
Quinta Reseña de los lectores de El caballero de los Siete Reinos, analizando este brutal episodio. Tras el Del libro a la pantalla, el directo Anillos y Dragones y las impresiones de un No Lector es el turno de nuestro amigo Xavi (Sak Stark), que administra la imprescindible Wikia de hielo y fuego. Repasará El caballero de los Siete Reinos comparando la serie con el Cuento original, El caballero errante.
El caballero de los Siete Reinos 1×05 – En el nombre de la Madre

Por Xavi (Sak Stark) de la Wikia de Hielo y Fuego
“En el nombre de la Madre” es, probablemente, el episodio más crudo y oscuro hasta la fecha de la adaptación de El caballero errante. No solo por el esperado Juicio de Siete, sino porque la mitad del capítulo se atreve a explorar algo que George R. R. Martin apenas sugería en el relato original, y que es todo un elefante en la habitación: el pasado de Dunk.
Lejos de ser un desvío innecesario, ese extenso (y arriesgado) flashback es la clave emocional que da sentido a cuanto ocurre en Vado Ceniza. Aquí no vemos todavía a Ser Duncan el Alto, inmortalizado con sus gestas en el Libro Blanco, sino a Dunk el superviviente.
El propio título no es casual, remite directamente al juramento caballeresco: “En el nombre de la Madre, os encomiendo defender a los jóvenes y a los inocentes”. Dunk se encuentra en esta situación por cumplir esas palabras. Defendió a la titiritera Tanselle porque era lo correcto.

En el flashback descubrimos que esa frase no es un mero formalismo ritual, sino una convicción grabada a fuego en su memoria: la intervención de Ser Arlan, cuando lo defendió de niño. Aquel anciano caballero errante, tambaleante y beodo, no descuidó sus votos. Y Dunk tampoco lo olvidó jamás.
El episodio nos traslada a las inmediaciones de Desembarco del Rey. Ese campo de batalla con la Fortaleza Roja, en un horizonte de cenizas, no es una escaramuza cualquiera. Con ese mar de flechas clavadas, debe tratarse de la Batalla del Prado de Hierbarroja, el enfrentamiento decisivo que dio carpetazo a la Rebelión Fuegoscuro.
En la cronología de los libros, esa batalla queda algo más atrás en el tiempo, pero la serie la acerca de manera conveniente para que su herida siga reciente. La guerra civil entre Daemon I el Dragón Negro y el rey Daeron II el Bueno hizo sangrar los Siete Reinos, y se llevó por delante muchas vidas.

Lo que vemos no es gloria, sino asolamiento. Hombres agonizando que llaman a sus madres, caballos abiertos en canal, y saqueadores arrancando el hierro de los muertos. Entre ellos, un Dunk adolescente, acompañado por su amiga Rafe, rebusca herraduras y otros objetos para sacar unas monedas.
La escena del soldado moribundo es muy dura: Dunk quiere acabar con su sufrimiento dándole el don de la piedad, pero Rafe lo detiene, al ver que tiene un blasón en el pecho. Es un hombre de la Casa Frey, como puede deducirse de esos torreones gemelos en su sobrevesta. No obstante, mientras los chicos discuten sobre una oportunidad de rescate y beneficio, el hombre acaba muriendo.
La crudeza se intensifica con detalles como la mención a una bruja que paga por dientes, o los recuerdos de Dunk junto a sus amigos. En el libro recuerda cuando robaron una cabeza de una pica para asustar niñas, hasta que la cabeza terminó en un guiso, antes de que se pudriese más. No se nos pasa por alto la mítica localización The Dark Hedges (Irlanda del Norte), en la que una Arya Stark de incógnito iba por el Camino Real hacia el Muro, con los reclutas de Yoren (2ª temporada de Juego de Tronos, 2012).

