
Penúltima Review de un No Lector de la temporada. Obra del amigo Antonio Valderrama, periodista y escritor gaditano, autor de Hombres Armados y La hora azul. Fan de Juego de Tronos, no había leído Canción de hielo y fuego (ya lo hizo) pero ahora no ha leído Fuego y Sangre. Así que su punto de vista y su calidad de análisis resulta imprescindible para hablar de la serie.
La Casa del Dragón 2×07 – La Cosecha Roja

Por Antonio Valderrama, Fantantonio
La cosa se pone tensa. La Casa del Dragón está llegando a su final en su segunda temporada y todas las piezas están, por fin, colocadas en su sitio a lo largo y ancho del tablero. El penúltimo episodio no constituyó el clímax que, por costumbre, suele ser en muchas de las grandes series de la televisión contemporánea pero lo dejó todo listo para una finale de órdago, como decían los antiguos.
A falta del fin de fiesta, que se prevé tremendo, se puede decir que la segunda entrega de la adaptación audiovisual de Fuego y sangre ha ido de menos firmando una buena temporada con algunos momentos realmente estelares e incluso cumbres dentro de la saga global de Canción de Hielo y Fuego.
De cara al último episodio hay cuatro focos principales que tendrán, algunos, que anudarse en la madeja principal y, otros, quedarse abiertos para la siguiente temporada. Por supuesto, está el duelo final por el poder en el puente aéreo Desembarco del Rey – Rocadragón. Ese va a ser el plato fuerte.

La política de contención y paciencia de Rhaenyra ha dado sus frutos. La heredera del rey Viserys ha sido, por una parte, fiel al carácter inteligente y previsor de su padre, que tan fácilmente se confunde con la cobardía para los espíritus impetuosos y poco avispados que siempre han poblado las cortes de los reyes. Por otra parte, Rhaneyra ha sido audaz. Su iniciativa, al buscar la alianza con los mejores de entre los plebeyos, abre su reinado a la más pura modernidad.
Es el desarrollo de la meritocracia a tiempo real y la influencia del gesto trasciende la guerra dinástica en la que está empeñada. Es la puerta abierta de par en par a un mundo nuevo y seguramente a lo largo de la tercera temporada veremos en acción las contraindicaciones, en forma de motines internos de casas e individuos exageradamente aristocráticos que no pueden tolerar esta ruptura del Ancient Regime que pone fin a la Edad Media, si el tiempo de La Casa del Dragón fuera el de la Historia humana.
Rhaenyra gana de este modo un par de dragones y la fidelidad de la población, lo que tampoco es tontería, y equilibra las fuerzas aéreas con el ejército alado de Aemond, de repente en inferioridad numérica.

Nos espera un auténtico despliegue de dragones matándose sobre las nubes que será verdaderamente palomitero y del que no cabe esperar sino lo mejor, teniendo en cuenta lo bien y detalladamente que han sido rodadas hasta ahora todas las secuencias de dragones: el nivel técnico de la ciencia-ficción en esta serie está alcanzando cotas extraordinarias de calidad e interacción con el elemento humano y se ve que, en fin, la HBO ha puesto guita sin miedo en la llamada tecnología de animación Computer-Generated Imagery.
En este punto creo necesario hacer un apunte. Que hay dragones salvajes y sin dueño revoloteando por ahí es una idea vaga que no se ha explicado lo suficiente, a mi juicio. Hablo de la serie. Creo que en los libros es otra cosa, algo que está mucho mejor explicado. El espectador medio que no se ha leído la obra de Martin puede confundirse fácilmente en este asunto porque no se refuerza demasiado la noción de que los dragones eligen a sus jinetes y establecen una conexión con ellos.
Ya desde Juego de Tronos, el espectador televisivo tiene la idea más o menos genérica de que los dragones tienen que elegir por fuerza a un targaryen legal. No sé cómo se podría hacer esto, quizá dedicando algún capítulo a la genealogía de los dragones, o algo por el estilo.

