Jon Nieve es el hijo de Rhaegar Targaryen y Lyanna Stark. Y por su madre está conectado a las rosas azules invernales. Despedimos la semana con un ensayo obra de LChris en Reddit sobre cómo el bastardo de Invernalia se vincula a esta flor del Norte.
Jon Nieve y las rosas azules invernales

Ya que la saga iba a ser originalmente una trilogía, los presagios del R+L=J son mucho más fuertes en la primera novela que en el resto de Canción de Hielo y fuego. Una pista que parece haber reducido su relevancia son las menciones a Jon Nieve y las rosas azules invernales: son muy recurrentes en Juego de Tronos y Choque de Reyes y luego se detienen.
De Eddard I de Juego de Tronos:
—Yo estaba con ella cuando murió —le recordó Ned al rey—. Quería volver a casa y descansar entre Brandon y nuestro padre.
Todavía le parecía recordar su voz algunas veces.
«Prométemelo —le había suplicado en una habitación que olía a sangre y a rosas—. Prométemelo, Ned.»La fiebre le había arrebatado las fuerzas, y su voz era débil como un susurro, pero cuando Ned le dio su palabra, el miedo desapareció de los ojos de su hermana. Recordaba cómo le había sonreído, con cuánta fuerza le había aferrado la mano mientras dejaba de resistirse a la muerte, cómo se le habían caído de entre los dedos los pétalos de rosa, negros y marchitos. Después de aquello, ya no recordaba nada. Lo habían encontrado muy quieto, mudo de dolor, abrazado a Lyanna. Howland Reed, el menudo lacustre, había desentrelazado las manos de los hermanos. Ned no recordaba nada de aquello.
—Le traigo flores siempre que puedo —dijo—. A Lyanna… le gustaban las flores.
Jon Nieve y la rosa invernal

Ya en el primer capítulo de Jon, Tyrion le da un consejo:
—Yo ni siquiera sé quién era mi madre —dijo Jon.
—Sin duda, una mujer. Como la mayoría de las madres. —Dedicó a Jon una sonrisa pesarosa—. Recuerda bien lo que te digo, chico. Todos los enanos pueden ser bastardos, pero no todos los bastardos son necesariamente enanos.
E incluso aunque olvida quién se lo dijo, Jon usa el mismo comentario cuando le traen la canción de la rosa invernal. De Jon VI de Choque de Reyes
—¿Quién fue tu madre?
—Una mujer. Es lo más habitual. —Alguien le había dado aquella respuesta en cierta ocasión. No recordaba quién.
—¿Y nunca te cantó la canción de la rosa invernal? —La chica volvió a mostrar los dientes blancos en una sonrisa.
—No conocí a mi madre. Ni conozco esa canción
La historia de la canción de la rosa invernal

Prosigue Ygritte en el mismo capítulo:
—No conocí a mi madre. Ni conozco esa canción.
—La compuso Bael el Bardo. Fue el Rey-más-allá-del-Muro hace mucho tiempo. Todos los hombres libres se saben sus canciones, pero a lo mejor en el sur no las cantáis.
—Invernalia no está en el sur —objetó Jon.
—Para nosotros, sí; todo lo que hay al otro lado del Muro está al sur.
—Me imagino que es cuestión de dónde esté cada uno. —Nunca se le había ocurrido plantearlo de aquella manera.
—Sí —asintió Ygritte—. Como siempre.
—Cuéntame —pidió Jon. Qhorin tardaría horas en subir; una narración lo mantendría despierto—. Me interesa oír esa historia.
—Puede que no te guste.
—De todos modos me interesa.
—Qué valiente, el cuervo —se burló la chica—. Bueno, mucho antes de reinar sobre los hombres libres, Bael era un gran aventurero.
—Cuando dice aventurero —soltó Serpiente con un bufido— quiere decir asesino, ladrón y violador.
—Eso también depende de dónde esté cada uno —dijo Ygritte—. El Stark de Invernalia quería la cabeza de Bael, pero no podía apresarlo, y el sabor del fracaso lo exasperaba. Un día, llevado por la amargura, dijo que Bael era un cobarde que solo atacaba a los débiles. Cuando Bael se enteró de aquello, juró que le daría una lección al señor. De manera que escaló el Muro, bajó por el camino Real, y entró en Invernalia una noche de invierno, con una lira en la mano, diciendo llamarse Sygerrik de Skagos. Sygerrik significa «embustero» en la lengua antigua, la que hablaban los primeros hombres y todavía hablan los gigantes.Ya sea en el norte o en el sur, los bardos siempre son bienvenidos, de modo que Bael comió en la mesa del propio lord Stark y tocó para el señor durante la mitad de la noche. Cantó canciones antiguas, y algunas nuevas que él mismo compuso, y tan bien tocó y cantó que, cuando terminó, el señor le ofreció la recompensa que quisiera.
»Lo único que pido es una flor —dijo Bael—, la flor más hermosa de los jardines de Invernalia.
»Daba la casualidad de que las rosas invernales acababan de florecer, y no hay flor tan rara ni valiosa. De manera que el Stark envió a sus jardineros a los invernaderos, con la orden de que eligieran la rosa más bella y la cortaran para pagar con ella al bardo. Así se hizo. Pero, cuando amaneció, el bardo había desaparecido… y también la hija doncella de lord Brandon. Encontraron su lecho vacío, y sobre la almohada, la rosa azul que Bael había dejado.
Ned confiesa la bastardía

