Continuamos con este especial para esta semana en Los siete reinos que hemos llamado Orgullo en Poniente. Tras dos artículos hablando de roles de género, hoy abordamos un tema complejo y espinoso tanto en los libros como la serie: la bisexualidad, con un ensayo obra de nuestra colaboradora Clara Dies.

La compleja bisexualidad en Juego de Tronos y Canción de hielo y fuego, por Clara Dies

Oberyn_Martell_HBO

La bisexualidad es una etiqueta compleja de llevar para quien se identifica como tal. Habitualmente, se traduce como “ser normal en un 50%” en el mejor de los casos, y en asumir que esa persona vive por el vicio y la promiscuidad en el peor. No es de extrañar entonces que, en una serie con una representación LGTBQ en ocasiones no muy acertada como es Juego de Tronos, encontremos algún que otro personaje que responda a estos estereotipos. 

Ante todo, es necesario recalcar que es difícil cruzarnos con personajes estrictamente bisexuales tanto en Juego de Tronos como en Canción de Hielo y Fuego, o incluso El Mundo de Hielo y Fuego (donde quedan reducidos a simples menciones). La norma es la heterosexualidad, algún caso puntual de asexualidad sospechada, y homosexualidad velada o rumoreada. Aunque sólo se nos cuenta parte de la vida de esas personas y no sabemos si a tal caballero que mantuvo una larga relación con su hermano juramentado también le interesaban las mujeres, esto es lo que Martin en un caso y los guionistas en otro han decidido enseñarnos, así que partiremos de los únicos casos en los que no hay preferencia de género explícita como referencia.

El mayor (y casi único) exponente de bisexualidad que vemos en los personajes de este mundo viene de Dorne. Al igual que en muchos otros aspectos, Oberyn y Ellaria fueron la introducción de esta región en la cuarta temporada y en el tercer libro, y ambos se presentan como bisexuales (quizás más explícitamente en la serie que en los libros).

Dorne, como en otros aspectos, es una tierra más tolerante con la vida e intereses de sus gentes que el resto de Poniente, y no importa la clase de relaciones que se tengan mientras haya placer en ellas. Por una parte es un gran aporte a la diversidad sexual y a la representación de la misma en la saga, además de a la representación en general de la bisexualidad en ficción (recordemos la popularidad que tuvo Oberyn entre el público, haciendo “tolerar” más cualquier rasgo relacionado con el personaje).

ellaria

Por otro, el retrato que se crea de esta orientación sexual es la similar a la habitual. Dorne es una tierra abierta de mente y tolerante, cosa que se tradujo en que los dornienses suelen ser más “viciosos” que el resto de ponientis. Así pues, no hablamos de un personaje que tenga relaciones puntuales independientemente del género de sus parejas, sino de que la bisexualidad va de la mano de la libertad sexual. Aunque puede ser un punto de vista positivo en según qué contextos y dice mucho de esta filosofía de vida que los dornienses vivan bastante en paz con sus deseos, el personaje bisexual que lo es por libertinaje o perversión es un estereotipo que ya cansa en ficción.

Curiosamente, los otros pocos casos de personajes con muestras de bisexualidad los encontramos en algunos de los personajes más importantes de la saga, empezando por Daenerys. En Tormenta de Espadas, Dany tiene un encuentro sexual con su doncella Irri que ambas parecen disfrutar, y se nos presenta como algo perfectamente natural (nuevo para Daenerys, cuyo punto de vista es el que se nos da en la escena, pero normal por el resto). Según esto, Daenerys, uno de los principales y más populares personajes de una gran saga de ficción es bisexual.

Es todo un hito en representación LGTBQ, más si tenemos en cuenta que se nos describe sin los tópicos habituales. No es una situación estándar, hablamos de una reina por la que muchos de sus súbditos harían cualquier cosa y es el caso de Irri, quien simplemente quiere complacer a su khaleesi. Pero, desde luego, es un gran paso hacia la normalización.

Aunque desde un punto de vista completamente personal, es necesario hacer mención a la escena de Cersei con Taena Merryweather en Festín de Cuervos. Aparentemente podría ser una escena paralela a la de Daenerys e Irri que clasificaría al personaje como bisexual: una doncella sirviendo a su reina en un contexto sexual. Pero el punto de vista de Cersei nos permite ver que no es más que un juego de control por parte de la misma.

Daenerys y los dragones, por Joshua Cairós
Daenerys y los dragones, por Joshua Cairós

Cersei no es bisexual, no lo disfruta más allá de ver satisfecha su curiosidad por cómo será intimar con una mujer, y no deja de pensar en la invasión que Robert suponía para ella mientras le hace lo mismo a Taena. Incluso cierra el encuentro pensando en que nadie era nunca igual que Jaime. Si la infame expresión que es “heterocuriosidad” ha tenido alguna vez sentido, es en esta escena, y mezclada con una dosis de autoridad y desprecio con la que suele tratar Cersei a cualquier persona que considere por debajo de si misma.

Por último, tenemos un personaje que, si bien no es bisexual, la adaptación de HBO ha cambiado en su identidad sexual. Yara Greyjoy, Asha en las novelas, se nos presenta como heterosexual en los libros, mientras que en su primera escena con carga sexual en la serie vemos que se siente atraída por las mujeres. Y esto podría quedar simplemente como una adaptación de un personaje heterosexual en homosexual (cosa que, como opinión personal, encaja con el personaje empoderado y con bastante libertad de decisión en su vida que retrata la serie), pero tras este cambio hubo una reacción curiosa por parte del fandom: se empezó a hablar de Yara como bisexual.

Si no se tenían muestras de interés sexual en hombres (más allá de su burla de Theon tras su primera llegada a Pyke, que muy difícilmente puede considerarse como tal), ¿por qué se asumió bisexualidad donde no la había? ¿No sería más lógico entender que Yara es lesbiana? La cuestión queda abierta a reflexión; a ser posible, teniendo en cuenta la visión de la sociedad de la bisexualidad y la tristemente habitual sexualización de la misma de tal manera que encaje en la heteronormatividad. Estándar que, con un poco de suerte, normalización y educación sexual sin tabúes ni tópicos, el público futuro de estas obras de ficción habrá dejado atrás.