La serie se empeña en recordarnos que Dunk no nació caballero. Fue un niño hambriento, violento cuando tocaba, y moldeado por la indigencia. Precisamente por eso su evolución resulta tan poderosa, hasta los días actuales.
En cuanto a los padres de Dunk, la serie mantiene la ambigüedad de Martin. La fantasía de un padre enviado al Muro o de la reaparición de su madre resalta la soledad del protagonista. Dunk es un hijo de las calles, un bastardo de la historia que, paradójicamente, terminará dictando el destino de la dinastía Targaryen. Lo único cierto es que nunca tuvo familia, y tuvo que buscarse una como diría su amiga. Y eso hizo.
Aquí la serie introduce un cambio importante respecto al libro. En el relato original, Ser Arlan encuentra a Dunk persiguiendo un cerdo. En pantalla, lo rescata de dos capas doradas corruptos, ante una muerte más que segura. Tal modificación no es gratuita, Ser Arlan recogió a un chaval vulnerable, pero también defendió a un inocente.

Un detalle conmovedor es el peso visual de la tumba que acompaña a la de Ser Arlan. El casco que descansa sobre ella pertenece a Roger, el sobrino del Viejo. Roger no era solo un familiar; era el escudero legítimo, uno de los muchos que cayeron en Hierbarroja.
En la serie, el flashback refuerza que Dunk es en esencia, un hijo por elección. Roger representaba el destino que la guerra arrebató, y por tanto, el caballero que debía haber portado el blasón del cáliz alado.
“—Aquel día cayeron muchos hombres buenos, en los dos bandos. Antes de la batalla, la hierba no era roja, ¿os lo había dicho ser Arlan?
—No le gustaba hablar de la batalla. Allí murió también su escudero, Roger del Árbol de la Moneda, el hijo de su hermana.
El mero hecho de pronunciar ese nombre lo hacía sentir culpable. «Le quité su lugar.»”
La Espada Leal
El pequeño Dunk sigue a Ser Arlan por los caminos. Mientras pasan los días, escuchamos al viejo caballero entonando una canción en idioma dothraki. Igual pasó algún tiempo como mercenario al otro lado del Mar Angosto…

Sorprendente el dato cuanto menos. Narrativamente solo podemos especular que la canción funciona como un vínculo místico. El hecho de que Arlan la cante en la paz del camino, dota al anciano de una profundidad insospechada. El dothraki es la lengua de los señores de los caballos; que Arlan la use como una suerte de mantra de viaje, realza la conexión espiritual del caballero con sus monturas, y con el destino nómada al que Dunk está a punto de unirse.
Llegamos entonces al Juicio de Siete, y de la esperanza a la catarsis. Cuando los catorce jinetes se alinean, el episodio logra capta esa atmósfera de juicio divino, donde el estatus real no ofrece protección frente al impacto de la madera y el acero.
Baelor Rompelanzas asume el liderazgo del bando de Dunk con serenidad estratégica. En la serie propone mantener la formación y permanecer montados el mayor tiempo posible, conscientes de que la movilidad es su mejor arma. En el libro, su plan es incluso más refinado: emplear lanzas de torneo, más largas que las de guerra, para ganar ventaja de alcance. En ambos casos, queda claro que Baelor es tan buen guerrero como comandante.

En este fase preparatoria, se ha echado de menos el momento de la manzana verde, por parte de Raymun, que igual queda para la siguiente semana.
“—Mi hermano cometió un error al ordenar que la Guardia Real luchara por su hijo. Su juramento les prohíbe herir a un príncipe de sangre regia, y da la casualidad de que yo lo soy. —Esbozó una sonrisa—. Si me quitáis de encima a los otros, yo me encargaré de la Guardia Real.
—¿Eso es de buen caballero, mi príncipe? —inquirió ser Lyonel Baratheon al tiempo que el septón terminaba las invocaciones.
—Ya nos lo dirán los dioses —respondió Baelor Rompelanzas.”
La primera carga es brutal, en primera persona desde el visor de Dunk. La acción es muy caótica, pero asumimos que el Targaryen que cae desmontado es Daeron. Tal y como advirtió, y sin estómago para las justas, no volvemos a ver al príncipe piripi por ahora.