En el duodécimo capítulo de Ned Stark en Juego de Tronos, Ned casi llega a explicitar que Jon es un bastardo. Y al pensar en ello, le vienen a la cabeza las rosas invernales.
—Recuerdo cómo era Robert el día que subió al trono. Un verdadero rey —dijo en voz baja—. Mil mujeres lo habrían amado con todo su corazón. ¿Qué hizo para que lo odiarais tanto?
Los ojos de Cersei ardían con fuego verde en la oscuridad, como los de la leona que era su emblema.
—La noche de nuestro festín de bodas, la primera vez que compartimos el lecho, me llamó por el nombre de vuestra hermana. Estaba encima de mí, dentro de mí, apestaba a vino, y susurró: «Lyanna».
—No sé cuál de vosotros dos me inspira más compasión. —Ned Stark pensó en rosas color azul celeste y sintió deseos de llorar.
—Guardaos la compasión, lord Stark; a mí no me hace falta. —La reina esbozó una sonrisa despectiva.
—Ya sabéis lo que debo hacer.
—¿Lo que debéis hacer? —Le puso una mano en la pierna sana, justo por encima de la rodilla—. Un hombre de verdad hace lo que quiere, no lo que debe. —Le acarició el muslo con los dedos, en la más suave de las promesas—. El reino necesita una mano fuerte. Joff tardará años en alcanzar la mayoría de edad. Nadie desea que haya otra guerra, y yo, menos aún. —Le rozó el rostro, el pelo—. Si los amigos se pueden convertir en enemigos, los enemigos pueden transformarse en amigos. Vuestra esposa está a mil leguas, y mi hermano ha huido. Sed gentil conmigo, Ned. Juro que jamás lo lamentaréis.
—¿Le prometisteis lo mismo a Jon Arryn?
Ella lo abofeteó.
—Luciré esto como símbolo de honor —añadió Ned secamente.
—Honor —escupió ella—. ¿Cómo os atrevéis a jugar al noble señor conmigo? ¿Por quién me tomáis? Vos también tenéis un bastardo, lo he visto. ¿Quién era la madre? ¿Alguna campesina de Dorne a la que violasteis mientras sus campos ardían? ¿Alguna prostituta? ¿O la desconsolada hermana, esa tal lady Ashara? Me han dicho que luego se tiró al mar. ¿Por qué fue? ¿Por el hermano que le matasteis o por el hijo que le robasteis? Decidme, mi honorable lord Eddard, ¿por qué os creéis diferente de Robert, o de mí, o de Jaime?
—Para empezar —dijo Ned—, yo no mato niños. Sería mejor que me escucharais, mi señora. Solo os lo diré una vez.
La Torre de la Alegría

Las rosas invernales aparecen de nuevo en la imaginería del sueño febril de Ned de la Torre de la Alegría. De Eddard X de Juego de Tronos:
—Y esto va a empezar ahora mismo —dijo ser Arthur Dayne, la Espada del Amanecer. Desenvainó a Albor y la sujetó con ambas manos. La hoja era blanca como el vidriolechoso; la luz hacía que pareciera tener vida.
—No —dijo Ned con voz entristecida—. Esto va a terminar ahora mismo.
En el momento en que los aceros chocaron con estruendo, alcanzó a oír la voz de Lyanna, que gritaba su nombre. Una tormenta de pétalos de rosa cayó de un cielo jalonado de sangre, azul como los ojos de la muerte.
También en Eddard XIII de Juego de Tronos:
Por último llegó a la tumba en la que dormía su padre, al lado de Brandon y Lyanna. «Prométemelo, Ned», susurró la estatua de Lyanna. Llevaba una guirnalda de rosas color azul celeste, y sus ojos lloraban sangre.
La Casa de los Eternos

