
Cuarta Reviews de los Lectores de Los Siete Reinos de esta tercera temporada de La Casa del Dragón. Son obra de nuestra amiga Cristina Arias, autora de antologías y poemarios y responsable del podcast Paseando por la Cava Baja, a quien ya habéis escuchado en Los Siete Reinos y es una enamorada de la saga que conoce muy bien Fuego y Sangre. Llega mientras la autora de la reseña y el editor se encuentran disfrutando de un maravilloso Festival Celsius.
La Casa del Dragón 3×04– Ladera

Por Cristina Arias
Podría comenzar con cualquier excusa, pero prefiero decirlo sin tapujos y dejarlo claro desde el principio: el capítulo de esta semana me ha parecido flojo, muy flojo. Ya no tanto por las abismales diferencias con Fuego y sangre, que por supuesto que las hay, sino porque parte de esas diferencias surgen de decisiones que no entiendo.
Ilustremos el inicio como todas las semanas, con el tapiz que se parte en dos, haciendo de nuevo más hincapié en las ratas que, metafórica y literalmente, suponen una plaga destructiva en la corte de Rhaenyra. Después de esto, dos personajes con muy mala pinta conversan a escondidas.
Parece haber bastante consenso en que el personaje de la derecha es Torrhen Manderly, quien será nombrado en este mismo episodio Consejero de la Moneda, y que tiene todas las papeletas de poner en prácticas las mismas leyes que Lord Bartimos Celtigar.

Sobre el otro personaje hay bastantes dudas y reconozco que, ahora mismo, no sé quién puede ser. Por último, vemos al pueblo de Desembarco del Rey demandando comida, justicia o, incluso, adorando a alguna figura que no se ve. La cosa está clara: a Rhaenyra el gobierno de la capital se le va a ir de las manos.
Esto último no quiere decir que al bando de los Verdes le vaya mucho mejor, pues en este episodio vemos que están más dispersos y desunidos que nunca. Lo curioso es saber, como sabemos, cuál va a ser el bando vencedor.
Comenzando con el episodio en sí, la serie da un salto de gigante para mostrar lo que se anticipaba en el capítulo anterior: las tropas de Lord Ormund Hightower han tomado Ladera, y se instalan en ella cual franceses durante la Guerra de Independencia española; es decir, con malos modos, aprovechándose de los ciudadanos y faciendo entuertos de todo tipo.

Y es que Lord Ormund es uno de los personajes principales de este episodio, precisamente a mitad de temporada. A lo largo de la historia de esta semana, iremos descubriendo que, aunque en apariencia se muestra como un hombre pulcro, instruido y justo, en realidad es un hombre maniático, violento y un fanático religioso. Además de esto, teme a los dragones y piensa que su casa es una especie de raza superior. Eso me ha hecho gracia. Nunca había oído a nadie reivindicar la supremacía de las personas “verdes”, pero oye, cosas veredes…
Desde luego, este Lord Ormund no se parece en nada al de Fuego y sangre, por lo que ya se nos ha revelado quién es el nuevo villano de la temporada. Por su parte, Daeron sí parece más acorde a como se le describe en el libro, junto con su dragona Tessarion. Pero ese carácter apacible y dulce choca en este caso con el de un mentor despótico y manipulador, que está convencido de poder poner a su sobrino en el Trono de Hierro y así gobernar en la sombra a través del joven.
O sea, que Lord Ormund se ha convertido en un villano de megalómano que es muy sensible a los olores. Incluso Alicent lo sabe y se lo dice a Rhaenyra. Como esa información sirva realmente para algún burdo truco de guionista, una de dos: o me parto de risa o soy yo quien echa fuego por la boca.

Siguiendo con la estela Hightower, Sir Criston y Sir Gwayne Hightower llegan por fin con sus tropas a Harrenhal, entran en la película de terror y se encuentran con Alys Ríos. Hasta aquí, nada nuevo con respecto a lo que les ha pasado a los demás. Solo que Alys les dice que Aemond y Vhagar se han marchado a Desembarco del Rey. Las dos huestes Hightower se han quedado sin dragona.
Cada personaje reacciona a estas noticias de diferente forma: Gwayne opina que hay que avisar a Ormund y unirse a él cuanto antes; Sir Criston, fiel a su estilo ladino y tramposo, propone avanzar y atacar a los ribereños y los norteños del bando Negro a modo de guerrilla, en medio de la noche, para dar más tiempo a Ormund. Y este último, avisado por su hermano, se lo toma todo muy mal.
De todas formas, sabemos que, una vez que tenemos villanos de sobra, es muy probable que sea Sir Criston uno de los próximos en caer. Sabemos por Fuego y sangre que Aemond y la Mano del Rey se separan de mutuo acuerdo, cosa que no ocurre aquí, entre otras cosas, porque sabemos que Aemond está escondido, forjando su relación con Alys Ríos. Lo que me preocupa es dónde pueden haber escondido a Vhagar, porque no es pequeña. A saber…
Y, cómo no, ahora vienen las dos partes innecesarias de la temporada.

