Decimos adiós hasta la próxima temporada de La Casa del Dragón a las maravillosas Reviews de los Lectores. Son obra de nuestro amigo Xavi (Sak Stark), que administra la imprescindible Wikia de hielo y fuego. Tuvimos sus análisis en Juego de Tronos y ahora Xavi repasa Fuego y Sangre para comentar su primer spinoff. Y por última semana aborda el formidable capítulo final de la primera instancia de la serie.

La Casa del Dragón 1×10 – La Reina Negra

Por Xavi (Sak Stark) de la Wikia de Hielo y Fuego

Con ‘La Reina Negra’ termina una primera temporada bien merecedora de aclamaciones y elogios. Esta última hora de ‘la Casa del Dragón’ ha servido, principalmente, para definir las lealtades de una  de las contiendas más devastadoras que va a conocer Poniente. La situación va encauzada hacia el caos absoluto, pues ahora sí, se desató la tormenta y comenzaron a danzar los dragones.

El grueso del capítulo va a enfocarse en Rocadragón, el hogar de los Negros durante los últimos años. De inicio, tenemos un tierno encuentro entre Rhaenyra y el joven Luke, que deja un amargo sabor de despedida de cara a lo que ocurrirá más adelante. Del mismo modo abría aquel lejano e inolvidable episodio de las Lluvias de Castamere, salvando las obvias distancias: el inminente adiós entre madre e hijo, ante un tablero de guerra.

Es en la cámara de la Mesa Pintada donde se reciben las nuevas en forma de disgustos: Viserys ha muerto, y con el desprecio a su memoria y deseos, se ha coronado a Aegon como nuevo rey. Desde este punto, empezamos a ver que las reacciones impactan sobremanera tanto en Daemon como en Rhaenyra. Sin embargo, cada uno llevará las tribulaciones a su método y ritmo, por lo que terminarán chocando en cierto punto.

Llama la atención el talante neutral de Rhaenys en este punto. ¿Por qué mantiene la duda de a quien jurar lealtad? Ha sido ‘prisionera’ de los Verdes, los niños Velaryon están bajo amenaza (y por extensión las nietas de Rhaenys), además del complot de Ser Vaemond. La ‘Reina que nunca fue’ debería estar ya posicionada, pues no solamente está ligada por sangre, sino también por frentes comunes.

“En Rocadragón no se oyeron vítores; por los salones y las escaleras de la Torre del Dragón Marino resonaban chillidos procedentes de los aposentos de la soberana Rhaenyra Targaryen, quien bregaba y se estremecía en su tercer día de parto. No salía de cuentas hasta el siguiente giro de la luna, pero los acontecimientos de Desembarco del Rey habían infundido en la princesa una furia implacable.” – Fuego y Sangre

Las primeras consecuencias son casi instantáneas. Como si de una metafórica puñalada se tratara, el bebé que espera Rhaenyra se adelanta, causando grandes dolores a la princesa. Entre diferentes primeros planos con Syrax, quien parece sufrir a la vez que su jinete, se nos trae nuevamente el enigma de si estas magníficas bestias tienen un vínculo más profundo con los Targaryen, como ya se vio con Caraxes y Daemon en el tercer episodio.

Respecto a estos dos últimos, en paralelo tiene lugar la fundación de la Guardia de la Reina, con Jace como asistente privilegiado. El Guiverno Sanguíneo se exhibe realmente amenazador mientras se dejar resbalar sobre las rocas como una anaconda, peligroso y despiadado como su homólogo.

El parto prematuro termina como hacía presagiar, en forma de tragedia. No hay una imagen clara sobre el aspecto de la criatura, si más o menos deforme, pero debe ser un momento atroz si las matronas son incapaces de mantener la mirada fija.

Se puede especular si en verdad los cronistas exageran en sus líneas sobre apariencias dragonescas o no, pero lo que está claro es que no es la única ocasión que pasa en esta familia. Y se debe tener presente también el tema de la magia de sangre, un conocimiento que según se dice, se perdió en parte con la Maldición de Valyria, y que ha alimentado curiosas teorías sobre orígenes.

