Nos apasionan las Reviews de los Lectores, obra de nuestro amigo Xavi (Sak Stark), que se ocupa de administrar la imprescindible Wikia de hielo y fuego. Ya las tuvimos en las temporadas de Juego de Tronos y ahora Xavi nos recuerda Fuego y Sangre para analizar La Casa del Dragón, esta semana, en su quinto episodio.

La Casa del Dragón 1×05 – Iluminamos el camino

Por Xavi (Sak Stark) de la Wikia de Hielo y Fuego

Pasados algunos años, vuelve a nuestras pantallas un evento tan conocido en el universo de Canción de Hielo y Fuego como son las bodas. Y efectivamente, tal tipo de celebraciones en la historia de esta saga, rara vez terminan con el tópico de ‘vivieron felices y comieron perdices’. Y el quinto episodio de la temporada no va a ser la excepción. Acuerdos, revelaciones, frustraciones, sangre…

Incluso el vestuario de los personajes van a decir, por momentos, más que las palabras. En resumen, las tiranteces en Desembarco del Rey van in crescendo, cocinándose a fuego lento con nuevas confrontaciones, pero siempre como telón de fondo, el futuro de la sucesión del Trono de Hierro.

Comenzamos a las afueras de Piedra de las Runas, en el Valle de Arryn. Tras mucho mencionarla en episodios pasados, hace su aparición Rhea Royce, quien se topa con su esposo, el mismísimo Daemon. Especial mención al detalle de las placas rúnicas de bronce con sus inscripciones en la Antigua Lengua, un elemento característico en la vestimenta de los Royce, quienes tan orgullosos están de llevar la sangre de los Primeros Hombres en sus venas.

Como era de esperar, ni ha sido el mejor de los reencuentros, ni la armadura otorga protección alguna frente al peligro. Tras una breve e irritante conversación, el príncipe canalla, sin escrúpulo alguno, provoca que Rhea se parta la espalda cayendo de su caballo, para posteriormente rematarla y así quitarse su particular estorbo de encima.

Un final triste y cruel, del cual no llegó a los oídos de los cronistas. Cabe añadir que siempre resultó curioso que llegara a acordarse este matrimonio en su día, pero seguramente los vínculos de Viserys con la Casa Arryn de por entonces, la principal familia del Valle, influyeron en ello.

“Un año después, en el 115 d. C., se produjo un suceso trágico de esos que moldean el destino de los reinos: la «zorra de bronce» de Piedra de las Runas, lady Rhea Royce, se cayó del caballo mientras practicaba la cetrería y se fracturó el cráneo con una piedra. Daemon voló inmediatamente al Valle; «Para dar descanso a mi esposa», dijo, aunque era más posible que esperase reclamar sus tierras, castillos y rentas.” Fuego y Sangre

Más momentos de desazón en la Fortaleza Roja. Alicent y Otto se dicen adiós tras el despido de este último, y una amarga conversación en forma de advertencia por parte de la ex Mano: el futuro no se presenta brillante para los hijos de Alicent, siempre y cuando la reina permanezca de brazos cruzados ante un ascenso de Rhaenyra al trono. La estampa de Alicent bajo la lluvia es desoladora, transmitiendo abatimiento y absoluta soledad.

Posteriormente, Alicent trata con Larys Strong en el Bosque de Dioses. A pesar de que el Patizambo trata de mostrar una cara amable y una actitud altruista, la manipulación en la joven es más que evidente. El encuentro no es casual. Midiendo meticulosamente sus palabras y como ‘jugador’ experimentado, Larys sabe bien de lo que habla, a quien se dirige y la delicada situación por la que está pasando. El resultado, una semilla de desconfianza plantada en la cabeza de Alicent, tras enterarse del té de la luna encargado por el rey.

“¿Habrá existido alguna vez un hombre más taimado que el Patizambo? Oh, cuán buen bufón habría sido. Las palabras caían de sus labios como la miel de un panal, y ningún veneno tuvo jamás sabor tan dulce.” – Fuego y Sangre

Un barco con las velas del dragón tricéfalo de los Targaryen se dirige a Marcaderiva, los dominios de la Casa Velaryon. De forma sorprendente, es el propio rey Viserys, quien pese al creciente deterioro de salud que acompaña, se embarca al mar para parlamentar con Lord Corlys. Tal imagen de excesiva complacencia del monarca contrasta con el férreo orgullo de la Serpiente Marina, quien no solamente no le recibe a las puertas de Marea Alta, sino que aguarda sentado en el interior de sus salones.

