Continuamos esta serie de ensayos obra de Jim McGeehin  y publicados en Tower of the Hand sobre los peores hombres de Poniente. Si la semana pasada hablábamos de Walder Frey, en esta ocasión lo haremos de otro monstruo: Craster.

El colaborador: Craster

Gilly and Craster by ~Sir-Heartsalot on deviantART
Gilly and Craster by ~Sir-Heartsalot on deviantART

En términos de métrica bruta de cantidad y repulsión generada, es difícil ser peor que Craster, el salvaje responsable del Torreón de Craster. Un bastardo de hijo de un miembro de la Guardia de la Noche y una mujer salvaje, la Guardia abandonó a su madre y él fue forzado a vivir al norte del Muro. Los estómagos de los lectores modernos se revolverán ante la lista de sus acciones: maltrata a sus hijas y nietas y les toma como esposas. La propia moralidad de Poniente se vea ofendida por cometer de manera sistemática dos los mayores pecados de este mundo fantástico: dañar a tu propia sangre y el incesto.

Incluso entre los salvajes, Craster es único en esta práctica. La costumbre salvaje para casarse con una esposa implica “robarla”, una práctica que contra lo que parece a primera vista da cierto poder a la mujer, ya que ella es capaz (y se espera de ella) que luche en cada momento del proceso, probando su independencia y tenacidad, rasgos deseables para un salvaje. Craster, por el contrario, prefiere que sus mujeres sean dóciles y sumisas.

Su segunda práctica, ofrecer a sus hijos a los dioses, es igual de brutal. Aunque la serie de televisión explícitamente muestra que los Otros toman a los niños en algún tipo de ritual a cambio de no atacar a Craster, el libro es menos claro con sus efectos. Quizás sea el mismo, o quizás Craster simplemente les mata para prevenir que se desarrollen hasta ser una amenaza a su poder, usando la religión como una excusa para justificar sus acciones. Tampoco se explica nunca cómo Craster aprendió esta práctica. La aldea de su madre, Árbolblanco, practica algún tipo de sacrificio humano, pero no se muestra en el texto que entregar a los niños sea un práctica de Árbolblanco y parece única de Craster.

El infanticidio en función del sexo ha sido practicado históricamente desde el Neolítico, y los antropólogos han descubierto evidencias de esta práctica en un amplio rango de culturas a lo largo de la historia. Históricamente en nuestro propio mundo el precedente ha sido preferir a los niños varones sobre las féminas. Los varones se veían como más robustos físicamente, capaces de ofrecer más en el trabajo manual. Cuando el concepto de linaje familiar creció en importancia, los hijos varones se volvieron más importantes, pues un hijo podía continuar la sucesión, mientras que una hija era enviada a la familia del marido y así no proveía de medios para ayudar a sus padres.

bebe craster caminantes

La práctica de Craster de dejar a sus hijos morir abandonados encaja con un procedimiento histórico en Europa y Asia occidental, principalmente por razones religiosas. Las religiones de esa área – originalmente politeístas, y más adelante, las abrahámicas – prohibían la práctica de asesinar activamente a sus propios hijos, así que muchos pasaban a abandonarlos para absolverse de responsabilidad, atribuyendo a la inevitable hipotermia o un ataque animal como verdadera casa. Siniestramente, las proclamaciones religiosas hicieron poco para acabar con esta práctica, con ratios de géneros muy desequilibrados en la Edad Media: Maryanne Kowaleski encuentra un ratio de entre 112 y 122 hombres por cada mujer en The Oxford Handbook of Women and Gender in Medieval Europe.

