George R.R. Martin acudió al Miami Science Fiction Film Festival hace unos días para promocionar Mary Margret Road Grader, la película basada en el texto de Howard Waldrop de la que es productor. Y lo más relevante de su visita fue que volvió a insistir en su crítica a las adaptaciones que no son fieles al material original. 

Martin anunció en su blog que visitaría Florida para promocionar el largometraje que adapta una obra de su amigo Howard Waldrop. Tras emitir Mary Margret Road Grader, hubo una breve sesión de preguntas y respuestas; y, como acostumbra en estos eventos, estaban vetadas que no tuvieran que ver con el tema de la charla, es decir, ciencia ficción y adaptaciones. Por ello no hubo cuestiones sobre el universo de Canción de hielo y fuego.

Pero más allá de repetir lo que le influyó la visita a la tumba de Tolkien, sí que insistió en la importancia de la fidelidad de las adaptaciones, según han reportado en Reddit quienes fueron testigos de la charla. Hizo «énfasis» en lo importante que es para él que las obras sean adaptaciones fieles. 

No es ninguna novedad, pero sorprende la insistencia de GRRM en el tema. Habló de ello en la última entrevista que le hicieron, el pasado mes de diciembre. Y vista en perspectiva, antes de que conociéramos la polémica con la segunda temporada de La Casa del Dragón, escribía esto en en su blog en mayo del año pasado, recordando cómo en 2022 ya se quejaba de la poca fidelidad de las adaptaciones:

Me quejé en 2022, pero poco ha cambiado desde entonces. Si acaso, las cosas se han vuelto peor. Donde quiera que mires, cada vez más guionistas y productores están deseando coger grandes historias y «hacerlas propias». No parece importantes si el material original fue escrito por Stan Lee, Charles Dickens, Ian Fleming, Roald Dahl, Ursula K. Le Guin, J.R.R. Tolkien, Mark Twain, Raymond Chandler, Jane Austen…o, cualquiera.

No importa lo grande que sea un autor, lo genial que sea un libro, parece siempre haber alguien que cree que lo puede hacer mejor, deseoso de tomar la historia y «mejorarla». «El libro es el libro, la película es la película», te dirán, como si dijeran algo profundo. Hacen la historia ajena propia.

Nunca la hacen mejor. 999 veces de cada 1000, la hacen peor.

En la charla en Oxford en la que estuvimos presentes, también insistió en ello

Creo que no hay suficientes adaptaciones fieles. Los estudios no compran los derechos de libros terribles que a nadie gustaron, sino clásicos, libros que tienen cientos de años y a la gente le encantan o el último bestseller que tiene cientos de fans. Y se lo dan a un guionista y director que con frecuencia tiene sus propias ideas…Y demasiados guionistas lo hacen propio. Incluso si están adaptando a Dickens, Tolkien, Shakespeare o quien sea, deciden hacerlo propio, pero nunca lo hacen mejor porque normalmente la gente que lo hace propio sencillamente no es tan bueno como la gente que lo escribió en primer lugar.

En Oxford también habló de cambios «legítimos» e «ilegítimos», como cuando adaptando el relato corto de Roger Zelazny «El último defensor de Camelot» tuvo que, de forma legítima, prescindir de Stonehedge para incluir caballos en el clímax de The Twilight Zone por las limitaciones presupuestarias. El cambio ilegítimo fue cambiar el guion para expandir el rol de un personaje terciario que ni siquiera tenía un nombre en el borrador original de la historia para que se convirtiera en protagonista.

Por último por hoy para hablar de adaptaciones, en Oxford también se quejó Martin de la censura a las supuestas «actitudes anticuadas» para que las cosas sean «menos ofensivas» para las audiencias modernas. Puso como ejemplo la adaptación de la obra de Roald Dahl, autor de Charlie y la fábrica de Chocolate, en el que han eliminado la palabra «loco»

Algunos cambios son ridículos. Han eliminado la palabra gordo porque dicen que sería ofensivo para gente gorda. Pues yo me he peleado con mi peso toda la vida y resulta que han sustituido esa palabra por enorme, lo cual no creo que sea una mejora.

Dahl había sido específico antes de morir en que no quería que sus editores jamás cambiaran una palabra de su texto. Pero ahora no parece importartes. Dejadlo como lo escribió Dahl, y si queréis, escribid al principio que el libro fue escrito en 1952 y refleja las actitudes de entonces.

No podemos más que suscribir sus palabras.