Sexta Review de los Lectores de Los Siete Reinos de esta tercera temporada de La Casa del Dragón. Son obra de nuestra amiga Cristina Arias, autora de antologías y poemarios y responsable del podcast Paseando por la Cava Baja, quien ya habéis escuchado en Los Siete Reinos y es una enamorada de la saga que conoce muy bien Fuego y Sangre.

La Casa del Dragón 3×06 – Hombres sin rostro

Por Cristina Arias

Dice Fuego y Sangre:

“En las tierras comunales de Olmos Cruzados hallaron otro de los morbosos banquetes. Puesto que ya iban acostumbrándose, los hombres de la vanguardia de ser Criston torcieron le gesto y continuaron sin hacer mucho caso de los cadáveres putrescentes…, hasta que se incorporaron y cayeron sobre ellos. Una decena murió antes de comprender que era una treta […]

Cuando ser Criston dejó atrás el lago para marchar hacia el Aguasnegras, los encontró esperando entre las rocas de una cadena montañosa: trescientos caballeros con armadura, otros tantos hombres con arco largo, tres mil arqueros, tres mil ribereños andrajosos, centenares de norteños que blandían hachas, mazos, manguales y antiguas espadas de hierro. Sobre ellos ondeaban los pendones de la reina Rhaenyra.

-¿Quiénes son? […]

-Nuestra muerte- respondió ser Criston Cole. […]

La Mano del rey Aegon pidió una bandera de tregua y se adelantó, a fin de parlamentar. Tres hombres descendieron de los riscos para reunirse con él. […]

Si rindo mis pendones, ¿nos prometéis nuestras vidas? – preguntó ser Criston a los tres.

Hice una promesa a los muertos- replicó ser Garibald-. Les dije que erigiría un septo con los huesos de los traidores. Aún no cuento con bastantes, de modo que…

Si debe haber batalla aquí- respondió ser Criston-, muchos de los vuestros morirán asimismo.

El norteño Roderick Dustin se rio ante tales palabras, y luego repuso:

-A eso venimos. Ha llegado el invierno. Es hora de irnos. No hay mejor modo de morir que espada en mano.

-Como os plazca- dijo ser Criston, desenvainando la espada larga-. Podemos empezar aquí, los cuatro. Yo solo contra los tres. ¿creéis ser bastantes para que haya combate?

-Quiero tres más- dijo Hojaluega el Mataleones; y en las montañas, Robb Ríos el Rojo y dos de sus arqueros alzaron los arcos largos. Tres flechas volaron atravesando el campo y alcanzaron a Cole en el abdomen, el cuello y el pecho-.

No oiré trovas sobre lo valeroso de vuestra muerte, Hacedor de reyes. Contáis decenas de miles de muertos en vuestro haber. – Se dirigía a un cadáver.”

Espero que disculpéis esta cita tan larga, pero he creído pertinente dejarla reflejada en esta reseña, ya que es el único pasaje que vamos a ver parecido a los libros. Y es que el episodio de esta semana ha tenido decisiones que me parecen delirantes, ya no porque sean más o menos cercanas a la obra de Martin, sino porque de verdad que estoy preocupada: quedan dos episodios y una temporada y no tengo nada claro cómo se van a desarrollar ciertos momentos importantes de Fuego y sangre, o ni siquiera sé si se van a dar.

¿Es malo en sí que no aparezcan determinadas batallas o algunos momentos destacados del libro? No. ¿Temo por la resolución de algunas tramas viendo las decisiones de guion de los últimos episodios? Sí, eso sí.

Por no perder la perspectiva, la única innovación del tapiz es el desmembramiento de un Capa Dorada. La trama sigue incidiendo en cómo el reinado de Rhaenyra hace aguas en Desembarco del Rey. En mitad de un consejo que vuelve a ser Daemon contra el resto y Rhaenyra mediando, aparecen los Baratheon para poner excusas para que Lord Borros siga escurriendo el bulto y no se implique en la guerra. Pero Rhaenyra ya está harta, así que decide llevar a cabo el primero de sus planes de bombero torero.

Dicho sea que este plan no es el peor de los dos, pero, en mi opinión, hay algo que no me cuadra con el tratamiento de la Reina Negra. Al inicio de la temporada, vimos a una Rhaenyra decidida rodeada de hombres que la minusvaloraban. Después, la reina se mostraba más humana, pero siempre bienintencionada. Con razón le decía Alicent que debía mentalizarse de que es necesario tomar decisiones impopulares o directamente crueles.

El problema es que llega un momento en que, por no admitir que Rhaenyra puede ser cruel, alguien ha decidido que sea una inútil. Puede que algunas personas puedan justificar su caída por las trampas de los verdes, la escasez y la situación general, pero no cuela. Rhaenyra toma decisiones equivocadísimas que no nacen si siquiera de una base trágica, sino de la más pura estulticia.

En primer lugar, su trama se une a la de “Conversaciones con Alicent”. Después de que la Reina viuda y Helaena hayan sido capturadas sin haber podido ni avanzar por el pasadizo que abrieron, Rhaenyra, cual profesora de ESO, las castiga sin salir al patio a pasear. Helaena, que lleva un cierto tiempo dando síntomas de depresión, se niega a comer.

Lo más relevante de esta parte es que Mysaria engaña a la reina en su cara diciéndole que no tenía idea de que Helaena estuviera embarazada; tanto es así que decide borrar todo rastro de su mentira mandando matar a la criada que vio a Alicent y su hija cuando el Gusano Blanco las pilló in fraganti en su mortadelismo cutre. De momento, Mysaria está siguiendo la línea intrigante de los libros, cosa que se agradece. Muy probablemente esté jugando a dos barajas viendo cómo el reinado de su señora se desmorona, cosa que no me parecería mal.

