Vuelven las Reviews de los Lectores a Los Siete Reinos. Este año contamos de nuevo como en la segunda temporada de La Casa del Dragón con nuestra amiga Cristina Arias, autora de antologías y poemarios y responsable del podcast Paseando por la Cava Baja, quien ya habéis escuchado en Los Siete Reinos varias veces y es una enamorada de la saga que conoce muy bien Fuego y Sangre.

La Casa del Dragón 3×01 – Sal y mar, Fuego y sangre

Por Cristina Arias

Dice George R.R. Martin que la persona que lee vive muchas vidas, y bien lo sabemos nosotros como lectores de sus historias. Sin embargo, la cruda realidad indica que somos dos años más viejos, pero los personajes que forman parte del mundo de Poniente continúan sus andanzas donde los dejamos.

Se hace raro escribir una nueva reseña después de tanto tiempo, pero, no os voy a mentir, también hace ilusión compartir todas estas aventuras llevadas del papel a la pantalla con vosotros. Basta de nostalgias, pues, y vayamos a la Danza de los Dragones, a la guerra, al primer episodio de la tercera temporada de La casa del dragón.

Una vez más nos recibe nuestro querido tapiz con la maravillosa música de inicio, que marca su ritmo a través de potentes tambores de guerra. Esta vez, se centra más en los hilos rojos, de apariencia ensangrentada, y el tejido de la narración muestra los acontecimientos pasados con rapidez. Sólo al final vemos una anomalía: el blasón de los Fuegoscuro. Desde luego, la cosa no puede pintar mejor.

Sin duda este episodio ha sido largo y no despeja todas las incógnitas que nos dejaba el final de la temporada anterior, pero todo se andará. En cuanto a lo que vemos en pantalla, de nuevo se nota que se sigue la línea general de los libros, aunque con cambios y licencias. Nada nuevo.

Toda tragedia suele nacer de un conflicto: el de lo que se desea hacer con lo que se debe hacer. Normalmente, el primer elemento nace del impulso, las pasiones o la debilidad de los personajes, que deben hacer frente a la opresión de cualquiera de las dos partes. Sumemos a ello los giros del destino, el desconocimiento, la mentira o la mala suerte en general, y obtendremos las piezas que irán propiciando la mayor de las tragedias: la guerra.

Comienza el episodio con Rhaena intentando domar a Robaovejas. Sabemos que en Fuego y Sangre dicho dragón acabó siendo montado por Ortiga, pero ya vimos que este personaje no va a aparecer en la serie, siendo Rhaena quien asume su lugar, con importantes diferencias. Lo que sí coincide es lo siguiente:

Los dragones no son caballos: no se prestan con facilidad a acarrear a alguien en el lomo y, si se sienten irritados o amenazados, atacan”.

Ortigas y Robaovejas, por Ertac Altinoz

No veo mejor resumen de la trama de Rhaena en el episodio de esta semana.

Rhaenyra, por su parte, está convencida de que la victoria está cerca. El final de la temporada anterior nos dejaba con el compromiso de Lady Alicent de despejar Desembarco del Rey para que la Reina Negra pudiera tomar la capital sin problemas con sus dragones. Fuego y Sangre explica muy bien la situación en la que se encuentra el bando de los Negros:

“Con Fuegosolar en las inmediaciones de Reposo del Grajo, herido e incapaz de volar, y Tessarion en Antigua con el príncipe Daeron, no quedaban más que dos dragones adultos para defender la capital […]. Eso dejaba solamente a Vhagar; ningún dragón vivo podía comparársele en tamaño ni en ferocidad, pero Jace razonó que, si cayeran sobre Desembarco del Rey con Vermax, Syrax y Caraxes, ni siquiera esa “vieja zorra” podría hacerles frente”

Rhaenyra está convencida de que los Verdes están desprotegidos, y pretende tomar la ciudad para acabar con Aegon y quedarse, al fin, con el trono; sin embargo, sus consejeros y su propio hijo ponen mil objeciones. Jacaerys es, en ese aspecto, más receloso de lo que lo es en los libros, y prefiere proteger a su madre ante el ataque de la Triarquía en la Batalla del Gaznate.

