Nos encantan las Reviews de los Lectores, obra de nuestro amigo Xavi (Sak Stark), que como ya sabéis se ocupa de administrar la imprescindible Wikia de hielo y fuego. Ya las tuvimos en las temporadas de Juego de Tronos y ahora analiza desde su perspectiva privilegiada La Casa del Dragón: hoy, su tremendo cuarto episodio.

La Casa del Dragón 1×04 – Rey del Mar Angosto

Por Xavi (Sak Stark) de la Wikia de Hielo y Fuego

La Casa del Dragón continúa maravillando conforme pasan los episodios y las semanas. Durante esta andadura, nos topamos con un episodio excelso en cuanto a dirección y a tratamiento de personajes, que aparca temporalmente los conflictos bélicos. ‘Rey del Mar Angosto’ nos sirve de antesala de cara a lo que está por venir. Tras esta hora de metraje, ha quedado tendido un puente que nos va a llevar a los conflictos centrales de nuestros protagonistas, pues en este mundo que es Poniente, tanto las acciones realizadas como las palabras pronunciadas, ni se olvidan ni se pasan por alto.

Comenzamos viendo emblemas heráldicos muy familiares. En efecto, se trata de Bastión de Tormentas, hogar los Baratheon. Aunque los presentes solo se han movido por su salón central, nos ha dejado cositas interesantes. Por un lado, y como toda la audiencia esperaba, a Rhaenyra se le hace el día eterno mientras despacha con desgana a todos esos pretendientes venidos de las Tierras de la Tormenta y de los Ríos.

Por otra parte, qué bien traído el momento de confrontación entre las casas Blackwood y Bracken, una de las enemistades más famosas en la historia de los Siete Reinos. Y como no podía ser de otra manera, los jóvenes, al igual que sus respectivas estirpes, han terminado con bronca y sangre. Esperamos poder ver más en el futuro sobre estas familias tan peculiares con sus riñas propias, así como de la legendaria e inexpugnable fortaleza que es Bastión de Tormentas.

“Grandes señores y bizarros caballeros revoloteaban en torno a ella como polillas en torno a la llama, anhelando hacerse con sus favores. Cuando Rhaenyra visitó el Tridente en el 112, los hijos de lord Bracken y lord Blackwood se batieron en duelo por ella, y un hijo menor de la casa Frey tuvo la osadía de pedir su mano abiertamente.” – Fuego y Sangre

La gira de los aspirantes termina antes de lo previsto, pero la princesa no va a ser la única en estar de regreso a casa. Y es que su tío Daemon, proclamado rey por los partidarios que le han seguido a la muerte y la gloria en los Peldaños de Piedra, hace su entrada triunfal en un abarrotado salón del trono, desafiante y con descaro, como es él. La tensión se disipa en el momento en que le ofrece a su hermano Viserys la “corona” y se postra ante el ‘rey verdadero’, momento en que se se reconcilian con un sentido abrazo, para alegría de Rhaenyra y la mayoría de los asistentes.

Esto es precisamente lo que quería el príncipe canalla: quedar de cara a la galería como un héroe, con la reputación renovada, y con un caluroso recibimiento. Pero como vamos a ver en este episodio, el príncipe canalla es capaz de lo mejor y de lo peor.

“El príncipe Daemon había regresado al fin a la corte. Ceñido con una diadema y presentándose como el rey del mar Angosto, apareció sin anunciarse en los cielos de Desembarco del Rey a horcajadas sobre su dragón y trazó tres círculos sobre el solar del torneo…, pero cuando tocó tierra se prosternó ante su hermano y le ofreció su corona como muestra de amor y su lealtad. Viserys se la devolvió, lo besó en sendas mejillas y le dio la bienvenida, y tanto los señores como el populacho prorrumpieron en un clamoroso vitoreo mientras los hijos del Príncipe de la Primavera se reconciliaban.” – Fuego y Sangre

Se celebra un festín con motivo del reencuentro, donde destacan dos conversaciones. Una entre Rhaenyra y Alicent, donde parecen volver a la senda de la amistad a la hora de hablar de los tipos de soledad que sufren respectivamente. Explorar esta relación y estos sentimientos en unos personajes que deberían ser rivales acérrimas a estas alturas, dadas sus posiciones, es uno de los cambios respecto a los libros más acertados por la serie.

Quien sí parece tener clara su posición es el príncipe Daemon, cuando expone a Rhaenyra su perspectiva sobre el matrimonio: una transacción, un mero trámite que, tras quedar finiquitado, uno puede vivir en libertad y tomar sus propias decisiones. Dado que es también el objetivo de su sobrina tener plena autonomía sobre su vida, Daemon se encargará de que la princesa pique el anzuelo del capricho y el riesgo mientras charlan en alto valyrio, un recurso que como ya hemos visto, da un toque más íntimo y personal al vínculo de estos dos.