Incluso las motivaciones de Craster de sacrificar a sus hijos para satisfacer a sus dioses es común con varias prácticas de algunas de las primeras civilizaciones en América, particularmente ritos religiosos mesoamericanos que tenían abundantes sacrificios humanos, de niños o adultos. Otras culturas se rumoreaba que compartían esta práctica, como los fenicios o cartagineses, pero los estudios arqueológicos no son claros en este aspeto. Atribuir prácticas bárbaras a enemigos o grupos rivales era habitual para incitar al público a ir a la guerra, aunque los motivos reales tendían a ser conflictos sobre recursos, como agua y tierra fértil. En nuestra era moderna, es difícil determinar qué alegato salvaje esconde algo de verdad y qué es propaganda para crear miedo sin fundamento contra un poder enemigo extranjero.

Un tema oscuro, sin duda, pero uno con amplia historia en nuestro mundo. Como George R.R. Martin ha dicho “…los verdaderos horrores de la historia humana derivan no de orcos y Señores Oscuros, sino de nosotros mismos”. Pese a estos rasgos horribles, hay varios paralelos históricos con Craster, por mucho que los humanos no deseemos admitirlo. Incluso en la época moderna, el infanticidio en función del sexo y la muerte de los niños debido a una gestión selectiva de los recursos se realiza sistemáticamente en países de nuestro mundo.

El hijo de Craster
El hijo de Craster

Sin embargo, hay un tercer tema con Craster que es más sutil, y mucho más difícil juzgar de maner ética: su cooperación con la Guardia de la Noche.

La colaboración con el enemigo es algo vilipendiado entre partes en conflicto. Ayudar activamente a un enemigo de tu propia gente es un acto repudiado sin parangón. En los tiempos medievales, la traición era frecuentemente castigado con la muerte. En tiempos modernos es con frecuencia un crimen castigado con algunas de las más severas sentencias que un país legalmente puede realizar, incluido la muerte o la cadena perpetua incondicional; y no es demasiado raro que haya “accidentes” con las personas sospechosas de cometer una traición antes de que una sentencia sea ejecutada. Entre los crímenes, la traición a tu pueblo es el punto más bajo: la completa deslealtad con tu propio hogar.

El tipo de “traición” de Craster no es la misma que la de los más infames traidores históricos, como Benedict Arnold o Efialtes de Tesalia. Esos traidores o habían ganado posiciones de poder bajo sus nuevos señores o fueron rápidamente abandonados. Craster es diferente en que permanece independiente y es nominalmente un salvaje, incluso diciendo eso cuando Jeor Mormont le ofrece cruzar de manera segura el Muro, pero aún así es amigo de la Guardia, ofreciéndole apoyo y refugio.

Por su parte, Craster no tiene una simpatía ideológica por la Guardia de la Noche, y la Guarda misma le ve como sospechoso por las prácticas en las que se envuelta su familia. La ganancia de Craster es puramente material, ya que los hermanos negros comercian suministros con él que no puede adquirir por sí mismo, particularmente vino y acero. Tampoco parece tener Craster algún odio especial a algún salvaje más allá de su baja opinión del resto de la gente en general. Es bastante seguro asumir que la colaboración de Craster no guarda un motivo político o ideológico.

El Torreón de Craster
Set del Torreón de Craster en la serie

El diálogo entre el Pueblo Libre y la Guardia no es algo único de Craster: a algunos miembros de la Guardia les han perdonado la vida los salvajes y niños salvajes con padres muertos han crecido en Villatopo. Edd Tollet incluso dice que “los amigos nos enierran en tumbas secretas”, pero Craster permanece siendo el punto focal de la colaboración salvaje con la Guardia hasta que cruzan el Muro en masa, obligados por la marcha de los Otros. Ningún otro salvaje ayuda a la Guardia tanto como Craster en el texto, ya sea por acción o referencia, hasta que los salvajes cruzan hasta el Agasajo a causa de los infatigables y aparentemente imparables Otros.

Lo que hace el tema más confuso, y enreda la analogía de la colaboración militar, es que los salvajes por sí mismos no son una única nación, ni tienen una entidad de gobierno responsable de liderar todos los salvajes en conjunto. Los thennitas tienen leyes y señores, haciéndoles cercanos a un proto-reino, pero las otras tribus no. Hay, sin embargo, una noción de ideología “pan-salvaje”, que todos los salvajes comparten incluso si muchas tribus están en guerra con otras por recursos limitados y especialmente contra la odiada Guardia de la Noche.