Pero sigamos esperando al momento culminante del episodio, tal y como hace el montaje de la serie. Hemos visto también a sir Criston Cole viviendo su nihilismo con mayor desesperanza si cabe.

No sé hasta qué punto un habitante de Poniente de la época en que se desarrolla la historia y que ha convivido con la dinastía Targaryen de cerca puede quedar tan traumatizado por la visión de un dragón destruyendo todo a su paso, pero a sir Criston lo ha dejado para el arrastre, hasta tal punto que desea delegar todas sus funciones y que no le importa lo más mínimo que sus hombres se comporten como bestias y criminales.

En las Tierras de los Ríos, Daemon lucha contra los Lannister y llegan en su ayuda ni más ni menos que los Lobos del Invierno. Esta alianza será muy curiosa de ver, aunque aún queda tiempo para enterarnos realmente de lo que allí ocurre.

Aegon ha huido con sir Larys Strong y, en una escena más lamentable que otra cosa, ambos han sido capturados y no asesinados gracias a una argucia del Patizambo, propiciada por el desacertado comportamiento del rey. La inconsciencia de la juventud, supongo…

Alicent regresa a Desembarco del Rey después de su retiro espiritual en busca de la paz, pero Aemond está muy lejos de compartir las emociones y pensamientos de su madre. En efecto, Daeron no está en Antigua, sino que llega de camino con Lord Ormund Hightower y sus tropas. Además, el “nuevo rey” está furioso por la huida de su hermano, pero piensa proteger la capital como sea.

El pacto que los Lannister habían hecho con la Triarquía se está cumpliendo, y las naves se encaminan al ataque de las de la Serpiente Marina, Lord Corlys Velaryon. La reina viuda, llena de temor, intenta un último esfuerzo para cumplir con la parte de su trato con Rhaenyra, y envía un mensaje a las tropas para que acampen y se retrasen, así como trata de convencer a su hijo de que vaya a Harrenhall a presentar batalla a su tío Daemon, a lo que el joven y edípico Aemond responde con una de las frases de Fuego y Sangre:

“[…] nos regalaremos un banquete en el salón de Harren el Negro, mientras la cabeza de mi tío nos mira desde mi lanza”

Por otra parte, Fuego y Sangre nos dice que Ala de Plata, Bruma y Vermithor estuvieron con sus jinetes “semillas” en la batalla naval, pero en la serie, Rhaennyra los ha enviado a las inmediaciones de Harrenhall a esperar la llegada de Aemond y Vhagar que, por supuesto, se retrasa.

Frente a esto, la conversación del libro en la que Ulf el Piripi deja claro que es mucho mejor ser señor que caballero, y que su aportación como jinete de dragón debería estar mejor recompensada, se desarrolla en una zona de peñascos, mientras el mísero Ulf relata sus traumas de la infancia y tanto Hugh Martillo como Addam Velaryon tratan de seguir las órdenes de la reina. En esto, aparece algo que sí es sumamente interesante: un Hombre Verde.

No se habla demasiado de ellos en la saga de Martin, pero sí lo justo para saber un poco sobre su origen, según las historias de la vieja Tata. Si queréis tener más información sobre estos personajes durante la Danza de los Dragones, os recomiendo el cuento “La princesa y la reina”, en el que se cuenta que Addam Velaryon voló sobre Bruma hasta la Isla de los Rostros para pedirles consejo.

Sabemos que viven por la zona de las Tierras de los Ríos, y la serie ha dejado muy claro que la zona de Harrenhall está marcada por lo sobrenatural y por el legado de los antiguos dioses. Me parece un acierto muy llamativo que estos hombres aparezcan y que tengamos la esperanza de ver a Addam yendo a hablar con ellos. Puede ser un momento genial de la serie.

