
Que Bran Stark acabara como rey al final de la historia de la serie Juego de Tronos fue una gran sorpresa para la mayoría de fans. El propio actor nos confirmó que la información venía de George R.R. Martin. Desde entonces, los aficionado a la saga hemos buscado explicaciones a este hecho. Y la que más encaja, además del Rey Pescador, es la comparación con una legendaria saga de ciencia-ficción, ahora de actualidad por la reciente película: Dune. Lo desarrolla el amigo Xabi Red Fate en este sensacional ensayo que dividimos en dos partes.
El Dios Emperador Bran Stark (1ª parte)

Por Xabi (RedFate)
El final de Juego de Tronos nos sorprendió con el joven Stark —o Cuervo de tres ojos— nombrado rey de Poniente, con una pobre construcción de este hecho y una peor justificación. Posteriormente se nos reveló que esto no era una invención de los showrunners, como sí lo fue el desenlace de la relación de Daenerys y Jon, sino que en efecto ocurrirá en los libros.
No han sido pocos los que han detectado presagios del destino de Bran, en especial basados en el ciclo artúrico, incluso años antes de la emisión del último episodio de la serie.A pesar de ello, es realmente difícil llegar a concluir cómo Bran acabará como rey, máxime cuando es uno de los personajes más mágicos de la saga y, en apariencia aunque no del todo cierto, se nos muestra apartado de la actividad política en sus últimas andanzas publicadas hasta el momento. Sin para nada negar su brillante actuación como príncipe de Invernalia.
Sólo podemos deducir que magia y política se darán la mano para desembocar en la coronación de Bran.¿Cómo será esta unión? En este ensayo intentaremos no dar una única respuesta tasada sino una serie de posibles respuestas, como no puede ser de otro modo dado el escaso material que manejamos, para que cada uno escoja las piezas que ofreceremos y construya la hipótesis que crea que se acerca más a la futura realidad.

Para ello nos ayudaremos de otra saga literaria que está en boca de todos por su reciente adaptación cinematográfica, Dune, no por su actual vuelta al primer foco sino por las evidentes influencias de la obra de Frank Herbert en CdHyF, del reflejo de la familia Atreides en la familia Stark. Concretamente nos centraremos en dos libros: Hijos de Dune y Dios Emperador de Dune, con los que estableceremos paralelismo con el principal protagonista de ambos libros y el Bran rey.
Asimismo, de forma muchísimo más secundaria y a modo de verbi gratia, haremos veladas y someras referencias a la Tetralogía de la Tumba Sellada con la que la neozelandesa Tamsyn Muir ha ganado un premio Locus —Gideon la Novena—, pues ha sido un detonante para la escritura de algunas ideas de este ensayo… y también hay un Dios Emperador.
Por supuesto, NO habrá spoilers de ninguna de las obras citadas, aun a costa de la explicación, ya que los siguientes libros de Dune no han recibido la misma atención que el primero y las novelas de Tamsyn Muir tienen sólo unos pocos años. Dicho esto, pongámonos con ello.
Inspiraciones de arena y nieve: transformaciones y abominaciones del Kwisatz Haderach de Poniente

Los paralelismos entre Dune y CdHyF son muy abundantes y merecedores de un ensayo propio, ya con spoilers. Así que nos centraremos en lo que respecta a Bran y al principal protagonista de los libros tercero y cuarto, que será un Dios Emperador, en particular su camino.
Éste, a una edad cercana a la de Bran, comienza una transformación física y «mental» a lo largo de la tercera novela para iniciar un proceso con una finalidad política y de salvación y es esta transformación con sus consecuencias trasladada a CdHyF la que quizá marque el devenir de Bran. Veámosla en este ámbito de las «capacidades mentales».
Por ejemplo, el joven Stark sin duda llamaría la atención de la Bene Gesserit como el principal protagonista de los libros tercero y cuarto, sus capacidades se asemejan a las de un Kwisatz Haderach; ve el pasado y el futuro con distintos medios, como la verdevidencia, y su entrenamiento con Cuervo de Sangre desarrolla estos poderes, gracias en parte a algunas sustancias que ingiere. Pero hay otra característica paralela a ésta que nos hace encender las alarmas: la Abominación.

Este concepto lo encontramos tanto en Dune como en CdHyF. En Dune, la Abominación es la persona que, resumiéndolo en extremo, obtiene acceso a su memoria genética, a los conocimientos del pasado, y es controlada por las personalidades que pugnan en esa memoria genética. Hay ciertos personajes de Dune que caen en la Abominación en mayor o menor medida, se da a entender que el protagonista en cuestión también, aunque de una forma mucho más controlada. ¿Qué nos dice Varamyr en el prólogo de Danza de dragones?:
«Abominación. —La palabra favorita de Haggon—. Abominación, abominación, abominación.» Comer carne humana era una abominación; aparearse como lobo con otro lobo era una abominación; apoderarse del cuerpo de otra persona era la peor abominación posible.
Curioso que Martin haya escogido esta palabra para definir estos actos y la repita con tanta asiduidad en este prólogo, no sólo en este fragmento. De todas estas definiciones, Bran ha cumplido al menos la última y sin reparos al meterse en la piel de Hodor. ¿Irá más allá de Hodor y entrará en el cuerpo de otra persona? ¿Lo hará otro cambiapieles en él? ¿Se dejará influir por las personas que warguee o le wargueen? Eso lo desarrollaremos más tarde.

En cuanto a la transformación física, que afecta a la «mental», el personaje de Arrakis decide someter a su cuerpo a un cambio intrusivo que desdibujará su humanidad y le encumbrará como Dios Emperador. Permitirá que otros «organismos vivos» se implanten por toda su piel, lo que le otorgará unas ventajas tales como una vida muchísimo más larga. Y ser visto como alguien no humano. Esta transformación nos recuerda a la que observamos, mutatis mutandis, en Brynden Ríos:
Sentado en su trono de raíces de la gran caverna, mitad cadáver y mitad árbol, lord Brynden no parecía un hombre, sino una estatua fantasmal de nudos de madera, huesos viejos y lana podrida. La única señal de vida que había en su pálida cara demacrada era el ojo rojo, que ardía como la última ascua de un fuego extinguido, rodeado de raíces retorcidas y jirones de piel blanca y correosa que aún colgaban de un cráneo amarillento. Bran todavía se asustaba al ver las raíces de arciano que entraban y salían de su carne marchita, las setas que le crecían en las mejillas, el gran gusano blanco de madera que emergía de donde antaño hubo un ojo. Habría preferido que las antorchas estuviesen apagadas. A oscuras podía imaginar que le hablaba el cuervo de tres ojos y no un macabro cadáver parlante. «Un día seré igual que él.» La sola idea lo aterraba. Ya era bastante grave saberse tullido, con aquellas piernas inservibles. ¿Estaba condenado a perder también el resto, a pasar todos los años que le quedaban con un arciano que crecería en él y a través de él? Hoja les había dicho que lord Brynden extraía su vida del árbol. No comía ni bebía. Dormía, soñaba, vigilaba.
Con estas referencias en mente que quizá se tornen inspiraciones, construyamos los dos bloques en los que aglutinaremos las posibles teorías: la del arciano-rey y la del rey-arciano. Las exploraremos la semana que viene.















