
Como cada jueves llega la Reviews de los Lectores, obra de nuestro amigo Xavi (Sak Stark), que se ocupa de administrar la imprescindible Wikia de hielo y fuego. Ya tuvimos estos análisis en las temporadas de Juego de Tronos y ahora Xavi nos repasa Fuego y Sangre para comentar La Casa del Dragón. Y efectivamente esta semana toca abordar el séptimo episodio de la serie.
La Casa del Dragón 1×07 – Marcaderiva

Por Xavi (Sak Stark) de la Wikia de Hielo y Fuego
Todavía digiriendo los eventos del último episodio, la acción en ‘La Casa del Dragón’ prosigue su camino hacia la recta final de la temporada, concentrando la mayor parte de la actividad y del cast en una única ubicación. La Familia Real se reúne por primera vez tras una década, y no solamente para el funeral de Laena Velaryon, sino para que también confluyan las tramas de los adultos y las de los niños, siendo estos últimos los protagonistas de un viaje emocional sin retorno.
“La muerte de lady Laena fue la primera tragedia del 120 d. C., aunque no la última, ya que sería un año en que muchas de las tensiones y envidias acumuladas que se habían enseñoreado de los Siete Reinos alcanzaron al fin el punto de ebullición; un año en que muchos tendrían motivos para sollozar, penar y rasgarse las vestiduras; si bien nadie en mayor medida que Lord Corlys Velaryon y su noble esposa, la princesa Rhaenys.” – Fuego y Sangre
Un detalle llamativo ha sido el proceso de las exequias en Marcaderiva: de cómo recuerda a las costumbres religiosas de los Hijos del Hierro, y no tanto con la tradición valyria, teniendo el mar como destino en común. El apartado visual de esta larga secuencia es tremendo, pues a medida que el foco pasa ante las caras de los presentes, se da a entender que es un encuentro doblemente incómodo.
Entre nuestros conocidos, destacar que Otto Hightower está de vuelta como Mano del Rey, tras haber quedado el puesto vacante. Una muestra más de debilidad del monarca. Se comprende que la serie debe ir al grano tras las últimas tragedias reveladas, pero se ha echado en falta alguna escena más que nos ilustre sobre cómo ha sido ese proceso de re-investidura. Como ya se ha dicho en entregas anteriores, no todo son puntos positivos sobre los tiempos marcados.

“La gobernación del reino era una tarea abrumadora; tenía necesidad de una Mano fuerte y capaz para descargar en sus hombros parte de sus deberes. El gran maestre Mellos sugirió varios nombres, pero su alteza prefirió contar con un conocido y convocó a la corte a ser Otto Hightower, el padre de la reina, que había ocupado el cargo anteriormente, tanto con Viserys como con el Viejo Rey.” – Fuego y Sangre
Otro aspecto a resaltar lo encontramos entre los hermanos ‘verdes’. Helaena vuelve a meterse en su rol de Quaithe (un recurso del que esperemos no se abuse), para elucubrar sobre la Danza de los Dragones, mientras que los dos chicos tienen sorprendentemente muy asumido que su familia/facción heredará el trono algún día, al tratar sobre sus respectivos deberes cuando lleguen a la edad adulta.
En el interior de Marea Alta, Corlys y Rhaenys conversan sobre el futuro de la Casa Velaryon. La Serpiente Marina se expone por ahora como un personaje de poca evolución, si tenemos en cuenta que han pasado más de diez años. El patriarca se encuentra en perpetuo estado de alarma, exhalando el peligro respecto al porvenir de su familia, y sin cambiar un ápice el discurso sobre el legado.

