Cuarta Reseña de los lectores de El caballero de los Siete Reinos, analizando este maravilloso episodio. Tras el Del libro a la pantalla, el directo Anillos y Dragones y las impresiones de un No Lector es el turno de nuestro amigo Xavi (Sak Stark), que administra la imprescindible Wikia de hielo y fuego. Repasará El caballero de los Siete Reinos comparando la serie con el Cuento original, El caballero errante.
El caballero de los Siete Reinos 1×04 – Siete

Abrimos el cuarto episodio de El Caballero de los Siete Reinos con lo que parece un cielo estrellado, un instante de belleza y calma que invita a la contemplación, pero pronto vemos que no se trata del firmamento, sino del techo de la celda donde Dunk está confinado tras haber golpeado al príncipe Aerion. Los primeros segundos establecen de inmediato la hostilidad del momento, ya conocemos que Poniente es una tierra donde la justicia puede severa e injusta.
El episodio, titulado Siete, introduce el tema central: el Juicio de Siete que determinará el destino de Ser Duncan, y que condicionará la relación futura entre los personajes. No pasa por alto la presencia de las ratas, un recurso utilizado anteriormente a finales del reinado de Viserys I en La Casa del Dragón, asociado a la decadencia de la Casa Targaryen. En este caso, representa que enviar a un hombre a la muerte por proteger a un inocente, es una acción desesperada de una familia que intenta restaurar su gloria pasada.
El pequeño Egg (ya vestido como un príncipe) entra en escena, y la cámara destaca su postura con las manos detrás de la espalda, proyectando confianza y concentración, pero también introspección. Egg reveló su secreto para salvar a Dunk, exponiéndose al riesgo de perder la confianza de su amigo, lo que provoca un conflicto emocional. Dunk se siente engañado por su escudero, sí, pero también siente empatía al recordar que, igual él tampoco fue muy sincero al presentarse en Vado Ceniza como caballero.

Dunk ve a Egg como un hermano menor, y reconoce en él la misma ambición de ser caballero que una vez lo movió a él. La atención al detalle, como el simple plato de comida que Egg le lleva, representa que la humanidad y la bondad permanecen incluso en los momentos más duros.
“—La sangre del dragón. Pelo de oro blanco y ojos color violeta; lo sabe todo el mundo. —«Seso de corcho, Dunk.»
—Eso es. Así que Daeron me rapó. Quería que nos escondiéramos hasta que terminara el torneo, pero entonces me tomasteis por un mozo de cuadra y… —Bajó la vista—. Si Daeron no quiere pelear, que no pelee, pero yo quiero ser el escudero de alguien. Lo siento mucho, señor. Lo siento de verdad.”
Egg no ha recibido su apodo por su calvicie, sino que es el diminutivo de Aegon, nombre que evoca a personajes legendarios como Aegon I el Conquistador y otros reyes Targaryen. Ese simple detalle sirve para recordarnos que, aunque viaje como escudero y trate de pasar desapercibido, su sangre y su destino están ligados a algo mucho más grande. En Poniente el pasado, los sueños y el destino nunca están del todo separados.

El episodio profundiza en la dinámica familiar Targaryen al mostrar la conversación entre Maekar, Baelor y Aerion sobre el juicio de siete.Baelor actúa con diplomacia yentereza, sabe de qué pasta está hecha su despiadado sobrino, pero la realidad es que un caballero errante le ha puesto la mano (y el pie) encima a un príncipe de la casa real. Maekar encarna la figura parental autoritaria, mientras que Aerion, vanidoso y cruel, busca probarse a sí mismo ante su padre, proyectando su necesidad de reconocimiento en sus decisiones.
Cuando se presenta la propuesta del juicio por combate, Aerion decide ir más allá: el juicio de siete. La excusa de Llamabrillante es que no solo está la acusación propia de haber sido agredido, sino la de Daeron por haber “secuestrado” Duncan a Aegon en los últimos días. Así pues, el juicio se resolverá del siguiente modo: siete hombres luchan por la parte acusadora y siete por el acusado, honrando a los Siete Dioses de la Fe.
Si el acusado no encuentra seis compañeros, es declarado culpable; si los acusadores son derrotados o se retiran, el acusado queda absuelto. Sabiendo que el anterior antecedente de Juicio a Siete fue de Maegor I el Cruel durante la Rebelión de la Fe Militante, no sería de extrañar que Aerion pidiera esta modalidad por admiración a su antepasado, y por qué no, por contar con ventaja de escoger a priori paladines diestros, en vez de batirse en combate singular.
“—Altezas, señores, ¿y si nadie quiere estar en mi bando?
Maekar Targaryen le lanzó una mirada gélida.
—Si una causa es justa, tendrá hombres buenos que luchen por ella. Sino encontráis campeones, será porque sois culpable, señor. ¿No salta a la vista?”
Y eso último es precisamente lo que cavila Dunk. Los príncipes tendrán ventaja, tendrán a Maekar y a la Guardia Real de su lado, combatientes expertos, y a él no lo conoce casi nadie en el lugar. Cada reclutamiento y cada movimiento van a ser cruciales, pero el asunto ha comenzado ya muy cuesta arriba.