Y la fama sobre lo poderosa que es esta casa noble se refleja bien en el repertorio de elementos que encontramos: el ancestral Trono de Pecios, multitud de trofeos de guerra, esculturas, pinturas y tapices por doquier, un guiño más que obvio a los Nueve Viajes y al proyecto del spin-off. Es el momento de ir al grano con la propuesta matrimonial entre Laenor y Rhaenyra, quienes pasean por la playa y hacen su particular homenaje a ‘las ostras y las caracolas’ del Espartaco de Kubrick.

Se llega un acuerdo entre los jóvenes, y también entre los padres, aunque Viserys vuelve a mostrar su singular preocupación por sus sueños proféticos de dragón: la dinastía Targaryen no puede terminar con su hija, y los posteriores gobernantes de los Siete Reinos deben llevar su apellido, por mucho que sean Velaryon de nacimiento. Finalizada la reunión, Corlys se muestra satisfecho, pero la ‘Reina que nunca fue’, más prudente en estos asuntos, pone en aviso la seguridad de la familia: la sucesión será cuestionada y desafiada llegado el momento, por mucho que el rey lo deje hasta por testamento.

De camino a casa, un envalentonado Ser Criston declara su amor a la princesa y le propone un alocado plan de fuga, para comenzar una nueva vida lejos de la jurisdicción del rey. Con ello podemos dar cierta veracidad a los escritos del Septón Eustace, pues ha de reconocerse que la adaptación de la serie está jugando a hilar muy bien las versiones de los narradores en ‘Fuego y Sangre’. El pobre caballero blanco queda devastado, reacción coherente, por el rechazo rotundo de Rhaenyra, quien le recuerda la importancia de los deberes ligados a su status.

Lo que es cierto es que nadie obligó a Criston a romper sus votos, por lo que la única salida que ve es una desesperada huida hacia adelante y dejar su historia atrás como capa blanca. Él en el fondo sabe que está pidiendo un imposible. Pero no contentos con esto, resulta que la ingenuidad del Guardia Real está al siguiente nivel, cuando es llamado e interpelado por Alicent acerca de ‘la noche en que nadie durmió’.

La angustiada reina se muestra misericordiosa tras escuchar la confesión, aunque por dentro está completamente rota; su amiga le ha mentido bajo juramento, y ha sido la causante de que Otto haya sido despojado de su cargo. Nada va a volver a ser lo mismo.

“Fuera como fuese, tanto si la princesa repelió al caballero como si él la repelió a ella, de aquella noche en adelante, el amor que ser Criston Cole pudiera sentir por Rhaenyra Targaryen se tornó en desprecio y desdén, y el hombre que hasta aquel momento había sido el constante compañero y adalid de la princesa se convirtió en su más enconado enemigo.” – Fuego y Sangre

De roturas vamos bien servidos en este episodio. El estado de salud de Viserys empeora hacia la lepra de forma vertiginosa, presentando serias dificultades de movilidad. Comparte un cercano momento con su nueva Mano, Lord Lyonel, sobre cómo le recordará la historia, sacando de lo más profundo de su ser el orgullo dragonil de su linaje.

Mientras tanto, está siendo atendido por los maestres Mellos y Orwyle, quienes discuten sobre qué tratamiento seguir para paliar las dolencias del monarca. No es descabellado pensar en este punto que quizás el Gran Maestre no está dando con la mejor solución, o no está haciendo todo lo posible para salvar la vida de Viserys.

Y es que ha habido ciertos momentos que nos llevan a cavilar sobre ello… ¿Conspiración? veremos en qué queda todo:

  • En el primer episodio, un novicio que asiste al maestre le cuestiona sobre si sería mejor cauterizar las heridas provocadas por los cortes en el Trono de Hierro, mientras que Mellos se remite a la sangría.
  • Desde el principio, Otto Hightower recomienda que el estado de salud de Viserys debe llevarse con entera discreción.
  • Mellos y Otto mantienen breves conversaciones privadas, que terminan con intercambios de misivas procedentes de Antigua, hogar de los Hightower y lugar de la Ciudadela.
  • Cuando la infección llega a los dedos de Viserys, Mellos decide aplicar el tratamiento de los gusanos en lugar de una amputación rápida.
  • En este mismo episodio, Orwyle propone un tratamiento alternativo, pero Mellos sigue en sus trece con las sanguijuelas.

“Marwyn le dedicó una sonrisa espantosa; los jugos de la hojamarga le corrían entre los dientes—. ¿Quién crees que mató a todos los dragones la última vez? ¿Galantes matadragones con sus espadas? —Escupió—. En el mundo que está construyendo la Ciudadela no hay lugar para la hechicería, las profecías ni las velas de cristal, y mucho menos para los dragones. ¿No te preguntas por qué se permitió que Aemon Targaryen desperdiciara su vida en el Muro, cuando tendría que haber sido archimaestre por derecho? Por su sangre. No se podía confiar en él. Ni en mí.” – Festín de Cuervos – Capítulo 45

La magnífica y fugaz aparición de Meleys, la Reina Roja, nos da la señal de que comienzan los festines de la gran boda. Ha llegado el día en que las casa Targaryen y Velaryon vuelven a unirse en matrimonio, como en edades pasadas, y así dar por fin finiquitadas sus disputas.