Frente a esta postura de ciega ambición tenemos a la Reina que nunca fue, quien por su parte considera que la consanguinidad y el parentesco (Baela y Rhaena) deben estar por delante de los nombres (Lucerys). Dos modos de ver las cosas, teniendo en cuenta los precedentes que les han asolado.
Como si no hubiera pocos frentes abiertos, tío y sobrina aparcan las condolencias para dar rienda suelta a su pasión con nocturnidad (mucha) y alevosía. Sobre las formas… Se ha ejecutado de forma algo precipitada. Se esperaba EL reencuentro, uno de los romances más importantes de esta historia, y no obstante ha quedado en un insulso instante de lujuria a primera vista. A pesar de ello, esto va a ser el arranque de los cambios venideros.
Pero no van a ser los únicos que van a apresurar el ritmo del episodio. El príncipe Aemond continúa sin estar ligado a un dragón, y es un asunto que a estas alturas de la película se le está haciendo bola. Da la impresión de que se siente muy a la sombra de su hermano mayor, con muchas ganas de demostrar hazañas y dejar atrás la faceta de ‘blanco fácil’, así que para mayor, la dragona que se ha quedado libre de jinete: Vhagar.

“Aemond corrió hacia Vhagar y se subió a su lomo. Llamadlo audacia, necedad, suerte, la voluntad de los dioses o el capricho de los dragones. ¿Quién aspira a saber qué pasa por la mente de tales bestias? Lo que sabemos es que Vhagar rugió, se puso en pie, se sacudió violentamente…, se liberó de sus cadenas y voló… Pero al tocar tierra, los hijos de Rhaenyra lo aguardaban.” – Fuego y Sangre
Y tras conseguir ‘domar’ a la bestia con una majestuosa composición entre la banda sonora y rugidos dragoniles, las represalias de un supuesto robo no se han hecho esperar. Las niñas de Laena (muy acertada su incorporación a la riña, por cierto) sermonean a un orgulloso y subido Aemond, quien acaba tuerto tras una brutal pelea en la que se involucran también los hermanos Jace y Luke. ¿Donde está la Guardia Real cuando se la necesita?
Dando paso a los adultos, aguarda un nuevo martirio para Viserys, su particular ‘Larga Noche’. El rey es testigo de cómo su estirpe está autodestruyéndose en sus narices, e intenta aplacar las disputas familiares con las escasas fuerzas que le quedan, sin ser resolutivo por enésima vez.

Muy interesante el contraste que generan Rhaenyra y Alicent en situaciones tan extremas como esta. El sosiego contra el ‘Ojo por ojo’. Por un lado, la princesa exterioriza la calma, aún siendo consciente de lo sucedido. Lejos de perder los estribos, opta por defenderse como si estuviera en un mero juicio verbal, focalizando el problema en cómo se ha propagado la eterna ‘calumnia’ que revolotea sobre sus hijos. Sin embargo, los incómodos silencios de los asistentes no hacen más que alimentar la veracidad de los rumores.
“Cuando el soberano lo presionó, el príncipe Aemond dijo que había sido su hermano Aegon quien le había dicho que eran hijos de Strong, a lo que Aegon no dijo sino: «Todo el mundo lo sabe. No hay más que verlos».” – Fuego y Sangre
En el otro lado, una desatada Alicent se despoja del manto de rectitud al agarrar la daga de acero valyrio. Su hijo ha sido mutilado, no encuentra apoyo alguno en sus demandas, y por ende no puede sentirse más vulnerable, a la altura del propio estiércol. Totalmente comprensible en ese sentido. Y para colmo, tras tantos años de vivir en una jaula de oro, privada de decisiones y libertades a diferencia de Rhaenyra, la reina pierde el norte momentáneamente, provocando a su enemiga la primera sangre. El cóctel de impotencia, envidia y rencor es demasiado, y el asunto se ha ido de madre.

CR: Ollie Upton/HBO
Esta brecha no va a resultar solamente literal, sino también en la metáfora de un daño irreparable, un antes y un después en el seno de la familia. Y así queda, tan bien representado con ese plano final en picado, como si de un tablero de ajedrez se tratara: los Negros y los Verdes, adversarios declarados e irreconciliables.
“Exigió asimismo a su esposa y a su hija que se besaran e intercambiaran votos de amor y afecto, pero sus falsas sonrisas y sus vacuas palabras no engañaron más que al monarca. En cuanto a los zagales, el príncipe Aemond dijo más adelante que aquel día había perdido un ojo pero había ganado un dragón, y lo consideraba un cambio justo.” – Fuego y Sangre
Abatido por el sentimiento de culpa debido a su ausencia, Laenor decide renunciar al ‘acuerdo de libertad’ que tenía con Rhaenyra, para protegerla y cumplir como un buen marido y padre. La buena relación entre ambos da lugar a una conversación conmovedora, que se traslada a plantearse la incompatibilidad entre llevar una vida cómoda pero no deseada, y una vida libre. Los conflictos internos de Laenor son desconcertantes, pues hasta la fecha no se había mostrado así de atormentado. Ni siquiera se tapaba en hacer cuanto le venía en gana extramaritalmente