Esto es evidenciado a través de los históricos Reyes Más Allá del Muro, que han sido siete. Uno puede haberse visto como un error estadístico, un tipo ejemplar que consiguió una hazaña que nunca ha podido repetirse; pero siete sugieren un pensamiento e identidad común: que los salvajes pueden aceptar un rey si es lo suficientemente fuerte, inteligente y carismático como para ganar la alianza de la miríada de tribus más allá del Muro.

Este extraño cúmulo de circunstancias tiene un paralelo en uno de los conflictos centrales que dominan la política mundial: el conflicto árabe israelí, uno de los más antiguos conflictos de la historia y que continua hasta el día de hoy. Este “pan-salvajismo” es un espejo del sentimiento “pan-árabe” que se alzó tras la formación de Israel en 1948. Avivados por los británicos que habían derrotado al imperio otomano, el recuerdo del antiguo califato de la Edad Media era fuerte entre muchos árabes de aquella época (y aún hoy). El califato de aquella época dio al mundo muchos avances en ciencia, medicina y literatura, y la idea de “tiempos mejores” era muy atractiva para la gente árabe, muchos de los cuales vivían en países cuya independencia no tenía más de 30 años y luchaban contra la pobreza, desempleo y recursos limitados.

guardia de la noche

La noción de Israel como enemigo común de los árabes ayudó a alimentar este fuego y esto llevaría a una guerra, llamada Guerra de la Independencia o de la Catástrofe, en función del bando. Dejando a un lado la semántica, una coalición de tropas árabes de Egipto, Irak, Líbano, Siria y Transjordania intentaron invadir Israel y poner fin al tratado de Naciones Unidas que establecía Israel como un país.

Sin embargo, el Rey Más Allá del Muro tenía una ventaja distintiva sobre la coalición de fuerzas árabes entre las que había varias naciones distintas. Eran independientes, y había poco apoyo como coalición entre ellas, lo que mitigaba su superioridad numérica.

A pesar de ser menos numerosas, tanto los israelíes como la Guardia de la Noche usaron fortificaciones defensivas y el exceso de confianza enemigo para retrasar el progreso del enemigo y detener sus avances.  Los israelíes resistieron en sus posiciones defensivas entre mayo y junio de 1948 hasta que sus refuerzos llegaron en julio y, de manera similar, la Guardia de la Noche fue capaz de derrotar a la fuerza salvaje y mantener Castillo Negro hasta que Alliser Thorne pudo llegar de Guardiaoriente con refuerzos.


El siguiente conflicto a gran escala árabe-israelí, la Guerra de los seis días en 1967, se puede asemejar a la segunda fase de la Batalla de Castillo Negro. Tanto las fuerzas de Stannis como el ejército israelí tenían una superioridad tecnológica sobre el enemigo que, a cambio, tenía una significativa superioridad numérica. Las fuerzas de Stannis atacaron preventivamente a los salvajes mientras asediaban a la Guardia de la Noche. Además, atacaron a los mamuts de los salvajes para negar que las bestias se desplegaran sobre el campo de batalla, lo cual puede ser un reflejo de cómo la fuerza aérea israelí atacó a la fuerza aérea egipcia para mantener la superioridad aérea el 5 de junio de 1967. En ambos conflictos, la superioridad tecnológica y el rápido despliegue de las tropas derrotaron a la superioridad numérica.

