Seguro que ya conocéis a Enrique Díes. Es doctor en Geografía e Historia, arqueólogo y especialista en estructuras defensivas. Colaboró con nosotros en el sensacional Podcast de hielo y fuego sobre Asedios y elementos defensivos y analizó las tácticas de batalla diseñadas para la preparación de la Batalla de Invernalia y las empleadas durante la propia lucha en La larga noche.

Enrique ha vuelto a responder esta semana al Lecho de Pulgasla sección en que recogemos las reflexiones que los Patreon del Podcast de Hielo y Fuego nos hacen llegar. Y ha analizado la breve batalla naval que tuvo lugar en el último episodio de Juego de Tronos, e 8×04 Los últimos Stark.

Una batalla naval en el extraño mar de Poniente

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Del controvertido capítulo 8×4 de Juego de Tronos, quiero centrarme en un momento clave de la historia, el combate naval entre la flota de Euron y la flota de Daenerys, en las cercanías de Rocadragón.

Antes de pasar a la acción propiamente dicha, unas pocas palabras sobre las naves que surcan los mares de Planetos y sobre el extraño comportamiento de la física (un elemento más a añadir a las estaciones que duran años sólo en un continente, para deleite de meteorólogos)

Las naves que aparecen, sobre todo en el último capítulo de la temporada 6, nos muestra una combinación de buques de alto bordo impulsados aparentemente por velas cuadras o por velas latinas, pero nunca combinadas. Los buques tienen uno o tres mástiles y las vergas se mantienen elevadas de forma que las velas se recogen mediante el aparejo (no hay gavieros), que suben o bajan, vaya, pero el travesaño perpendicular al mástil no sube o baja como solía suceder en los buques antiguos.

Bandera a contrapelo
Bandera a contrapelo

En el caso de las velas cuadras (rectangulares), los buques sólo pueden navegar con vientos del través (de lado) a popa (por detrás), de forma que si el viento sopla en contra, o han de buscar un punto de fondeo y esperar que sea favorable o navegar dando largas bordadas.

En el caso de las velas latinas (o de cuchillo) la física permite navegar con vientos cercanos a la proa, llegando a alcanzar grandes velocidades. Ahora bien, en caso de empopada (viento desde atrás de la nave) aprovecha mejor el viento la vela cuadra. Por esa razón, cuando se inició la navegación oceánica de altura las carabelas y naos combinaron los dos tipos de velas, que permitían tanto navegar aprovechando los vientos largos constantes del atlántico, como navegar entre islas donde los vientos son más variables. Las naves pueden tener de uno a tres mástiles, sin que se aprecie más razón que la estilística.

No hay remeros que, por otra parte, no podrían mover el barco dado el alto bordo del mismo. Se supone que para maniobrar la nave se usan chinchorros (barcas pequeñas para maniobra o para bajar a tierra). Los buques tienen castillo de proa y popa, con cubierta cerrada, salvo en el caso de que transporten caballos. En cuanto a su gobierno, unos mueven su timón mediante una rueda y otros lo hacen mediante una caña conectada directamente a él.

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Pero en este mundo la navegación tiene cosas especiales. En primer lugar, los buques no se mueven hacia arriba y hacia abajo (cabeceo), resultado de ir surcando las olas, ni escoran (se inclinan hacia el lugar opuesto desde donde sopla el viento, también llamado sotavento) ni recuperan, produciendo el llamado balanceo. Estos movimientos son los que hacen que moverse por cubierta (que suele estar mojada por los rociones de las olas o del viento, exijan de los marineros que tengan una mano para cogerse ellos y otra para el barco.

Esto no pasa aquí, ya que ni los Inmaculados ni Daenerys y su corte necesitan agarrarse a nada, pudiendo estar perfectamente sobre sus pies sin perder la verticalidad ni sufrir mareo alguno. Mención platinum para Missandei que está con los talones juntos sin más apoyo que la mano de Gusano Gris, en una demostración de que el amor puede hacer perder la cabeza (ja, ja), pero no el equilibrio. De hecho, he dicho más arriba “aparentemente” porque un buque que avanza así dejando una estela continua hace pensar más en que tiene una hermosa hélice bajo el casco que que es impulsado por el viento. Estamos, pues, ante el modelo llamado “barcobús”.

Otra curiosidad, es que las banderas de los buques no están sometidas al imperio del viento, que hincha las velas pero que a ellas les permite flamear contra él. Nota bene: este es uno de los errores habituales en las recreaciones que permiten a los perepuñetas como un servidor esbozar una sonrisita de suficiencia y aprovechar para para reñir a quien se ha currado un barco en CGI y ha descuidado un detalle tan importante.