Diversas casas nobles de Poniente acuden a las celebraciones, y entre ellas la familia del hipocampo, en una de las puestas en escena más espectaculares. Este momento únicamente va a ser eclipsado, junto al discurso de bienvenida del rey, por la entrada de Alicent. Y es que para la ocasión, la reina ha decidido iluminar el camino con el icónico vestido verde, del que tanto se comenta su importancia en los libros. Y la pieza musical que acompaña Ramin Djawadi es sublime.

Respecto al asunto del color, la serie ha decidido tomarse la licencia de alterar el emblema de la Casa Hightower respecto del original: la llama del Faro pasa a esta tonalidad cuando los Hightower se alzan en armas. Sin ninguna duda, ha provocado sorpresa y admiración entre los presentes. Comienzan los tiempos de una Alicent renovada, segura de sus convicciones.

“En la cúspide del faro de Torrealta, el gran fanal se tornó de un verde funesto cuando lord Martyn Hightower convocó a sus banderizos. Antigua esperaba el amanecer y la llegada de los dragones.” – Fuego y Sangre

“En el 111 d. C. se celebró un gran torneo en Desembarco del Rey para festejar el quinto aniversario del casamiento del monarca con la reina Alicent. En el banquete inaugural, la soberana lució un vestido verde, mientras que la princesa se aderezó teatralmente con el rojo y negro de los Targaryen. Se tomó debida nota, y en lo sucesivo, se convirtió en hábito referirse a los «verdes» y los «negros» para designar, respectivamente, a los adeptos de la reina y los de la princesa.” . Fuego y Sangre

Se suceden una retahíla de planos en que los personajes dicen mucho con sus expresiones al cruzarse las miradas. Daemon, el eterno exiliado, va a encontrar espacio para hacer de las suyas. Tras despachar sin arquear la ceja al primo de Rhea Royce (con referencia a Jeyne Arryn incluida), el príncipe prepara sus fichas con Laena Velaryon, para posteriormente aprovechar el cambio de pareja de baile y acercarse a Rhaenyra. En este caso, es la princesa quien utiliza la misma palabrería de su tío sobre los deberes matrimoniales y las libertades, desafiándolo a hacer lo que en realidad tanto ansiaba.

Pero tal deseo no llega a materializarse. Los gritos, el pánico y los golpes se apoderan del salón. Se trata de Criston Cole, propinando una tromba de puñetazos a Joffrey Lonmouth, el amante de Laenor, quien había descubierto su deshonroso secreto y había ido a buscarle las cosquillas. Sea cual sea el alcance de la provocación, la reacción ha sido desproporcionada e impropia de un Guardia Real, destrozando la cara de Joffrey hasta matarlo.

El tumulto estalla, convirtiendo el festejo en una pelea tabernaria. Si bien el Caballero de los Besos encontraría un final similar en los libros, escama el montaje de esta secuencia, en la cual nadie interviene para separarlos: ni el Lord Comandante se lleva a Criston, ni el rey alza la voz para arrestarlo. Ni una sola acción para un delito flagrante ante decenas de testigos.

“Luciendo su prenda, el joven Guardia Real derrotó a cuantos lo retaron con enconada fiereza. Pero fue el Caballero de los Besos quien sintió más que nadie la medida de su ira. El arma favorita de Cole era el mangual, y los golpes que hizo llover sobre el adalid de ser Laenor le partieron el yelmo y lo dejaron inconsciente en el lodo. Después de que lo evacuaran ensangrentado del campo, ser Joffrey murió en seis días sin recobrar la consciencia. Champiñón nos dice que ser Laenor, aquellos días, no se apartó ni un momento de su cabecera, y que lloró amargamente cuando el Desconocido lo llamó a su lado.” – Fuego y Sangre

La boda se convierte en un funeral. Laenor y Rhaenyra se dan el ‘sí, quiero’ entre los sollozos, la congoja, y la oscuridad de la noche. Y cuando parecía que Criston iba a quitarse la vida, tras creer que la había echado al traste, Alicent lo detiene en el momento justo. La reina entiende que puede serle útil como aliado, y parece tener planes más provechosos para él que encontrar la muerte. En un segundo plano, las ratas campan ávidas de carroña, cuanto queda de unión familiar, lo que hace apuntar que la decadencia de la Casa del Dragón está próxima.