
Como cada jueves de La Casa del Dragón llega la Reviews de los Lectores, obra de nuestro amigo Xavi (Sak Stark), que administra la imprescindible Wikia de hielo y fuego. Tuvimos sus análisis en las últimas temporadas de Juego de Tronos y ahora Xavi repasa Fuego y Sangre para comentar su primer spinoff. Y esta semana aborda el noveno capítulo de la serie, que ha generado mucho debate.
La Casa del Dragón 1×09 – El Concilio Verde

Por Xavi (Sak Stark) de la Wikia de Hielo y Fuego
Siempre se ha considerado que los novenos episodios de Juego de Tronos han dejado momentos memorables para la retina del espectador, bien por giros épicos, batallas, o pérdidas inolvidables. En la Casa del Dragón, cuya primera temporada va a terminar en pocos días, trae en su penúltima entrega una hora que no ha dejado indiferente a nadie, ni a propios ni extraños. Tras la muerte del rey Viserys, ‘El Consejo Verde’ precisamente va a ir sobre las reacciones del bando de la Reina, así como los primeros movimientos de cara a cumplir sus objetivos.
La mala nueva sobre la muerte del monarca recorre sigilosamente la Fortaleza Roja, y a través de una lúgubre ambientación de soledad en el salón del trono, se acompañan fúnebres melodías de piano para hacernos entrar en una atmósfera de absoluta incomodidad. Una angustiada Alicent expresa las últimas voluntades de su esposo a Ser Otto, quien se muestra hasta encantado con ese testimonio. Ya no es necesario demorar más el secretismo, es momento de enseñar las cartas sobre la mesa.
“En cuanto confirmaron el fallecimiento de Viserys, su alteza Alicent ordenó que se sellara su alcoba y se apostaran guardias a las puertas. El servidor que había hallado el cuerpo del rey quedó bajo custodia para evitar que difundiera la especie.” – Fuego y Sangre

Y esto da traslado a una reunión extraordinaria del Consejo Privado. Se descubre que el complot para instalar a Aegon como rey viene gestándose tiempo atrás, cual nido de víboras en su máxima expresión, y a espaldas de la reina. A diferencia de la versión que conocíamos, la Mano lleva la voz cantante del asunto: por un lado comunica que es de esencial importancia eliminar a Rhaenyra, antes de que la princesa tenga la oportunidad, y por otro, no se deben hacer sonar las campanas hasta la hora propicia. Su particular Orden 66.
Lord Beesbury no puede soportar tal declaración de traición, pero lamentablemente se topa con los modales de Uruk-hai de Ser Criston Cole, asesinándolo en su propio asiento. Alguien tendría que ir a terapia de control de la ira, de forma urgente. El personaje de Criston es de los más damnificados por el guión, a causa de los saltos temporales. Encasillado en un papel de ‘matón verde obediente’, queda muy alejado del rol de Hacedor de Reyes que se le esperaba, con más iniciativa y pretensión. Y es por eso que en escenas como la de la coronación, su presencia brilla mucho menos que la de, por ejemplo, Otto.
Quien también estaba al margen de la conspiración era el Lord Comandante de la Guardia Real. Cuando parecía que Ser Harrold iba a probar de forma fatal el acero de Cole (pues a estas alturas de la historia estaba muerto), el caballero se despoja de la capa blanca y de intervenir en el abyecto golpe de estado. Ejercicios de honorabilidad aparte, ¿qué ocurre en esta serie con los sagrados votos de la Guardia Real? Siempre se ha dicho que sus hermanos juramentados han de servir de por vida, sin dimisiones ni condiciones. En cualquier caso, Westerling no parece ser considerado una amenaza, pues no se cuenta entre las personas apresadas que conocen de la muerte del rey…