Seguramente en televisión, por los tiempos y la cantidad de cosas que hay que contar, resulte complicado extenderse sobre esto pero viendo la importancia que ha cobrado al final en esta temporada, habría ayudado que se subrayara el hecho de que la población draconiana de Poniente es más grande y va más allá de los dragones que crían y guardan los targaryens en sus fortalezas.
Dicho esto, como digo, el espectador televisivo suele tener memoria de pez y tampoco incide demasiado en circunstancias menores como ésta, así que tampoco tiene, en el fondo, tanta importancia. Puede que incluso ya se haya hecho referencia a todo esto y yo ni siquiera lo recuerde.
El segundo gran foco de interés del season finale estará en Desembarco del Rey. La Fortaleza Roja va a ser testigo de un drama familiar que quizá influya en el resultado final de la batalla entre dragones. Ser Larys ha puesto en marcha la conspiración activando la baza Aegon.

De alguna retorcida y siniestra manera logrará recuperar siquiera mínimamente el físico del rey destruido para utilizarlo contra el regente Aemond. Lo que depare todo esto es una incógnita. Considerando la catadura y perfidia del personaje, podría ocurrir que aprovechase el vacío de poder durante el combate para abrirle las puertas de la capital a la hueste de Rhaenyra y ganarse su perdón y por qué no, un lugar en la corte legítima, usando como moneda de cambio para ello al rey usurpador Aegon.
Lo mismo, sin embargo, se monta con él una corte en el exilio en algún lugar al otro lado del mar. Nunca se sabe. Lo único cierto es que el palacio es un polvorín y un lugar donde las ratas ya corretean libre e impunemente sobre las mesas donde los grandes señores celebran sus banquetes. El control real de la capital por parte de Aemond y sus pretorianos es muy deficiente y el favor de la plebe, a la vista está, no lo tienen ni por asomo.
No hay que olvidar la conducta misteriosa y errática de la reina Alicent, quien en este penúltimo episodio parecía, en el bosque, prepararse, al estilo de los yihadistas, para un suicidio ritual con el que llevárselo todo por delante. En este panorama incierto Alicent es la incógnita más incierta de todas, una agente del caos que puede inclinar la balanza de un lado o de otro de la manera más imprevisible y cinematográfica de todas.

El tercero de los ejes estará en la tierra de los ríos. Daemon y su dragón tienen la alianza, por fin, de aquella gente desconfiada y ruda. Bien mirado, con perspectiva amplia, toda esta constelación de brutos seminorteños, tan apegados a milenarios juramentos y tan fieles a matarse entre ellos por las lindes, constituyen el polo opuesto de la amalgama meritocrática y mestiza sobre la que está basando su poder Rhaenyra al sur.
No tienen nada que ver y es de suponer que en algún momento estas dos visiones tan contrarias entre sí chocarán, como chocará Daemon con Rhaenyra una vez toque poner su precario poder, conquistado sanguinariamente y gracias a la extraña magia de una sibila, a los pies de la reina legítima.
Por último, está lo que pase en los escenarios secundarios con los ejércitos convencionales de tropa que se mueven por el mapa del Risk de Poniente. El que va a acaudillar Daemon, el de los Lannister, nominalmente leal al regente Aemond (pero, ¿quién puede asegurar la lealtad verdadera de los Lannister, que siempre tienen la habilidad de caer de pie?), y el de Ser Criston Cole.

Toda la secuencia con el dragón Vermithor y los dos afortunados bastardos targaryen va directa al olimpo de la serie. Fue como una hermosa recreación del pasaje de la Odisea en el que el héroe de Homero engaña a Polifemo y logra salir de la caverna del cíclope salvando la vida de sus compañeros.
Todo ello redunda en la maravillosa idea de que Rhaenyra hará partícipes de su poder absoluto no sólo a las casas tradicionales sino a los más valientes de entre todos sus súbditos, con independencia de su origen o linaje. Esta idea es revolucionaria aunque estemos, como espectadores, bien acostumbrados a ella. De este modo Rhaenyra hace más legítimo aún su poder. Abre su trono a los cuatro costados del reino y crea una orden de caballeros aristocráticos en el sentido griego de la palabra.
Cómo acabará esta historia será algo que veremos en la tercera temporada y puede que no termine bien pues al fin y al cabo hay experimentos en la historia que necesitan siglos y otras condiciones para que, definitivamente, cuajen. Pero será algo que merecerá la pena ver.