“Cuando al fin llegó al mundo el infante, en efecto, resultó ser un monstruo: una niña que nació muerta, contrahecha y deforme, con una oquedad en el pecho en el lugar que debería ocupar el corazón y una corta y gruesa cola escamosa. La niña difunta había recibido el nombre de Visenya. «Era mi única hija y la han matado. Me han robado la corona y han asesinado a mi hija, y es menester que lo paguen.»” – Fuego y Sangre

Tiene lugar la cremación, y posteriormente una coronación inesperada. Llega Ser Erryk, el capa blanca que echó un cable a Rhaenys en la capital, y además ha traído la corona de Viserys para su legítima heredera. Rhaenyra es proclamada reina por su esposo, y el gemelo pronuncia su juramento de lealtad, que bien recuerda a las palabras de la Guardia de la Noche. No en vano, esta organización se confeccionó en su día con un código muy similar al de los cuervos negros.

Comienza el primer consejo de guerra de la reina Rhaenyra, y como primer detalle en el apartado visual, resaltar la gran idea de ‘iluminar’ la Mesa Pintada. Mucho fuego y mucho R’hllor, pero a Melisandre nunca se le ocurrió esto en Rocadragón…

La secuencia que sigue es un deleite para el público lector. La planificación por parte de los Negros comienza en serio, pasando lista primero por las casas aliadas y otros potenciales partidarios, luego los dragones vivos que hay en cada bando, y también los restantes que reposan en Montedragón.

La asamblea es interrumpida por una nueva llegada sin invitación. El estandarte de un dragón verde de tres cabezas ondea a las afueras de la fortaleza. Buena decisión con el aparente cambio de blasón. En esta tensa escena de encuentro con Otto Hightower, se acoplan varios elementos que trasladan al robo del huevo de dragón del segundo episodio: mismo lugar, mismos presentes, mismo aterrizaje de Syrax… Pero no en el tono, siendo este mucho más lúgubre e inquietante que el de entonces.

Mejorando respecto a la narración, Ser Otto está excelso en esta tarea de emisario, mientras recita de memoria los términos de paz de Desembarco del Rey, y enumerar los símbolos que respaldan la legitimidad de su nieto como monarca. La oferta de concordia parece jugosa para los intereses de la familia de Rhaenyra, pero claro, ello implica hincar la rodilla ante un rey indigno y pernicioso.

La Mano además decide jugar la carta emocional, mostrando la página del libro sobre Nymeria que las amigas de juventud leían en tiempos mejores. ¿Señal de que se viene spin-off? En todo caso, la respuesta final tendrá que sopesarse.

“—Un gran maestre debe conocer la ley y obedecerla —dijo Rhaenyra a Orwyle—. No sois un gran maestre, y no atraéis sino vergüenza y deshonra a esa cadena que portáis. —Mientras Orwyle protestaba débilmente, los caballeros de Rhaenyra lo despojaron de la cadena propia de su cargo y lo obligaron a prosternarse. Al expulsar a Orwyle y a los otros enviados, añadió—: Decid a mi hermano que tendré mi trono, o si no, tendré su cabeza.” – Fuego y Sangre

Rhaenyra y Daemon acaban discutiendo acerca de la propuesta. La reina no quiere gobernar sobre las cenizas y la destrucción, mientras que el príncipe desata la irá del dragón, pues considera que la guerra ya les ha sido declarada.

El impulso de agarrar del cuello a su esposa sobra, pero el asunto de la profecía de Hielo y Fuego es demasiado para la paciencia de Daemon, quien hasta entonces se contenía cual león enjaulado. Siempre ha creído que un rey debe ser un líder fuerte y respetado, todo lo contrario que Viserys, del que considera ha sido por manipulado por demasiado tiempo, y finalmente asesinado por los Verdes.