“El fuego es una prisión y el mar una escapatoria”, de modo que todo se planifica para hacerlo realidad. Rhaenyra ansía casarse con Daemon para fortalecer su cuestionado reclamo al trono, pero esto solo puede ser legal si su todavía marido deja de existir.
Esta es una de las maneras con las que la serie juega con la historia. Uno de los rasgos que definen Fuego y Sangre es que consiste en una narración sesgada, escrita por maestres, septones y un bufón depravado, por lo que en todas las versiones puede haber un poco de verdad y de falacia. Nunca ocurren los hechos tal cual, al pie de la letra.
En este caso, tropezamos con una sorpresa con la que no contábamos. El lance entre Laenor y Qarl Correy es en verdad un teatralizado paripé con testigos, para después dejar el cadáver calcinado de un pobre infeliz (haciéndolo pasar por heredero de Marcaderiva), y finalmente darse a la fuga rumbo a las Ciudades Libres. El montaje es algo fullero, pero la conversación del plan entre Rhaenyra y Daemon procura ser cuidadosa. Se echa en falta algo más de villanía y ruindad en el príncipe dragón, que vaya en la línea del personaje.

“Laenor murió apuñalado en Puertoespecia, a mano de su amigo y compañero ser Qarl Correy. Ambos hombres habían discutido a grandes voces antes de que saliesen a relucir los puñales, dijeron los feriantes a Lord Velaryon cuando acudió a recoger el cadáver de su hijo. Correy había huido para entonces, y algunos decían que lo aguardaba un barco en la costa. Jamás volvió a ser visto.” – Fuego y Sangre
¿Podría quedar ‘canonizado’ este giro? Sinceramente no, es un cambio propuesto por la serie, y como tal una decisión arriesgada. Bien por el sino de Laenor, un peón más de este relato, y que cuya desaparición no va a afectar a la trama central, pues oficialmente ha muerto para el mundo. Y no tiene motivo para volver, pues ello daría por nulo el matrimonio de Daemon y Rhaenyra. Ahora bien, han quedado detalles en el tintero que invitan al espectador a quedar desorientado.
Lo primero de todo, ¿qué pasará con Bruma? El dragón de Laenor tiene un papel casi obligatorio que desempeñar en el futuro de la serie, de modo que los showrunners tendrán que lidiar con este tema de alguna manera. Como ya vimos en otros episodios, el vínculo entre jinete y montura es siempre especial, un lazo que va mucho más allá de ordenar a la bestia que escupa llamaradas. Las quinielas sobre hipotéticos retornos ya empiezan a circular por las redes, así que no cerremos tan pronto esa puerta.

Segundo, acerca de cómo va a afectar estos hechos a la relación de Rhaenyra con la Casa Velaryon, y en especial con sus suegros, quienes se llevan ración doble de disgustos. Daemon es el prototipo de ‘sospechoso habitual’ para Rhaenys, quien lo define como un egoísta que antepone los intereses personales a los familiares. Y ya hemos visto que el tiempo es oro para tío y sobrina, casándose rápidamente a través de una sangrienta ceremonia valyria. ¿Se podrá sostener esta alianza sin fisuras?
“La boda se ofició en Rocadragón bajo los auspicios de Visenya, la reina viuda. El septón del castillo se negó a solemnizarla, de modo que Maegor y su nueva esposa se casaron por un rito valyrio, «la boda de sangre y fuego».” – Fuego y Sangre
Las hostilidades definitivamente han detonado entre la Princesa y la Reina, quienes se preparan para escoger de manera solícita sus respectivos aliados. Mas pronto que tarde, los dragones volverán a danzar en el cielo de Poniente.














