Tercera de las Reviews de los Lectores de Los Siete Reinos de esta tercera temporada de La Casa del Dragón. Como en la segunda son obra de nuestra amiga Cristina Arias, autora de antologías y poemarios y responsable del podcast Paseando por la Cava Baja, a quien ya habéis escuchado en Los Siete Reinos varias veces y es una enamorada de la saga que conoce muy bien Fuego y Sangre.

La Casa del Dragón 3×03 – Rhaenyra triunfante

Por Cristina Arias

Esta semana no he estado muy al corriente de cómo han ido las críticas del episodio; pero he de decir que, tratándose de una historia que se desarrolla en su mayoría intra muros de la Fortaleza Roja, con poca acción y con mucho diálogo, se ha convertido en mi favorito de lo que llevamos de serie.

La pasada reseña ya apuntaba que Rhaenyra debía tener una evolución, y que su paso por el trono no iba a ser un camino de rosas. Habiendo centrado la acción únicamente en ella, por fin vemos a una reina que ha luchado por conseguir gobernar, pero a quien el gobierno empieza a darle muchos quebraderos de cabeza. En efecto, cualquier corona es brillante, pero, cuanto mayor es su oro, mayor es su peso.

El inicio del episodio comienza con una escena que resulta un poco aperplejante. Daemond va a pedir a Lord Ormund Hightower que rinda pleitesía a la Reina Negra y que entregue a su escudero Daeron, hijo de lady Alicent y posible pretendiente al trono. Lord Ormund cumple con todo, pero rápidamente se ve que los Verdes aún tienen ases en la manga. No todo puede ser fácil.

Y es que, si teníamos alguna duda, el tapiz nos la resuelve con facilidad: esa rata destacada en el retrato familiar de la corte de la nueva reina, y esa tela que se desgarra ya nos dan a entender que los problemas nunca terminan en esta historia. En este caso, no han hecho más que empezar.

Rhaenyra está montando una versión propia de Reformas a lo bestia en la Fortaleza Roja. Mysaria está encargada de sondear al servicio, su consejo privado en Rocadragón ha sido despedido con cajas destempladas por traidores, y la reina desea celebrar una coronación formal cuanto antes. Durante casi todo el episodio es la misma Rhaenyra quien piensa en su padre a la hora de tomar decisiones.

Pero los Siete Reinos ya no son los mismos que antaño gobernó Viserys, la guerra, el bloqueo y las argucias de la baja nobleza para escamotear el pan de los más pobres han vuelto al pueblo inseguro y belicoso. Los nuevos Siete Reinos tienen otras circunstancias que deben resolverse acorde a nuevas necesidades.

En Fuego y Sangre vemos algunas concomitancias con lo ocurrido en el episodio, aunque no estamos ante los mismos hechos. En primer lugar, las arcas reales están vacías, puesto que ese dinero se había repartido a los Lannister, o se había depositado en el Banco de Hierro o fue directamente a la custodia de los Hightower. Ante esto, Rhaenyra nombra a Lord Bartimos Celtigar como consejero de la moneda. Este comienza una campaña de recogida de impuestos que hace temblar hasta al último ciudadano de Desembarco del Rey:

“El gravamen por el vino y la cerveza se duplicó; los aranceles portuarios se multiplicaron. Todo tendero de intramuros debía pagar una tarifa por el derecho de abrir sus puertas; las posadas tenían la obligación de pagar un venado de plata por cada cama; se recuperaron y triplicaron los portazgos […] y se decretó un impuesto sobre la propiedad. Desde los ricos mercaderes de las mansiones hasta los pordioseros de las chabolas, todos debían pagar, según cuánto terreno ocupasen. “Las ratas deberán pagar su parte””.

En la serie, Rhaenyra decide invitar a los nobles menores y mercaderes a un banquete en el que sirve unas riquísimas ratas asadas, mientras los capas doradas asaltan sus respectivas casas y se hacen con el botín correspondiente a todo lo que afanaron durante el bloqueo, probablemente, con intereses. Más tarde, Rhaenyra y Mysaria reparten lo recaudado entre los pobres, aunque saben que no se trata más que de un gesto cosmético, al menos, la reina piensa que esto le dará un respiro hasta que encuentre una solución a la falta de dinero.

Además de todo esto, el Gran Septón se niega a ungirla como reina, nombra caballeros a Ulf, Hugh y Addam, pero ninguno de los tres está contento. Ulf El Blanco, al que se le encomienda fuerza, no tiene tierras; Hugh El Martillo, al que se encomienda ser justo, desea ver cumplida la promesa de que su familia tenga una casa propia alejada de la miseria, pero Rhaenyra ya le dice que “Estoy ahogándome en dilemas y carencias. Dejad que me ubique”. Según Fuego y Sangre, Hugh “lo celebró matando de una paliza a un caballero de la casa de la reina en un burdel”. Ya vemos que las motivaciones de ambos personajes en cada obra son diametralmente opuestas.