A todo esto, mencionar que ha pasado un año con respecto al anterior episodio y que se refleja en dos detalles. La pequeña Helaena ya ha nacido, mientras que Rhaenyra es ya un miembro más del Consejo Privado. Sobre la reunión que tiene lugar, se trata sobre los movimientos de la Casa Velaryon. El tiempo ha transcurrido, pero algunas heridas siguen abiertas, y no solo las físicas que padece Viserys en sus carnes.

Se comenta la posibilidad de que Lord Corlys case a su hija Laena con el hijo del Señor del Mar de Braavos, lo que sería una unión a tener muy en cuenta políticamente: la flota de Marcaderiva había quedado muy mermada tras la guerra en los Peldaños, y una potencial alianza con el Banco de Hierro… Ya conocemos lo que se dice de ellos, el oro puede poner y deponer reyes.

La noche cae sobre Desembarco del Rey, pero la gente está muy despierta y tiene ganas de parranda. Rhaenyra recibe unas instrucciones de su tío para escabullirse por los pasadizos de la Fortaleza Roja, se viste de muchacho, y se encuentra con él a extramuros.

A medida que se adentran por las cacereñas calles del maloliente Lecho de Pulgas, son numerosas las referencias a los tiempos en que Arya Stark iba de incógnito por la capital: cuando llaman ‘chico’ a la princesa, la imagen que se le muestra de los bajos fondos, tan alejada de las finuras de palacio, y por supuesto la obra de teatro que nos recuerda al capitulo de Mercy, en Vientos de Invierno. Daemon está en su elemento, como un guía en sus dominios, donde todo el mundo le respeta.

Y para comenzar a sembrar un poco el caos, el entrante consiste en mostrarle a Rhaenyra que el pueblo llano, en su mayoría, no la quiere como futura reina por su condición de mujer, para así ahondar en su inseguridad. El plato principal vendrá poco después, al acceder a los lupanares, mientras suben las pulsaciones y la temperatura entre ambos.

Todo parecer estar maquinado desde el momento en que Daemon le quita el gorro a Rhaenyra, dejando a la vista de los curiosos (y de los pajaritos) la inconfundible cabellera valyria de tono platino. Pasados unos momentos de tensión sexual incestuosa, algo hace frenar al príncipe y su show, quien deja tirada a su sobrina para seguir con su fiesta en otra parte.

“De noche, Daemon la sacaba a hurtadillas de sus aposentos, vestida de paje, y la llevaba a burdeles de la calle de la Seda, para que pudiera observar a hombres y mujeres practicando el acto amatorio y aprender más de las «artes femeninas» de las meretrices de Desembarco del Rey.” – Fuego y Sangre

A la Hora del Búho, la princesa vuelve a sus aposentos, y a quien se cruza por el camino es a Ser Criston Cole, con quien termina consumando. Especial detalle en la capa blanca y el cuidado con el que la aparta y pliega el caballero de la Guardia Real, consciente de que está atentando contra sus sagrados votos. Debatiéndose entre el honor y el deseo, terminan teniendo una escena de sexo soberanamente romántica entre las sábanas.

¿Será esta pues, la versión oficial sobre la pérdida de la doncellez de Rhaenyra? ¿Qué narrador tenía más razón en sus escritos? Solo GRRM puede tener la certeza. Muy significativa la composición de la secuencia, contrastando de forma terrible con lo que ocurre en la habitación donde se encuentran el rey y Alicent. La reina, a diferencia de su amiga, tristemente ha de cumplir con sus deberes sin elección alguna, su particular campo de batalla.

Criston Cole

“Aquí difieren de nuevo nuestras fuentes. Aquella noche, informa el septón Eustace, ser Criston Cole se coló en la cámara de la princesa a fin de confesarle su amor; le dijo que tenía un navío esperando en la bahía y le suplicó que se escapase con él al otro lado del mar Angosto. (…) Pero Rhaenyra lo rechazó. Era de la sangre del dragón, le recordó, y había nacido para algo más que vivir como la esposa de un simple mercenario.

Champiñón narra una historia muy distinta. En su versión, fue la princesa Rhaenyra quien acudió a ser Criston y no al revés. Lo halló solo en la Torre de la Espada Blanca, atrancó la puerta, se quitó la capa para revelarse desnuda y le dijo: «Preservé mi doncellez para ti. Tómala ahora como prueba de mi amor. Nada le importará a mi prometido, y quizá cuando se entere de que no soy casta, me rechace». Pero pese a tanta beldad, sus ruegos cayeron en oídos sordos, ya que ser Criston era un hombre de honor y fiel cumplidor de sus votos.” – Fuego y Sangre

El cotilleo circula como la pólvora, y en pocas horas llega a oídos de Otto Hightower, quien no duda un instante en hacérselo llegar al rey Viserys. Lo que la Mano no esperaba, es que el monarca comience a plantarle cara y a cuestionar la dirección de sus intenciones, si al bienestar del reino, o a los intereses propios de la Casa de Antigua: destruir la imagen de Rhaenyra como princesa heredera.

Poco después, las dos amigas tendrán un incómodo encuentro con el Bosque de Dioses como eterno testigo, donde su confianza va a ser puesta a prueba, entre juramentos varios. Y como las mentiras tienen las patas muy cortas, es muy probable que más pronto que tarde, se anticipe el final de esta confraternidad.