Dada la manifiesta desavenencia entre padre e hija sobre la cuestión de Rhaenyra, tanto Alicent como Otto darán instrucciones a sus respectivos confidentes para encontrar a Aegon, quien para variar, se ha esfumado de la Fortaleza Roja. Con ello, va a iniciarse una peculiar carrera a contrarreloj para que, quien se haga con el zángano del príncipe, lo podrá mangonear del modo oportuno. Alicent tiene claro que, a pesar de los conflictos internos que tiene, sus sacrificios no pueden caer en saco roto, y se ha de llegar hasta el final del camino.
“No se volvió a oír disenso alguno tras la muerte de lord Beesbury. El resto de la noche se invirtió en planear la coronación del nuevo soberano y en confeccionar listas de posibles aliados y enemigos en caso de que la princesa Rhaenyra rechazase aceptar la entronización del rey Aegon. Dado que la princesa se encontraba confinada en Rocadragón, a punto de dar a luz, los verdes de la reina Alicent gozaban de cierta ventaja. «Tal vez la muy puta muera al parir», cuenta Champiñón que dijo la reina Alicent.” – Fuego y Sangre
Hay un aspecto bastante positivo en esta subtrama, y es que sirve para esbozar las ambiciones y preocupaciones de algunos personajes. Tenemos a los gemelos Arryk y Erryk, de los cuales hay pocas líneas acerca del por qué de sus lealtades, un tema que con la búsqueda del príncipe hasta los reñideros de críos clandestinos, queda bastante apañado.

El primero de ellos, se descubre como el camarada de juergas de Aegon, y por tanto, tiene más estómago para tolerar sus vicios y pasatiempos poco refinados, así como la existencia de bastardos. No el del mismo parecer su hermano Erryk, quien ajeno a toda esta espiral de desenfreno, no comprende por qué hay que proteger a un ser tan indigno y detestable. El deber contra la conciencia.
“El príncipe Aegon estaba «a sus travesuras», dice Munkun con vaguedad en su Relato verídico. El testimonio de Champiñón afirma que ser Criston encontró al joven futuro rey azumbrado y en cueros en un tugurio del Lecho de Pulgas, donde dos niños del arroyo con los dientes afilados se mordían y despedazaban mutuamente para su disfrute.” – Fuego y Sangre
A su vez está Aemond, quien se define como alguien infinitamente más válido en múltiples facetas de la vida que su hermano mayor, sobre todo en la de reinar. Una muestra más de paralelismo con el Príncipe Canalla en su juventud. Tras jugar al escondite en el Septo, y después de una secuencia de pelea entre rara y teatral en el Casco Histórico de Cáceres, el escurridizo príncipe acabará volviendo junto a su madre.

“El príncipe inicialmente, se negó a participar en el plan de su madre. «Mi hermana es la heredera, no yo —dijo—. ¿Qué clase de hermano priva de sus derechos a su hermana?» Tan solo cuando Ser Criston lo convenció de que la princesa seguramente lo ejecutaría junto a sus hermanos si ciñese la corona, Aegon depuso su actitud. «Mientras perviva un legítimo Targaryen, ningún Strong puede confiar en ocupar el Trono de Hierro —dijo Cole—.” – Fuego y Sangre
La Reina Verde visita a Rhaenys, otro personaje que muy buenamente va gozando de más minutos en pantalla. Encarcelada en su cámara y sin dragón, la ‘Reina que nunca fue’ es interpelada sobre su juramento de lealtad, al igual que el resto de nobles que se encuentran en la Fortaleza Roja. Alicent trata de hacerle la guerra psicológica, aludiendo al dictamen del Gran Consejo y a las muertes de los hijos de Rhaenys, entre otros temas, pero acaba llevándose una bofetada de realidad: quien vive en una prisión es en realidad la propia Alicent, esclava de las constantes imposiciones de los hombres que la rodean, y con el único objetivo de abrir una ventana para respirar en su celda de rectitud.
Y efectivamente, Alicent está a merced de un perturbado Larys Strong. En una ‘tarantinesca’ escena llevada al siguiente nivel, la reina ‘paga’ las informaciones de palacio a su fiel servidor enseñando los pies descalzos, algo que deleita al retorcido Señor de Harrenhal. A juzgar por la rapidez y el lenguaje no verbal de ambos personajes, se sugiere que no es la primera vez que esto ocurre, ni mucho menos. La cara de Alicent es todo un poema, tan avergonzada pero a la vez dispuesta a no quedarse pasos por detrás de su padre. Más matices y complejidad emocional.