Cuando Daenerys visita la Casa de los Eternos, tiene una visión de una flor azul, dentro de sus presagios de esposa de fuego. Es una referencia a Jon Nieve en el Muro, por supuesto. De Daenerys IV de Choque de Reyes
Su plata trotaba por la hierba hacia un arroyo oscuro, bajo un mar de estrellas. En la proa de un barco se alzaba un cadáver, con ojos brillantes en el rostro muerto y una sonrisa triste en los labios grises. Una flor azul crecía en una grieta de un muro de hielo, e impregnaba el aire de un olor dulce…
Y la menciona también en el capítulo posterior:
—Un hombre muerto en la proa de un barco, una rosa azul, un banquete de sangre… ¿qué significa eso, khaleesi? Y un dragón de tela, según me contasteis. Por favor, decidme, ¿qué significa un dragón de tela?
El sueño de Theon

Cuando Theon conquista Invernalia, ve a una Lyanna Stark en sus sueños tras pasar la noche en la cama de Ned Stark. De Theon V de Choque de Reyes:
Pero había más, otros cuyos rostros no había visto nunca, caras que solo conocía por sus representaciones en piedra. La chica esbelta y de mirada triste que llevaba una diadema de rosas azuladas y una túnica blanca manchada de sangre solo podía ser Lyanna. Junto a ella estaba su hermano Brandon, y detrás de ambos, su padre, lord Rickard. A lo largo de las paredes, unas figuras apenas entrevistas se movían en medio de las sombras, como fantasmas pálidos con rostros alargados y sombríos. Theon sintió un estremecimiento de miedo, afilado como un cuchillo.
El torneo de Harrenhal

El torneo de Harrenhal se menciona en el último capítulo que tiene Ned Stark:
Robert había estado bromeando con Jon y con el anciano lord Hunter mientras el príncipe daba la vuelta al campo de justas tras desmontar a ser Barristan en el último combate por la corona del campeón. Ned recordó claramente el momento en que todas las sonrisas murieron, cuando el príncipe Rhaegar Targaryen espoleó su caballo, pasó de largo por donde estaba su esposa, la princesa dorniense Elia Martell, para poner el laurel de reina de la belleza en el regazo de Lyanna. Aún era capaz de visualizarlo: una corona de rosas invernales, azules como la escarcha.
Ned Stark extendió la mano para coger la corona de flores, pero bajo los pétalos azules había espinas escondidas. Sintió cómo se le clavaban en la piel, afiladas, despiadadas. Vio el reguero de sangre que le brotaba de los dedos, y despertó tembloroso en la oscuridad.
—Prométemelo, Ned —le había susurrado su hermana en su lecho de sangre. A ella le encantaba el aroma de las rosas invernales.
Y aparece en El Mundo de hielo y fuego, en la sección El año de la falsa primavera:
Y, cuando el triunfante príncipe de Rocadragón nombró reina del amor y la belleza a Lyanna Stark, la hija del señor de Invernalia, y le colocó una guirnalda de rosas azules en el regazo con la punta de la lanza, los aduladores reunidos alrededor del rey aseguraron que se trataba de una prueba aún mayor de su perfidia. ¿Por qué habría insultado el príncipe a su esposa, la princesa Elia Martell de Dorne (que se encontraba presente), sino para ganarse el Trono de Hierro? La coronación de la muchacha Stark, que todas las crónicas describen como una jovenzuela salvaje y masculina sin una pizca de la delicada belleza de la princesa Elia, solo podía ser un intento de Rhaegar de ganarse la fidelidad de Invernalia, como Symond Stauton sugirió al rey.
Pero, si era cierto, ¿por qué los hermanos de lady Lyanna parecían tan consternados ante el honor que el príncipe le había otorgado? Tuvieron que sujetar a Brandon Stark, el heredero de Invernalia, para que no se enfrentara a Rhaegar por lo que consideró una afrenta al honor de su hermana, pues Lyanna Stark llevaba mucho tiempo prometida con Robert Baratheon, señor de Bastión de Tormentas. Eddard Stark, el hermano pequeño de Brandon y amigo íntimo de lord Robert, se mostró más calmado, pero no más complacido. En cuanto al propio Robert Baratheon, algunos cuentan que se rio del gesto del príncipe y declaró que Rhaegar no había hecho más que presentar sus respetos a Lyanna…, pero los que lo conocían mejor afirman que el joven señor encajó mal el insulto, y que desde ese día el resentimiento hacia el príncipe de Rocadragón le contaminó el corazón.
De hecho, puede que con esa simple guirnalda de rosas azul claro Rhaegar Targaryen arrancara la danza que rompería en pedazos los Siete Reinos, acarrearía su muerte y la de otros miles y daría la bienvenida a un nuevo rey al Trono de Hierro.
