Es este preciso momento en el que Daemon ve en Rhaenyra al mismísimo Viserys, por su llamada a la cautela y a los sueños sibilinos. El enfado es comprensible, pero en esta versión de la pequeña pantalla, destacar que Rhaenyra está haciendo las cosas bien desde el principio.

El Señor de las Mareas se encuentra vivo y coleando, y de paso se pone al día de cuanto ha acontecido. Lord Corlys, ahora desde una postura más reflexiva, lamenta sus errores cometidos, y se une de forma fehaciente a la causa de Rhaenyra. Los Negros contarán con la Flota Velaryon, una armada que ha encontrado la victoria final sobre la Triarquía en los Peldaños de Piedra, controlando a partir de ahora el tráfico del Mar Angosto.

Pronto suenan más nombres familiares. Se precisa que la Casa Stark de Invernalia y la Casa Baratheon de Bastión de Tormentas recuerden los votos de fidelidad que décadas atrás dieron a la Princesa de Rocadragón. Dado que los dragones son más rápidos (y convincentes) que los cuervos, y que los Verdes podrían estar también acumulando apoyos, Jacaerys y Lucerys son enviados al Norte y al Sur respectivamente.

Mientras tanto, Daemon se aventura en las entrañas de Montedragón. Entre la oscuridad se topa con Vermithor, conocida como la Furia de Bronce, la colosal montura que perteneció al rey Jaehaerys I. Todo indica que próximamente se abrirá el casting de las semillas de dragón…

“Su hermano Lucerys estuvo de acuerdo e insistió en que Jace y él ya eran hombres o, para el caso, estaban a punto de serlo.

—Nuestro tío nos acusa de ser Strong bastardos, pero cuando los señores nos vean a lomos de dragones, se darán cuenta de que es una falacia. Tan solo los Targaryen somos jinetes de dragón.” – Fuego y Sangre

En su comparecencia a Bastión de Tormentas, el joven Luke descubre que no es el único mensajero real del día. El príncipe Aemond el Tuerto y su dragón Vhagar también están en el lugar. Desafortunadamente, por parte del rey Aegon se ha realizado una mejor proposición, ofreciendo al tosco Lord Borros Baratheon un acuerdo matrimonial con una de sus Cuatro Tormentas, y así ganar su alianza.

Incapaz de nivelar la oferta, Lucerys es invitado a salir con viento fresco, y que no desperdicie más el tiempo. El príncipe Aemond aprovecha la oportunidad para hostigar a su sobrino, exigiendo airado la deuda del ojo que le sacó en el pasado. Así mismo, se despoja del parche para mostrar el icónico zafiro colocado en la cuenca.

Lord Borros, quien debe tener presente que varios años atrás se pegaron allí un Blackwood y un Bracken con catastrófico resultado, no está dispuesto a tolerar nuevos derramamientos de sangre en su morada. Este instante era clave para la provocación de Maris Baratheon llamando cobarde a Aemond, pues ya vimos como se las gastó el irascible príncipe con el asunto del cochinillo en la cena familiar.

Nadie se va a ir de rositas. Es más, la recta final del episodio va a reunir los ingredientes para ofrecer una cinta de terror.

El príncipe Aemond en Vhagar persigue al príncipe Lucerys, por Doug Wheatley

Luke se apresura en abandonar la fortaleza en Arrax entre rayos y truenos, ahora que ya ha olido el peligro del todo. Su dragón parece estar también muy inquieto, y eso nunca ayuda ante un panorama de violenta tempestad. Los cielos de esas tierras hacen auténtico honor a su nombre.

Al poco rato y como sospechaba, Luke es perseguido por Aemond, quien va a lomos de su titánica nave de fuego y carne, burlándose de él cual Joker. El pequeño dragón consigue escabullirse momentáneamente como un murciélago, aprovechando la rapidez y su menor tamaño para atravesar espacios más reducidos.