En una pelea muy alejada de las coreografías estilizadas, Aerion hiere gravemente a Dunk con la lanza, que atraviesa tanto malla como gambesón, recordándonos que la armadura medieval protege de los cortes, pero no de las acometidas más salvajes.
El combate pronto degenera. Aerion se viene arriba con su mangual, un arma adecuada para reventar armaduras. Un derrotado Dunk cae al fango, pero es reanimado por el recuerdo de su mentor, como si de Galadriel con Frodo en el antro de Ella-Laraña se tratase. La pelea entre Duncan y Aerion, ahora más sucia y desordenada, termina a mamporro limpio, entre sangre y sudor.
Hay planos que son calcados a la novela gráfica.

Finalmente, Dunk del Lecho de Pulgas emplea su fuerza bruta para obligar al príncipe a rendirse. Aerion Llamabrillante termina retirando su acusación, ante un silencio sepulcral desde las gradas.
“Aerion era fuerte, pero Dunk lo era más, y más corpulento, y más pesado. Le agarró el escudo con ambas manos, lo retorció hasta romper las correas y lo usó para aporrear una vez tras otra las llamas esmaltadas de la cimera del príncipe. El escudo era más grueso que el de Dunk, de roble macizo y refuerzos de hierro. Una llama saltó por los aires. Luego otra. El príncipe se quedó sin llamas mucho antes de que Dunk se quedara sin golpes.”

Pero la victoria tiene un precio agridulce.
A duras penas se ha podido ver el golpe fatal; la batalla ha sido un torbellino absoluto. Baelor Targaryen se presenta ante sus compañeros victoriosos, pero hay algo extraño en su paso. Con calma, la Mano del Rey se acerca y pide que se le ayude a quitarse el yelmo, pues parece conmocionado tras haber recibido un impacto severo. Dunk había pedido ponerse al servicio del honorable príncipe. Habría sido un universo paralelo precioso que eso se diera, pero no va poder ser.
Es en ese instante cuando culmina el horror, con un sabor muy a drama de Juego de Tronos. Al retirar la protección metálica, se revela la magnitud de la herida fratricida. El yunque y su maza. El episodio clava la profecía de Daeron el Borracho, pues en el momento en que Baelor pierde el sentido, se desploma pesadamente sobre Dunk.

El «gran dragón» cayendo literalmente sobre los brazos del caballero errante. Y fundido a negro. Maekar y el resto de los Targaryen aún no han hecho acto de presencia para procesar la tragedia. Por ahora, el dolor pertenece solo a Dunk.
“Una expresión de desconcierto cruzó el rostro de Baelor Rompelanzas, como una nube pasajera que tapa el sol. Se llevó una mano a la cabeza y se tocó el cogote con dos dedos, ligeramente, apenas un roce. Después cayó. Dunk lo sostuvo al vuelo.
—¡Arriba! —le contaron más adelante que había gritado, como hiciera con Trueno en el combate—. ¡Arriba, arriba!
Pero él nunca llegó a acordarse, y el príncipe no se levantó.”
La muerte de Baelor nos muestra nuevamente a GRRM, haciendo referencias a su admirada Inglaterra medieval. Hay algunos paralelismos entre el Príncipe de Rocadragón y Eduardo de Woodstock, el legendario Príncipe Negro. De ambos se dice que representaron el ideal caballeresco absoluto y el genio militar que, tras salvar el reino de su padre en el campo de batalla (Eduardo en Poitiers y Baelor en el Prado de Hierbarroja), mueren antes de heredar la corona.

Esta simetría histórica acentúa la tragedia dinástica: al igual que la muerte de Eduardo dejó a Inglaterra a merced de sucesores débiles que desembocarían en la Guerra de las Dos Rosas, la muerte de Baelor rompe la línea más sólida de los Targaryen. Con Rompelanzas no solo muere un hombre justo y capaz, sino la estabilidad de Poniente, abriendo una herida sucesoria que conducirá a la crisis de la Gran Epidemia Primaveral y, décadas más tarde, a las llamas de Refugio Estival.
A pesar de su corta duración, este episodio demuestra que no hace falta metraje extendido para asestar un duro golpe emocional. Al final, lo que nos queda tras el choque de las armas, es la imagen de un hombre común sosteniendo el cadáver de un futuro rey, bajo un cielo que no ha cambiado. Un cierre de acto que nos deja con el corazón en un puño, y ya solo pendientes del epílogo de este torneo, para dar por finalizada la temporada.