Contralviento
Contralviento

La flota de Euron tiene una vela cuadra en el mástil de proa y una latina en el de popa, si bien el buque almirante despliega además unas alas de la vela mayor para dejar claro visualmente dónde está el Jefe. A todos los buques se les ha añadido (se nota por la plataforma que luego se ve en Desembaco de Rey, aunque con otro tipo de balista) en proa una balista de grandes dimensiones con doble arco de palas adornadas con tentáculos. La tensión de las palas se consigue mediante lo que parecen ser cables de acero.

Sigo sospechando, como vimos con el tema de fundir la obsidiana, que hay altos hornos ocultos en Poniente. Los virotes que lanzan tienen una punta denticulada para que parezcan más dañinos y son capaces de atravesar un casco de varios centímetros de espesor y la piel acorazada de un dragón. Semejante fuerza hace que resulte poco probable que el eje que soporta la ballesta para permitir su giro horizontal y vertical resista el retroceso de la balista, pero probablemente también sea de acero de alto horno. Dado que navegan con vela cuadra, el ángulo de ataque de la balista será de 90º a ambos lados de la proa y unos 45º en tiro azimutal. Eso quiere decir que, a partir del través hacia la popa, las naves están completamente desprotegidas de cualquier ataque con dragones.

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No considero operativo el espolón, ya que éste sólo sirve en naves que tienen una propulsión a remo en el momento del combate, salvo que pille a la otra nave fondeada y de noche, si bien uno se pregunta como consigue la nave de Euron (el “Silencio”) hacer atrás y desengancharse de la nave atacada sin que éste le arrastre en su hundimiento.

Pasando al combate propiamente dicho, la flota de Daenerys arriba a Rocadragón desde el norte y fondea a unos cientos de metros de la única playa que utilizan como desembarcadero. Vale que en los libros se habla específicamente de un puerto y del barrio portuario de Rocadragón, pero olvidemos Canción de Hielo y Fuego y centrémonos en Juego de Tronos.

Lo que resulta curioso es que los que construyeron Rocadragón, moldeando la piedra a golpe de soplete draconiano, no hicieran un esfuercito y se marcaran una pequeña escollera a cuyo refugio pudieran guarecerse y fondear las naves. Ni un muelle con norays de cabeza de dragón, escaleras que lleguen hasta el agua con escalones decorados con dragones y grúas con forma de dragón. El hecho televisivo es que el que quiera llegar a la isla ha de fondear en mar abierto y esperar que no se desate un temporal con vientos contrarios que arrojen las naves contra los acantilados sobre los que se levanta la fortaleza.

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En ese momento, la flota de Euron sale de un canal entre la isla y un islote y ataca a la desprevenida flota de Daenerys por estribor (desde el este). Mucho se ha dicho ya sobre el hecho de que dos dragones no sean capaces de ver once buques a toda vela que no pueden estar a más de trescientos metros (esto en Midway no pasaba), y que se hayan podido aproximar sin que nadie de la fortaleza los detecte (eso siempre que quede alguien, que Rocadragón parece el chalet de vacaciones de los reyes que la ocupan), así que pagaremos otro viajecito a la incredulidad a Asshai de las Sombras y aceptaremos este extremo.

Lo que no tiene ni pies ni cabeza es que, ante el tipo de armamento descrito anteriormente, Daenerys no tenga más ocurrencia que atacar las naves de Euron por el lado malo, hacia la balista, cuando hubiera sido más sencillo rodearlas y atacarlas por popa convirtiendo la flota (que navega con los buques muy cerca unos de otros y están en un estrecho, lo que les impide maniobrar) en una sucesión de piras funerarias de Euron y su gente. En la imagen se puede ver un detalle de la maniobra realizada y la que hubiera debido realizar. Es algo especializada, así que pido disculpas si es difícil de comprender.

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Se puede objetar que Daenerys, en la locura de ver caer a otro de sus hijos, se lanza en picado hasta que, viendo lo arriesgado de la maniobra, gira y se aleja del combate, abandonando a su indefensa flota. Pero lo normal es que, visto el error, en menos de un minuto hubiera podido realizar la maniobra que no había hecho anteriormente. Y todo lo que hubiera quedado en la superficie del mar hubieran sido buques en llamas y a Missandei mirando desde la cubierta del buque insignia Targaryen, sonriendo y diciendo: “Dracarys”. Y con la cabeza bien firme sobre los hombros.

Y es que cuando los guionistas quieren que todo les vaya mal a “los buenos”, no tienen problema en que estos demuestren su nula capacidad estratégica, algo que a la postre no tiene mayor consecuencia ya que hemos visto como Jon (perdón Aegon el Táctico) no ha perdido un ápice de prestigio tras la batalla de los bastardos y la batalla de Invernalia. Así ya se puede ser rey, si es que es como reinar entre amigos.