Sintiéndose acosado, Arrax pasa a la ofensiva lanzando una llamarada contra la anciana y malhumorada Vhagar, hecho que le puede costar su perdición. La bestia de Visenya Targaryen pierde los estribos, ignorando las reiteradas órdenes de Aemond, y finalmente se lanza sobre su enemigo con una dentellada mortal. Arrax es despedazado y Luke cae hacia su muerte.

Vhagar y Aemond, Arrax y Luke Velaryon, por Sam Hogg

“De haber estado el cielo más calmado, el príncipe Lucerys podría haber huido de su perseguidor, pues Arrax era más joven y rápido, pero «aquel día era tan negro como el corazón del príncipe Aemond». Los que observaban desde la muralla vieron ráfagas de fuego a lo lejos, y oyeron un grito por encima de los truenos. A continuación, las dos bestias se enzarzaron en el cielo hendido de relámpagos. Vhagar era cinco veces mayor que su rival, además de una veterana curtida en cien batallas; si hubo pelea, no debió de ser muy larga. Arrax cayó destrozado y lo engulleron las aguas azotadas por la tormenta de la bahía. Su cabeza y cuello llegaron a la orilla, bajo los acantilados de Bastión de Tormentas, tres días después, convertidos en banquete para cangrejos y gaviotas.” – Fuego y Sangre

¿Qué moraleja podemos aprender de esto? Bueno, como diría Daenerys, un dragón no es un esclavo. Tampoco un Pokémon, ni un arma nuclear que se pueda accionar con un botón a voluntad. Lo que ha ocurrido sobre la Bahía de los Naufragios es algo perfectamente natural, por mucho que se trate de criaturas ficticias.

Como tantos animales salvajes de nuestro mundo que se saben atacados, prevalecen los instintos. El hecho de hacer a los dragones más impredecibles los hace además más interesantes, no solo se les agrega complejidad a los personajes, también a ellos.

Acerca de la intencionalidad del suceso, la versión de la serie nos muestra a un Aemond superado por la situación, y aparentemente sin dar crédito al desenlace. ¿Queda más desvillanizado por ello? Puede ser, pero al fin y al cabo, las consecuencias de sus actos van a ir por el mismo rumbo: a ojos de los Negros y la historia, Aemond es un Matasangre que ha asesinado a Lucerys. No hubo más testigos. Y no sería de extrañar que el propio príncipe, ante el orgullo de no querer reconocer que ha perdido la autoridad sobre Vhagar, termine aceptando esto.

Tras una última mirada de frustración y cólera por parte de Rhaenyra, nos despedimos del primer acto de la Danza de los Dragones.

“En Rocadragón, la reina Rhaenyra se desmayó al enterarse de la muerte de Luke. Mientras el consejo negro debatía cómo responder, llegó un cuervo de Harrenhal. «Ojo por ojo, hijo por hijo. Lucerys será vengado», escribió el príncipe Daemon.” – Fuego y Sangre

Como conclusiones finales, señalar que la adaptación de Fuego y Sangre ha sido más que notable, con sus alteraciones, pero muchas de ellas muy bien recibidas. La faena realizada en vestuarios y banda sonora ha sido de un nivel superior, y localizaciones como Cáceres muy bien aprovechadas, inmortalizada como la capital de los Siete Reinos.

Aclamar también las interpretaciones de muchos miembros del cast (Milly Alcock, Olivia Cooke, Eve Best, Rhys Ifans, etc…), pues algunos de ellos han sido un verdadero descubrimiento.  Y por supuesto, quién nos iba a decir meses atrás, que echaríamos tanto de menos a nuestro para siempre querido rey Viserys, brillantemente encarnado por Paddy Considine.

Solo queda esperar cuando tenga que llegar esa segunda temporada, con rebosantes ganas de ver como avanza la trama, qué nuevos personajes nos encontraremos, y la ilusión de volver a escuchar sonar los violines en las frías tierras del Norte.