Las sorpresas no terminan aquí. Mysaria dice a Otto ser quien estaba detrás del escondite del príncipe Aegon. Tras tantos años de ausencia, el Gusano Blanco es ahora la representación de la indignación del pueblo. Dada su aparente astucia, se da por descontado que habrá sobrevivido al incendio provocado en su hogar, y no sería de extrañar que esta tentativa se use más adelante como venganza contra la Corona. Igual en forma de ‘Sangre y Queso’, por ejemplo.
Ni las coronaciones van a librarse de peligrosidad en esta serie. Todo está listo para anunciar a Aegon, el Segundo de su Nombre, en un escenario singular: el colosal Pozo Dragón. De camino al lugar, el futuro rey continúa poniendo en entredicho su aptitud para lo que se espera de él, apelando a que incluso su propio padre lo despreciaba. Sin embargo, estos sentimientos irán cambiando a medida que se desarrollen los acontecimientos.
Hasta el momento en que se ha de vigilar con la bestia que emerge bajo las tablas, tiene lugar una de las mejores direcciones de esta primera temporada. El mimo con los detalles es soberbio. El toque de trompetas, los guardias presentando las armas, y la pieza musical a todo trapo a medida que Aegon avanza hacia su destino: una mezcla del tema Hightower y “The King’s Arrival”. No solo es la llegada del nuevo monarca, también de nuevos tiempos en Desembarco del Rey. Todo muy épico.

La ceremonia es toda una escenificación de fuerza y poderío Targaryen. Tras ser ungido con los siete óleos de la Fe, Aegon recibe de Ser Criston la corona del Conquistador, así como la espada Fuegoscuro y la daga de acero valyrio. Es en esos instantes de aclamación por la plebe, que el rey Aegon II se siente de veras seguro de sí mismo, y cual Emperador Cómodo, se deja empapar por el griterío atronador del populacho. No así por parte de su hermana-esposa Helaena, quien desde el acto de coronación parece sentir un terror irracional hacia Aegon, sin ser capaz de mirarlo a la cara. Y de este modo queda ‘cumplida’ una de las profecías que tanto ha enturbiado la mente del rey Viserys.
«El sueño. Era más claro que un recuerdo. Nuestro hijo nació con la corona de hierro de Aegon, escuché el sonido de cascos atronadores rompiendo escudos y espadas resonando. Y coloqué a nuestro hijo en el Trono de Hierro, mientras repicaban las campanas del Gran Septo, y todos los dragones rugían al unísono.» – House of the Dragon-Episodio 1×01
Estando en Poniente, esto es sinónimo de aguar todas las fiestas. Rhaenys, quien había sido rescatada por Ser Erryk, es testigo de toda esta argucia, y aprovecha para escabullirse y llevarse a su querida Meleys de Pozo Dragón. El lugar ha resultado ser menos defendible de como se había narrado. La Reina Roja irrumpe entre el caos y la destrucción de un modo feroz, abriéndose paso como puede en dirección directa a los Verdes, quienes quedan completamente atónitos y empequeñecidos.

Al margen de la más que evidente armadura de guión, Rhaenys termina dando su respuesta a Alicent: el fiero rugido de la dragona confirma que su lealtad está con los Negros, y con la legítima heredera de los Siete Reinos. Sí, es un momento completamente efectista e innecesario, no solo por la cantidad de civiles inocentes que pierden la vida, si no también por un final que deja a medio camino de cerrar el episodio algo más arriba. Ha sido una oportunidad perdida el no haber mostrado a Fuegosol el Dorado, y es que habría quedado fenomenal que el dragón de Aegon intercambiara algunos bramidos desafiantes con Meleys, antes de que esta última marchase de la capital con su jinete.
“Tras la coronación, los guardias reales restantes escoltaron a Aegon hasta su montura, una espléndida criatura de brillantes escamas doradas, con las membranas de las alas de color rosa claro. Munkun nos narra que el rey circundó por tres veces la ciudad y luego aterrizó intramuros de la Fortaleza Roja. Ser Arryk Cargyll condujo a su alteza al salón del trono, iluminado por antorchas, donde Aegon II subió los peldaños del Trono de Hierro ante un millar de señores y caballeros. Los gritos retumbaron por toda la estancia.” – Fuego y Sangre
Tal y como se dijo en episodios anteriores, “los Hightower asestarán el primer golpe”. A partir de aquí, tanto los Negros como los Verdes van a padecer las funestas consecuencias de sus actos, durante todo lo que está por venir.