Si hay una diferencia con los libros que me encanta es Helaena. Hacerla una soñadora nos ha traído hasta ahora momentos gloriosos frente a la vergüenza ajena de otras cosas de las que hablaremos más adelante. En este episodio, el bordado de su hermano Aemond en Harrenhal con Alys Ríos es un acierto total. Qué pena que luego se rompa la magia cuando Alicent tire de la manta y se lo diga a Rhaenyra, que no está obsesionada apenas con el tema de las profecías…

Y aquí llega el segundo plan de bombero torero. Rhaenyra viene de huir miserablemente de los peticionarios, con los que se comporta de forma lamentable, haciéndole feos a la fe de los Siete (ya hablé de esto en anteriores reseñas) y culpando a las circunstancias de problemas que es incapaz de solucionar. Ante esto, no se le ocurre mejor cosa que enviar a Alicent a Harrenhal para que asesine a su propio hijo. Y lo peor de todo es que Alicent va, dejando sola a Helaena. La turra que le va a dar Rhaenyra a la princesa va a ser para soñarla, y nunca mejor dicho.

Pero Desembarco del Rey no tiene una única idea loca. Continúa la subtrama “Daemon Targaryen, investiga más que nadie”, que deja al Príncipe Canalla solo y abandonado por los Capas Doradas. Ante esto, Alyn de la Quilla pide a su padre que los soldados Velaryon vayan a la capital para poner orden en las calles, pero mientras tanto, Daemon hace un nuevo alarde de mortadelismo ilustrado y se encuentra con un asesino que abunda en lo que ya sabemos: el bando de los Verdes quiere poner como rey a Daeron y van a hacer lo posible por que Rhaenyra caiga.

Para colmo de males, se encuentra con Ulf el Blanco y le reprende por no estar en su puesto al puro estilo Daemon: a leches. La semilla del dragón, que ya venía de quejarse en una escena anterior, sufre una nueva humillación que todos sabemos a dónde lleva, aunque para mi gusto el desarrollo es demasiado lento.

Y, hablando de Ulf, ¿qué pasa con Hugh? Como en esta serie el caballero Martillo es diametralmente opuesto al de los libros, lo vemos colarse en Ladera para intentar rescatar a su mujer, que lo rechaza. Esto entronca con otra de las subtramas innecesarias de esta temporada.

Rhaena come unas moras en su retiro cuevil cuando contempla unos dragones sobrevolando el Valle. La joven decide acercarse con Robaovejas y la cosa no sale bien, porque Lady Jeyne Arryn le da una bofetada y la reprende como si de una institutriz inglesa se tratara. Rhaena, entonces, dice algo que es clave en todo el episodio: “Toda mi vida he querido tener un dragón. Ahora lo tengo pero he perdido todo lo demás”.

Esto mismo es lo que les ocurre a las dos semillas díscolas del dragón y, a su nivel, a Rhaenyra, Aemond, Aegon e, incluso, a Ormund. Todos ellos persiguen el Trono de Hierro, pero tenerlo implica perder todo lo demás. ¿Hasta qué punto compensa?

Y es momento de conectar directamente con Harrenhal para sorprendernos. Se me quedó la boca abierta cuando vi aparecer los huevos de dragón. Este detalle es interesante de cara a la ambientación y a los libros. Los huevos eran de Rhaena Targaryen, hija de Aenys I, quien los dejó allí antes de su muerte.

Se ha especulado con que podrían ser los huevos de los que nacerán los tres dragones de Daenerys en Juego de Tronos, pero no puedo saberlo con seguridad. Lo importante aquí es que esos huevos son el cebo perfecto para convencer a Aemond de que se quede en el castillo negro para formar un nuevo linaje de Reyes junto a su nueva amante, la Reina Bruja. Esto no lo vi venir y no me pareció lo más loco del episodio.

Los intentos que se han hecho para unificar La casa del Dragón con Juego de Tronos por medio de profecías y demás no suelen salir mal, aunque dejen la mitología de los libros como un universo alternativo, pero tampoco los censuro.

También continúa mi trama innecesaria favorita: Chicharrito y Patizambo, con la colaboración estelar de Tyland Lannister, el rey del peloteo, departen brevemente para acabar diciendo que se van a Essos.

¿Y qué pasa en Ladera? Varias cositas. Para empezar, los guionistas siguen tomando al público por tonto y han decidido que lord Ormund va a ser un villano sin fisuras, por lo que hace comentarios homófobos, misóginos, clasistas y de todo tipo. ¿Para qué escatimar en defectos en lugar de tener un personaje gris? Ser Gwayne aguanta las chorradas de su primo porque planea volver a Antigua, pero Daeron lo retiene, revelando sus ideas: teme y no soporta a su tío, y Gwayne es el único que puede ayudarle a sobrevivir a semejante monstruo manipulador que quiere gobernar a través de él.

Es tras esto que se concreta el primer plan de bombero torero de Rhaenyra que comentábamos al inicio. A la reina le ha dado por los asesinos, y envía a un grupo vestido de soldados Baratheon cubiertos de roña para bloquear a lord Ormund Hightower. Menos mal que ser Gwayne, gracias a las tendencias de las que se burlaba su primo, descubre la trampa y se monta una sucia y cruenta escabechina que acaba con los asesinos. El hermano de Lady Alicent decide, finalmente, quedarse para ayudar a su familia, y la respuesta de nuestro nuevo villano de opereta no se hace esperar.

En el bosque, los soldados de lord Corlys Velaryon celebran su victoria y se preparan para viajar a Desembarco del Rey. Los soldados de los Verdes los secuestran en mitad de la noche, asestando un nuevo golpe al efímero reinado de la mujer que, por fin, se ha cortado con el filo de su propio trono.

¡Hasta la próxima!