profundamente.

Ya en el anterior episodio apreció el Valle y desde aquí se pone de relieve un tema mencionado más arriba; los nobles necesitan dragones. Los temen y por eso comprenden la ventaja que supone tener alguno para defenderse. Rhaena llegaba al lugar solo con los huevos y un bebé dragón. Sin embargo, descubre junto con Joffrey que hay un dragón salvaje en esa zona, del que los Targaryen no sabían nada.

Por lo que sabemos del libro, ese dragón no puede ser otro que Robaovejas, y también podemos responder a la pregunta que me hacía yo unas reseñas atrás. Todo lleva a pensar que Ortigas no va a aparecer y que su papel como jinete de este dragón va a recaer en Rhaena.

Además, lady Jeyne Arryn nombra la coca mercante Alegre abandono para que la joven y los niños viajen a Pentos. Sabemos que va a haber problemas en ese viaje, pero no tengo claro hasta qué punto los sucesos de Fuego y sangre se reproducirán tal cual en la serie. Sería un momento de catarsis para terminar la temporada, pero quién sabe.

Y aquí llegamos al tema de los dragones. De entrada, el hecho de que haya un dragón salvaje suelto por la zona del Valle es una licencia de la serie, puesto que los dragones son sedentarios y gustan de vivir en zonas muy concretas, a saber: Rocadragón, Pozodragón o cuevas y cavernas. Como excusa para unificar la trama de Rhaena con la Ortigas no me parece del todo mal, más adelante habrá otros elementos que me chirrían más.

Rhaenyra y Jacaerys han estado investigando a supuestos descendientes de los Targaryen para encontrar algún jinete extra que les permita igualar las tornas para ganar la guerra. En una estructura que recuerda a los cuentos clásicos, solo indagan en las casas nobles y la propia serie se inventa a un personaje Targaryen ficticio para justificar la elección de ser Steffon Darklyn. Al igual que en el libro, el lord Comandante de la guardia real no acaba bien y termina abrasado por Bruma, antiguo dragón de Laenor Velaryon.

Rhaenyra, pues, está desesperada. La estrategia de las semillas no funciona, su consejo la ignora, ella se siente inútil para tomar decisiones bélicas y hasta ve que su hijo no la tiene muy en cuenta. Toda esta frustración estallará en forma de bofetada a lord Bartimos Celtigar. De nuevo, ¿qué es un buen gobernante? ¿Ser respetado en lo mismo que ser temido? ¿Ser mujer implica un menor respeto? El arco de Rhaenyra hacia la paranoia y la venganza aún tiene que desarrollarse, pero estos detalles nos ponen en el camino de oscuridad de la Reina Negra.

Como se ha señalado más arriba, sólo el plan de Mysaria parece surtir el efecto deseado. La conversación que tienen ambos personajes es muy interesante, puesto que ambas se sienten comprendidas la una por la otra, en un mundo en guerra, rodeadas de hombres que las menosprecian. Esta tensión y confianza mutua deriva en un abrazo y un beso.

Me niego a comentar la idoneidad de un beso lésbico en una serie de ficción en pleno 2024. Lo que sí me parece interesante es lo que podemos elucubrar como lectores a partir de él y a efectos de la trama. Sabemos que Mysaria es, ahora mismo, una Consejera de los Rumores en la sombra, y que más adelante ostentará ese cargo por pleno derecho. Fuego y sangre nos la presenta como una mujer intrigante y manipuladora que acabará influyendo muy negativamente en la reina.

En mi opinión, este beso y la empatía que demuestra Rhaenyra en la serie pueden ser una muestra de debilidad y entrega hacia la única persona que parece comprenderla, pero que quizá en el futuro le cueste muy caro y haga que Rhaenyra tenga una confianza ciega en un personaje que no es del todo fiable. Lo demás no tiene ningún sentido.

¿Y los dragones? En Fuego y sangre, el proceso de búsqueda de las semillas del dragón se conoce como la “Cosecha Roja”, y esta comienza con la muerte de ser Steffon y otra veintena de personas que no tenían relación con la sangre Targaryen. Tras ellos, llegarán Ulf el Blanco (o el Piripi) y Hugh Martillo, quienes en la serie están luchando por sobrevivir en Desembarco del Rey. Cómo llegarán a Rocadragón es aún un misterio. Puede que la excusa sea a través del llamamiento que hace Jacaerys en el libro:

“Cualquiera capaz de domar a un dragón obtendría tierras, riquezas y el nombramiento de caballero; sus hijos serían nobles, sus hijas se casarían con señores, y ellos tendrían el honor de luchar junto al príncipe de Rocadragón contra el usurpador Aegon II Targaryen y sus traidores aliados” .

Dos personajes destacados del libro también lo han sido a lo largo de esta temporada. Addam y Alyn de la Quilla, que la serie asume directamente como hijos bastardos de lord Corlys y que en el libro se sospecha, pero se piensa en un momento dado que podrían ser vástagos de Laenor. De hecho, Addam reclama a Bruma a expensas de su madre una vez que su supuesto padre ha fallecido, y se dice que

“Cuando Addam de la Quilla montó a Bruma, el dragón de Laenor, la pretensión de su madre cobró credibilidad”.

Tras esto,

“Lord Corlys se atrevió a pedir a la reina que quitase a los dos hermanos el estigma de bastardos; cuando el príncipe Jacaerys secundó la petición, su alteza accedió, y Addam de la Quilla, semilla de dragón y bastardo, se convirtió en Addam Velaryon, heredero de Marcaderiva”.

Por lo tanto, ya tenemos claro lo que va a pasar con los hermanos de la Quilla y con lord Corlys, recién nombrado Mano de la Reina. Podemos deducir, entonces, que la trama acabará convergiendo en la idea del libro de que Jacaerys consigue cuatro nuevos jinetes de dragón: Addam, Hugh Martillo, Ulf el Blanco y Rhaena. El problema está en el cómo.

Si tomamos como fuente los libros relacionados con el mundo de Canción de Hielo y Fuego y algunos apuntes que George R.R. Martin ha aclarado en entrevistas o desde su blog, los dragones se vinculan a un jinete hasta su muerte, es el jinete el que reclama al dragón y este último el que acepta o no a su jinete. En la serie, Rhaena intentó reclamar un dragón y este la rechazó, y hace tan solo unas escenas hemos visto a Bruma rechazar de la peor manera a ser Steffon.

¿De dónde sale la idea de que sea Bruma quien persiga a Addam después de rondar a su alrededor durante días? Y, ¿no se suponía que en la serie Laenor no había muerto? ¿Cómo ha funcionado entonces la vinculación de Bruma y Addam? ¿Únicamente es una cuestión de sangre? ¿Pueden los dragones percibir que quien se les acerca tiene sangre valyria?

Al margen de lo épico y divertido de la escena de la persecución, y de ese momento que, de nuevo, recuerda a los cuentos clásicos en los que el personaje humilde termina revelándose como una persona digna del privilegio o el honor que sea, no hay nada que justifique esta decisión dentro del canon. Eso sí me parece grave, y no el beso.

Así pues, hemos tenido un capítulo rico en matices e información, con tramas que, más que avanzar, se afianzan o nos dan la esperanza de culminar; y muchas dudas e hilos de los que tirar o sobre los que elucubrar, para bien, en su mayoría; y para mal, en el último aspecto que he comentado. No dudo de que los dos episodios que quedan nos dejarán las expectativas por todo lo alto, aunque, visto el tratamiento del tema de los dragones, tengo mis reservas.

¡Hasta pronto!