Lo que no ha sido tan genial es, precisamente, la aparición de Alis Ríos con esa desidia diciendo: “Soy una bruja” y asustando a las “semillas” para decirles que se vayan a Rocadragón. Pero bueno, ahí queda.

Y ahora sí, centrémonos en la batalla:

“Las conspiraciones de Otto Hightower habían dado sus frutos, y el Consejo Supremo de la Triarquía, reunido en Tyrosh, había aceptado su oferta de alianza. Noventa buques de guerra con banderas de las Tres Hijas partieron de los Peldaños de Piedra rumbo al Gaznate, y la casualidad y los dioses quisieron que la Alegre Abandono, la coca Pentoshí donde viajaban los príncipes Targaryen, cayera directamente en sus fauces”.

Como vemos, la batalla tiene una causas y desarrollo completamente distintas en Fuego y Sangre y en La casa del Dragón. Los jóvenes príncipes no han aparecido, por lo que vemos el ataque, el astuto intento de Lord Corlys para descabezar a la flota enemiga y la obsesión de Sharako Lohar por acabar con la Serpiente Marina a cualquier precio, incluidos unos cuantos Lannister arrojados al mar.

El almirante y Mano de la reina debería haber sobrevivido a este ataque, pero lo cierto es que no sabemos nada de él desde que cae por la borda. De quien sí sabemos es de Alyn, su hijo bastardo, que se comporta como un marinero ejemplar y defiende a su padre hasta tal punto de acabar con Sharako él mismo.

Bien es cierto que “las viudas de Myr y Tyrosh” ya no podrán culparla de la cantidad de vidas segadas en “una de las batallas más sangrientas de la historia naval” de Poniente.  Tampoco sabemos si la intención de la capitana de asolar Marcaderiva se llevará a término después de semejante sangría, pero lo que es seguro es que Rhaena y sus impulsos juveniles, unidos a los de Jacaerys, van a propiciar una nueva tragedia.

Jace encierra a su madre en su estancia para protegerla mientras él y Baela, montados en Vermax y Bailarina Lunar, se dirigen al Gaznate para ayudar en la batalla. Al principio, ambos jinetes y sus monturas atacan a la Triarquía, pero los marineros de las ciudades libres saben defenderse de los dragones y les lanzan “una lluvia de lanzas y flechas” que los jóvenes sortean con buena fortuna.

El problema viene cuando Rhaena, que ha conseguido llevar al díscolo Robaovejas hasta Rocadragón, ve la batalla y decide entrar en medio del fuego, el humo y las armas con un dragón salvaje y sin domar en absoluto (por muchas ovejas tostadas que le dé a la pobre chica). La inconsciencia de la juventud, supongo…

Finalmente, Robaovejas se siente tan amenazado que ataca a todos los combatientes por igual, y Bailarina Lunar intenta detenerla. Vermax va en su ayuda, pero ese intento de Jacaerys de proteger a su prometida y hacer huir al dragón salvaje le costará la vida. Sin música, con una crudeza descarnada y de forma muy cercana a lo que se nos narra en Fuego y Sangre:

“Se dice que Jacaerys Velaryon se liberó y quedó agarrado brevemente a un pecio humeante, hasta que los ballesteros de la nave myriense más próxima descargaron sus saetas sobre él. […] al final, uno le acertó en el cuello, y se lo tragó el mar”. 

Y es que, como ya sabemos, “los planes de los hombres no son sino juguetes para los dioses”, y esta ha sido sólo una pequeña muestra de lo que las pasiones y el ímpetu pueden generar para que los conflictos se decanten hacia uno u otro lado del tapiz y para que la tragedia esté servida, quizá mirándonos, espeluznante, desde la pica de nuestra propia lanza.

¡Hasta pronto!