Mientras tanto, Daeron se disculpa de aquella manera con nuestro protagonista, pues para él tanto las justas como los combates a muerte, son temas que prefiere bien lejos de su alcance. El príncipe revela a Dunk nuevamente que ha soñado con él, y con un enorme dragón cayendo sin vida sobre él, reflejando la amenaza de la muerte y los peligros inherentes a su posición, y a las profecías que rodean a la familia Targaryen. Según Daeron, sus sueños no son normales, se cumplen y le atormentan, como ya vimos en La Casa del Dragón con otros de sus miembros, que así lo aseguraban.
Dunk se prepara para el juicio y sus campeones, y uno de los momentos más emotivos del episodio ocurre cuando se encuentra con Pate Acero, para revisar su nuevo escudo. Frente a él, reflexiona sobre el emblema del olmo y la estrella fugaz, cuestionando su significado con pesimismo, y Pate le responde con convicción que “el olmo está vivo”.
Esa frase resume todo lo que representa el escudo: las raíces profundas del deber y de los valores que Ser Arlan le transmitió, y la estrella fugaz, la esperanza de que incluso alguien sin linaje ni fortuna pueda cumplir sus sueños. Mientras acaricia a sus caballos y ajusta los detalles del escudo, Dunk reafirma su identidad como caballero errante y su compromiso con proteger a los inocentes.
“He visto escudos con blasones de cráneos, de lobos, de cuervos, hasta de ahorcados y cabezas ensangrentadas. Pero protegían a sus dueños, y este os protegerá a vos. ¿Conocéis el antiguo
dicho de los escudos? «Guardadme bien, roble y acero…»
—«… o voy al infierno, y eso no quiero» —terminó Dunk. Llevaba años sin acordarse de ese dicho; el anciano se lo había enseñado hacía ya mucho mucho tiempo—. ¿Cuánto os debo por el brocal nuevo y el trabajo?—preguntó a Pate.
—Por ser vos… —Pate se rascó la barba—. Una moneda de cobre.”

Hacia el final del episodio, Steffon Fossoway traiciona aDunk, quien se cambia al bando de Aerion. La simbología de su casa, una manzana, acentúa la referencia bíblica de la tentación y el pecado: la promesa de un señorío lo lleva aabandonar, con poco pesar, la causa de Duncan.
La Casa Fossoway de La Sidra, una antigua casa del Dominio descendiente de los Primeros Hombres,fue degradada de casa noble a casa decaballería, probablemente tras los acontecimientos de la Danza de los Dragones. Esta es unaoportunidad de oro para el vilSteffon: recuperar el estatus de la familia, y la gloria de poder ser el vencedor de un Juicio a Siete, un dos por uno.
Su primo Raymun, sin embargo, mantiene la lealtad a Dunk, y tras partir peras (o mejor dicho manzanas) con el falso de su primo, solicita que se le nombre caballero para así ejercer de pleno derecho como paladín de Dunk, reafirmando que el honor todavía puede prevalecer. Un titubeante Dunk, que no destaca por ser un profesional de la mentira, termina salvado por la campana, por lo que la Tormente que Ríe se encarga de los honores. Dato curioso: Raymun y Brienne de Tarth son los únicos personajes que han sido ungidos caballeros, con el ritual, en una adaptación televisiva de Poniente.

Es especialmente poderoso el momento en el que Dunk, ya sin apenas opciones y faltándole un campeón, se pregunta en voz alta si no queda ningún caballero de verdad entre las grandes casas de Poniente. Los silencios y las pedorretas de un hombre de la Casa Bracken son la confirmación de que los ideales con los que creció Duncan chocan una vez más, con una nobleza altiva que prefiere mirar hacia otro lado.
Pero en el tiempo de descuento aparece el príncipe Baelor Rompelanzas, completando el grupo de siete contendientes. Su aclamada entrada llega con el tema del opening de Juego de Tronos, un guiño épico que refuerza la solemnidad del momento, la justicia y la nobleza del acto, y añade un matiz emotivo que conecta además con la primera serie de este mundillo, que comenzó su emisión casi quince años atrás.

La presencia de Baelor simboliza el valor moral, de la solidaridad con quienes luchan por lo que es justo, y un recordatorio de que la fuerza de un verdadero caballero reside tanto en su espada como en su ética.
“—¿Has perdido la cabeza, hermano? —Señaló a Dunk con un dedo enguantado—. ¡Este hombre atacó a mi hijo!—Este hombre protegió a los débiles, como debería hacer todo buen caballero —replicó el príncipe Baelor—. Que los dioses decidan si hizo bien o no. —Sacudió las riendas y se dirigió al trote al extremo sur de la liza.
Dunk lo siguió con Trueno, y el resto de los defensores se congregaron en torno a ellos: Robyn Rhysling, ser Lyonel y los Humfreys.”
En conjunto, el episodio confirma por qué la adaptación de El Caballero Errante está a un nivel excepcional. La serie consigue, semana tras semana, trasladar con gran fidelidad del material original: la riqueza de los personajes, la tensión ante el conflicto central, la importancia del ámbito más mágico y profético y sobre todo, la humanidad de Dunk y Egg.
Con los campeones ya reunidos y todo dispuesto, ajustemos espuelas, comprobemos que la lanza esté firme, y el yelmo bien colocado. En el siguiente episodio, comienza el Juicio a Siete de Vado Ceniza del 209 d.C