“Las aventuras de Chicharrito y Patizambo” nos dejan claras un par de cosas: en primer lugar, que Fuegosolar acabará resucitando, al igual que su dueño; en segundo lugar, que Aegon puede aprender humildad y ver la miseria que provoca la guerra, o también albergar aún más rencor del que ya tiene; por último, que el cadáver de Meleys decapitada entre las ruinas es un acierto y queda muy impactante. Si ya sabemos cómo va a acabar la cosa, estos juegos de si el dragón está vivo o muerto y todo lo demás me parecen absurdos.
Y también tenemos el espacio “El rincón de Alicent”, en el que la reina viuda se va entrevistando con Rhaenyra para decirse media cosa o cosa y media. De aquí destaco, sobre todo, la entrega del anillo de Sir Otto, los importantes datos sobre Lord Ormund y los olores y, aunque no se trata de una entrevista, el embarazo de Helaena es lo más sobresaliente.
Ese bebé quizás podría ser hijo de Aemond si atendemos a la cronología de la serie, pero, si ya había un hijo menos, ¿qué sentido tiene ahora ese embarazo? ¿Es sólo para poner a Helaena y Alicent en una tesitura de peligro frente a Rhaenyra? ¿Van a abusar dos veces de la idea de mujer sensible y desesperada que acaba cayendo en la locura? En este capítulo todo lo que surge me da mala espina.

Daemon ha ido a visitar a Jeyne Arryn para obtener dinero y, tras una pequeña humillación y un poquito de “dame pan y dime tonto”, se marcha con su botín; pero algo llama la atención de Caraxes. El dragón busca y se encuentra con Robaovejas y Rhaena en una cueva. La joven expone sus razones, que sólo quería ser útil y que decide vivir sola en el Valle con su dragón como penitencia.
Daemon intenta ayudarla y, al final, lo hace del único modo que se le ocurre: mintiendo y distrayendo a Rhaenyra, que no a Mysaria. La tensión entre los dos y los celos de la Consejera de los Rumores hacia Alicent van a suponer un punto de inflexión en la corte cuando todo explote.
Una vez que ya hemos aterrizado en Desembarco del Rey, continuemos con la parte del bando Negro en la historia. Lord Corlys, que en Fuego y Sangre es el más fiel servidor de Rhaenyra, decide marcharse a acabar con el bloqueo marítimo, no sin antes dejar como Mano a Alyn de la Quilla, su bastardo.El consejo real es un desastre vacío y la reina, o bien no encuentra soluciones, o las que encuentra no parecen muy buenas.

Recordemos que ha colocado a Torrhen Manderly como Consejero de la Moneda después de que, supuestamente, Mysaria lo sondeara. El maestre Orwyle sigue siendo mi héroe de la supervivencia, y, junto con lo que sabemos de Lord Ormund, anuncia que probablemente veamos un enfrentamiento entre la fe de los Siete y los dragones, cosa que no sucede en el libro en este punto.
Sinceramente, creo que el descontento se puede justificar con la hambruna, los impuestos y la frialdad de Rhaenyra, a la que en el libro llegan a llamar “Maegor con tetas” y en la serie llaman “Reina de los bastardos”. No veo necesario un conflicto de fe por unos dragones que llevan tanto tiempo ya en Poniente y que van a acabar siendo el objetivo del descontento general.
Y otra cosa. Alabé la actitud y humanidad de Rhaenyra en el capítulo anterior, pero veo que el guion vuelve a las andadas y nos muestra a un personaje demasiado titubeante, confiado hasta la inocencia y que no parece conocer a ninguno de sus allegados. ¿Cómo se entiende que castigue a Ulf el Blanco como si riñera a un crío y no le exija respeto cuando este le devuelve el golpe?

¿Cómo se explica que se crea a pies juntillas la historia de Daemon y que no haya preguntado por Joffrey, a quien mandó llamar a la corte para educarlo como su heredero? ¿Cómo se comprende que acepte a Alyn como Mano, con lo que eso supone, sin poner ningún impedimento, pensando además que Lord Corlys volverá pronto como si no hubiera pasado nada la última vez que se vieron?
Yo sé que la serie busca encajar la futura muerte de Rhaenyra presentándola como una mujer que quería ser un buena reina pero que, finalmente, enloqueció y se convirtió en una figura trágica al puro estilo shakespeariano, pero este nivel de ingenuidad me parece alarmante.
Y terminamos la reseña donde la empezamos, en Ladera. Ulf el Blanco y Hugh Martillo han sido enviados a la ciudad para vigilar los movimientos de los Hightower mientras los ejércitos de Rhaenyra se preparan para asediar la ciudad. En principio, la idea es que los dragones no entren en batalla, para que no se pierdan vidas inocentes, pero sabemos que eso no va a pasar. Hugh pide ir a la ciudad porque allí está su mujer, quien, por supuesto, ha sufrido un intento de violación por parte de un soldado repugnante, aunque más adelante verá que ha perdido a su hermano.

Hay gente que está elucubrando con que Hugh va a traicionar a Rhaenyra porque Lord Ormund va a utilizar a la esposa del Martillo para chantajearlo. Como no acabo de entender por qué ha cambiado tanto el personaje del libro a la serie, tendré que esperar, pero pensemos también en Ulf, que es miserable, pero mucho menos que en el libro, y que puede acabar vendiendo a su bando por una regañina de institutriz victoriana y poco más.
En resumen, un capítulo de relleno, no sin información, pero que posee piezas innecesarias y que no aportan demasiado. Espero que el siguiente, en el que se augura batalla, vaya un poquito mejor.
¡Hasta la próxima!