Por último, Addam no será nombrado Velaryon, como en el libro, sino que será Addam de la Quilla, a quien se pide defender a los inocentes. ¿Por qué sale mal, de momento, la idea de la legitimación? Eso me preguntaba yo la semana pasada y aquí tenemos la respuesta.

Lord Corlys invita a cenar a la reina para comentarle que desea legitimar a Addam y Alyn. Sin embargo, Rhaenyra sí sabe la historia de la barquita llamada Libertad, y empieza a poner mil excusas para no dar aún el apellido Velaryon a los dos bastardos de Lord Corlys. Este último interpreta el gesto como una ofensa y como desagradecimiento a todos los esfuerzos y ayuda que prestó a su reina, por lo que la situación entre la soberana y su Mano está empeorando. 

Sumemos a todo ello las conversaciones con Daemon, quien, en su línea, desea seguir conquistando y sometiendo todo Poniente a base de terror. Para Daemon, la crueldad en un rey es signo inequívoco de fuerza, y la fuerza es respeto. Pero Rhaenyra quiere ser, ante todo, justa; y es, ante todo, humana. Lo que persigue es la mezcla casi imposible de sensatez, fuerza y clemencia, pero ese equilibrio puede hacer zozobrar al más pintado. Así que Daemon parte al Valle de Arryn para sacarle dinero a Lady Jane y llevar a Joeffrey de vuelta a Desembarco del Rey. Esa desaparición va a ser divertida…

Aunque, para desapariciones divertidas, las de Robaovejas, Fuegosolar y Vaghar. Baela es enviada sobre Bailarina Lunar para buscar a los dragones prófugos y a sus jinetes, obteniendo como único resultado saber que el dragón de Aegon II está muerto. O eso parece. ¿Será verdad? ¿Qué hará entonces nuestro amigo Chicharrito cuando lo encuentre? Me lo voy viendo venir. La marcha de Daemon también supone una tregua a su guerra fría con Mysaria. Según Fuego y Sangre:

[…] Mysaria emergió de entre las sombras para establecer su residencia en la Fortaleza Roja. Aunque jamás se sentó oficialmente en el consejo privado de la reina, la mujer conocida como lady Miseria se convirtió de hecho en la consejera de los rumores, con ojos y oídos en cada burdel, cervecería y cacharrería de Desembarco del Rey, así como en los salones y cámaras de los poderosos”.

También se dice que:

“El príncipe Daemon seguía encandilado con ella y la convocaba todas las noches , al parecer con la bendición de la reina Rhaenyra”.

Como vemos, esto está a años luz de lo que ocurre en la serie, por lo que sigo albergando dudas de cuáles serán los pasos de Mysaria en esta nueva etapa. Lo que coincide en parte es la idea de las recompensas. Rhaenyra planea ofrecer oro a cambio de sus enemigos o sus dragones, aunque sin oro que poder entregar. 

Veamos por último la relación de Rhaenyra con sus rehenes. En Fuego y Sangre se nos cuenta que: “A la reina Alicent le pusieron grilletes de oro en muñecas y tobillos, si bien su hijastra le perdonó la vida”. Además de esto, Lord Corlys propone que ambas vayan a servir a los Siete y que Jaehaera se quede como pupila para poder casarla más adelante con el joven Aegon. En la serie, de momento, Alicent y Helaena están recluidas en sus aposentos, lo que da pie a conversaciones muy interesantes entre La reina y la reina viuda.

Ahora las tornas han cambiado, pero Rhaenyra tiene que tomar decisiones difíciles a pesar de que trata de hacer las cosas con la mayor compasión posible, pero es probable que le salga muy cara. Ya casi al final del episodio descubre la nueva reina que Lord Ormund le ha hecho el timo del Tocomocho y su perplejidad y desesperación crecen aún más si cabe.

Todos estos inconvenientes, unidos a que los guionistas nos han recordado lo que es pasar por momentos de estrés mientras la menstruación te pilla por sorpresa, hacen que Rhaenyra empiece a desorientarse, a tener visiones con sus hijos, a no dormir, a no intervenir de manera adecuada, a no comprender y a no obtener respuestas. El final de la historia de esta semana es bastante elocuente. ¿Qué hace Lord Ormund? ¿Qué pretende?

Nosotros, los lectores, hemos tenido la fortuna de haber podido asomarnos a un día en el caótico reinado de Rhaenyra, pero ahora lo que viene son las respuestas a las preguntas de la desprevenida reina. Y no son buenas para el bando de los Negros. Los verdes aún tienen varias cosas que decir.

¡Hasta la próxima!