Batalla

La paz de la Guardia de la Noche y el Pueblo Libre tiene ecos de los históricos acuerdos de Camp David en 1978 entre Anwar al-Sadat, presidente de Egipto, y Menachem Begin, primer ministro israelí. Uno de los puntos claves fue la tierra, y el tema fue resuelto en ambas conferencias de paz. Los israelíes cedían la península de Sinaí a Egipto, y, de manera similar, la Guardia de la Noche concedía a los salvajes el Agasajo. Algunos salvajes, como El Llorón, rechazaron cualquier forma de paz y criticaron a los otros salvajes que se “arrodillaron”, lo que guarda semejanza como la caída de Egipto de la Liga Árabe y la relocalizacación de su base en Túnez cuando Egipto reconoció oficialmente a Israel como país.

El pueblo palestino, que no tenía un país y gobierno establecido propio pero había establecido un gobierno sin nación denominado Organización para la Liberación de Palesina (OLP) en 1964 bajo la guía de la Liga Árabe llevaba tiempo reclamando el reconocimiento de una nación palestina independiente. De 1967 a 1987 el pueblo palestino inició guerra de guerrillas bajo el liderazo de Yasser Arafat. Finalmente, escaramuzas aisladas y tensiones latentes explotaron en un conflicto a gran escala palestino-israelí denominado la Intifada (más tarde denominada Primera Intifada, término árabe que significa “sacudida”), un conflicto de seis años desde 1987 a 1993.

En este conflicto vemos el lado oscuro de colaboracionismos y donde Craster vuelve a tener un paralelo moderno (salvo el incesto y el infanticidio). Durante la Intifada, se estima que 822 palestinos fueron ejecutado bajo sospecha de colaborar con Israel, de acuerdo a Human Rights Watch. Muchos sospechosos de colaboracionismo fueron acusados de pasar información a los servicios de inteligencia israelíes. La información de Craster de dónde estaba la base de Mance Rayder, incluyendo mapas, puede ser considerado un paralelo directo a la información sobre la fuerza de las tropas de la OLP y su ubicación en los territorios palestinos durante la Intifada, información que supuestamente fue pasada a los servicios de inteligencia israelíes y conllevó una sentencia de muerte.

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Lo que no vemos es una venganza contra Craster y otros supuestos colaboradores, y eso es una extraña ocurrencia. En tanto la historia como la ficción la noción de un traidor recibiendo su merecido tiene una gran resonancia y la falta de respuesta, o incluso de reconocimiento a Craster, nos hace cuestionarlo. Muchos salvajes despreciaban cualquier acuerdo con la Guardia de la Noche, un enemigo histórico, pero aquí no parece haber ninguna venganza tomada contra los salvajes que negocian con la Orden, y la cuestión es por qué.

¿Los salvajes también rechazaban a Craster por sus prácticas con sus hijos y esposas? ¿Sabían el resto de los salvajes la colaboración entre Craster y la Guardia? Por las palabras de Craster, es improbable que más de cuatro o cinco exploradores estuvieran con él normalmente. La navaja de Occam nos sugiere que sencillamente los salvajes no se asociaban con Craster y no conocían que ayudaba a la Guardia. Después de todo, un solo hombre luchando no duraría mucho contra una banda asaltante dedicada a ello, y pese a ello Craster siempre parecía tener suficiente comida en la despensa y cerdos en el corral. Quizás su tributo a los dioses le protegía más de lo que un lector escéptico podría creer.

Al final, es más fácil desechar a Craster como un personaje sencillo y plano, un monstruo sin remedio que muestra alguno de los peores rasgos que la humanidad puede ofrecer, pero eso es injusto para con el personaje, por muy menor que sea. A pesar de su crueldad, aún así ofrece su techo a la Guardia de la Noche e información a cambio de vino y acero, y esto resalta una parte importante de la escritura de Martin; que él recoge hechos históricos con solamente un muy pequeño toque de fantasía.

Para bien o para mal, Craster resalta algunos de los más oscuros y peores aspectos de la humanidad sin ser una caricatura y teniendo motivos que un lector pueda entender aunque no aceptar. Esta idea es una clave de la mitología de Martin, destacando la profundidad incluso en personajes menores; y cómo se puede explorar las muchas facetas de la inhumanidad.