Por si acaso, Viserys va a hacer llamar a su resacoso hermano ante él. Dos entradas de Daemon en el salón del Trono de Hierro, que no podrían ser más diferentes. Si la primera vez entró con aires de conquistador, entre multitud admiradores y envidiosos, esta ha sido la visita de la vergüenza: traído a la fuerza como un vulgar delincuente a un espacio vacío y sombrío, donde va a encontrar pocas felicitaciones.

Rara vez vamos a ver a Viserys tan furioso, y es que esta es una situación límite que le sobrepasa. El príncipe dragón, lejos de arrepentirse o defenderse, opta por dar crédito a la versión distorsionada de Otto, alegando que los días de grandeza de su familia volverían si se casara con su sobrina. Pero el sueño de un hipotético rey consorte en el futuro acaba por esfumarse, y Daemon es sentenciado al exilio de forma (a priori) definitiva.

El rey Viserys

“El rey Viserys, al principio, se negó a creer ni una sola palabra, hasta que el príncipe Daemon confirmó la veracidad del relato. «Dame a la chica por esposa —dijo, al parecer, a su hermano—. ¿Quién la va a querer ahora?» Pero lo que hizo el rey Viserys fue enviarlo al exilio y promulgar que jamás podría regresar a los Siete Reinos so pena de muerte.” – Fuego y Sangre

Padre e hija se encuentran para abordar el incidente nocturno, pero primero habrá un ‘secreto que ahora solo el fuego puede desvelar’. Y se trata de la conocida daga de acero valyrio. Esta serie tiene un problemilla, y es que trata de arreglar aspectos del final de Juego de Tronos, cada vez con menos sutileza.

Estuvo aceptable la presentación del arma, para mostrarnos un origen más preciso de la misma, al parecer de la mismísima Valyria. Al fin y al cabo las series comparten universo, pero ha de quedar como un MacGuffin, sin más.

Todo lo que concierne a la daga, debió explicarse mejor en su momento y en su desenlace. Había personajes muy válidos, como Melisandre (campo profético), Samwell Tarly (subtrama de la Ciudadela) o Bran (motivos más que obvios) que son los que tenían la oportunidad de darnos las explicaciones más concretas sobre los Targaryen y la Canción de Hielo y Fuego.

La Batalla por el Amanecer no es ni ha de ser tema central de la Casa del Dragón, y cada nueva referencia que cuelan (inscripción al contacto de las llamas) no aporta al desarrollo efectivo de la trama. Dejemos estos asuntos en el limbo de visiones de la Casa de los Eternos.

“—Ya tiene una canción —replicó el hombre—. Es el príncipe que nos fue prometido; suya es la canción de hielo y fuego. —Al decir aquello alzó la vista, sus ojos se encontraron con los de Dany, y fue como si la viera al otro lado de la puerta—. Tiene que haber uno más —dijo—. El dragón tiene tres cabezas.” – Choque de Reyes, Capítulo 48

Volviendo a la discusión, Viserys reprende nuevamente a Rhaenyra por el quebradero de cabeza que le supone. Hablan sobre responsabilidades y deberes, cuando de pronto la princesa arremete contra Otto Hightower y las extralimitaciones de su cargo, argumentando que por qué los espías de la Fortaleza Roja vigilan sus pasos, aunque ella misma facilita la respuesta de que la quiere ver apartada.

Rhaenyra aceptará comprometerse con Laenor Velaryon, pero también pedirá a su padre que actúe contra el conspirador que la quiere ver caer. Viserys, de todos modos, ordena que le hagan llegar a su hija un té de la luna.

El monarca abre los ojos, y procede a interpelar a Otto tras soltar un sensacional speech sobre Baelon el Valeroso, para posteriormente despedirlo. Alicent de primeras era un señuelo, y la Casa Hightower está incrustada en la Casa Real gracias a las maniobras de Otto.

Más allá de las ambiciones personales que pueda tener, no deja de resultar curiosa la correlación entre las cartas secretas que se envía con su hermano, el Señor del Faro, y los primeros contactos establecidos con Mysaria, quien lleva un par de episodios sintiéndose psicológicamente maltratada por Daemon.

¿Habrá objetivos más allá de la lucha por mantenerse en una posición de poder? Pronto lo descubriremos. Lo que está claro es que Ser Otto no ha dicho su última palabra...

“La princesa de Rocadragón siguió siendo su delfina reconocida, y la mitad de los señores de Poniente habían jurado defender sus derechos. Quienes preguntaban: «¿Y qué pasa con el fallo del Gran Consejo del 101?» no hallaban sino oídos sordos. Aun así, las preguntas persistían, y no pocas las formulaba la propia reina Alicent. Quien con más fervor la apoyaba era su padre, ser Otto Hightower, Mano del Rey; tanto que presionó excesivamente al soberano en este aspecto, y en el 109 d. C., Viserys lo despojó de la cadena insignia de su cargo. «Esta Mano no me hostigará», proclamó su alteza.” – Fuego y Sangre