Este miércoles es 23 de abril, San Jorge y Sant Jordi, y Día Internacional del libro. Y Desde Los Siete Reinos queríamos celebrarlo con vosotros recordando algunas de las mejores citas de la saga Canción de hielo y fuego, elegidas por vosotros mismos.

De la primera entrega de la saga, Juego de Tronos, vamos a quedarnos con dos: la de uno de los ganadores del sorteo de ejemplares de la saga hace dos años, el juramento de la Guardia de la Noche…

«La noche se avecina, ahora empieza mi guardia. No terminará hasta el día de mi muerte. No tomaré esposa, no poseeré tierras, no engendraré hijos. No llevaré corona, no alcanzaré la gloria. Viviré y moriré en mi puesto. Soy la espada en la oscuridad. Soy el vigilante del Muro. Soy el fuego que arde contra el frío, la luz que trae el amanecer, el cuerno que despierta a los durmientes, el escudo que defiende los reinos de los hombres. Entrego mi vida y mi honor a la Guardia de la Noche, durante esta noche y todas las que estén por venir.»

…y la vencedora del sorteo de la edición ilustrada de Juego de Tronos, la proclamación de Robb como Rey en el Norte

 ¿Por qué van a reinar sobre mí y sobre los míos, desde un trono florido en Altojardín o Dorne? ¿Qué saben ellos del Muro, o del bosque de los Lobos, o de los primeros hombres? ¡Si hasta adoran a otros dioses! Y que los Otros se lleven también a los Lannister, ¡estoy harto de ellos! —Se echó la mano a la espalda y desenvainó el inmenso mandoble—. ¿Por qué no volvemos a gobernarnos a nosotros mismos? Les juramos lealtad a los dragones, y los dragones están todos muertos. —Señaló a Robb con la espada—. Este es el único rey ante el que pienso doblar la rodilla, mis señores —rugió—. ¡El Rey en el Norte! —Y se arrodilló, y puso la espada a los pies de Robb.

—Con esas condiciones sí firmaré la paz —dijo lord Karstark—. Que se queden con su castillo rojo, y con su silla de hierro. —Sacó la espada de la vaina—. ¡El Rey en el Norte! —exclamó, arrodillándose junto al Gran Jon.
—¡El Rey del Invierno! —dijo Maege Mormont levantándose para poner la maza de púas junto a las espadas.
También los señores del río se levantaron: Blackwood, Bracken, Mallister, casas que Invernalia nunca había gobernado, pero Catelyn vio como se levantaban, desenfundaban las armas, doblaban las rodillas y gritaban los antiguos lemas que no se habían oído en el reino desde hacía más de trescientos años, desde que Aegon el Dragón unificara los Siete Reinos… Pero en aquel momento volvían a escucharse, retumbando entre las vigas de la sala de su padre.
—¡El Rey en el Norte!
—¡El Rey en el Norte!
—¡EL REY EN EL NORTE!

CHOQUE DE REYES PORTADA
Choque de Reyes

De Choque de Reyes vamos a elegir dos: también la ganadora del concurso original, la de los caballeros del verano…

«Os equivocais Lady Catelyn». – Brienne clavó en ella unos ojos tan azules como su armadura -. «Para la gente como nosotros, el invierno no llega jamás. Si caemos en combate se cantarán canciones sobre nosotros, y en las canciones siempre es verano. En las canciones todos los caballeros son galantes, todas las doncellas son hermosas y siempre brilla el sol.»

y este fragmento icónico de la Casa de los Eternos:

«Viserys», fue lo primero que pensó cuando volvió a detenerse, pero al mirarlo con más atención cambió de idea. Aquel hombre tenía el mismo cabello que su hermano, pero era más alto, y sus ojos eran color índigo oscuro, no liliáceos.
Aegon —le dijo el hombre del trono a una mujer que amamantaba a un recién nacido en una gran cama de madera—. ¿Qué mejor nombre para un rey?
—¿Compondrás una canción para él? —preguntó la mujer.
—Ya tiene una canción —replicó el hombre—. Es el príncipe que fue prometido; suya es la canción de hielo y fuego. —Al decir aquello alzó la vista, sus ojos se encontraron con los de Dany, y fue como si la viera al otro lado de la puerta—. Tiene que haber uno más —dijo, aunque no se sabía si hablaba con ella o con la mujer de la cama—. El dragón tiene tres cabezas.
Se dirigió hacia el asiento empotrado bajo la ventana, cogió un arpa y acarició las cuerdas plateadas. Una dulce tristeza impregnó la habitación cuando el hombre, la mujer y el bebé se desvanecieron como la neblina en la mañana, y solo quedó la música para espolearla en su camino

TORMENTA DE ESPADAS PORTADA
Tormenta de Espadas

De Tormenta de Espadas también elegimos primero la vencedora del sorteo, sobre las dos caras de los Targaryen:

«—En cierta ocasión el rey Jaehaerys me dijo que la locura y la grandeza no son más que dos caras de la misma moneda. Según él, cada vez que nacía un Targaryen los dioses tiraban la moneda al aire y el mundo entero contenía el aliento para ver de qué lado caía.»

…y escogemos estas últimas, que son de las páginas finales del libro, el primer epílogo que apareció en la saga, con la irrupción de Lady Corazón de Piedra:

La capa y el cuello de la túnica ocultaban el tajo que le había hecho el puñal de su hermano, pero tenía el rostro aún peor de lo que recordaba. En el agua, la carne se había vuelto blanda como un flan, y tenía el color de la leche cortada. Había perdido la mitad del pelo, y el resto se le había vuelto blanco y quebradizo como el de una vieja. Bajo el maltratado cuero cabelludo, el rostro era un amasijo de piel desgarrada y sangre negra, allí donde ella misma se lo había destrozado con las uñas. Pero los ojos eran lo más espantoso. Los ojos lo veían y lo odiaban.
—No habla —dijo el hombretón de la capa amarilla—. El corte del cuello fue demasiado profundo para eso, canallas. Pero lo recuerda todo. —Se volvió hacia la mujer muerta—. ¿Qué decís vos, mi señora? ¿Tomó parte en la matanza?
Los ojos de lady Catelyn no se apartaron ni un instante de los suyos. Asintió.
Merrett Frey abrió la boca para suplicar, pero el nudo corredizo ahogó las palabras. Los pies se le separaron del suelo, y la cuerda se le hincó en la carne tierna, debajo de la barbilla. Lo izaron mientras pataleaba, se debatía y se retorcía. Arriba. Arriba. Arriba.

FESTÍN DE CUERVOS PORTADA
Nueva portada en España de Festín de Cuervos

De Festín de cuervos os traemos de nuevo la vencedora del sorteo, sobre el conocimiento...

«El conocimiento también puede ser peligroso. Los sabios pueden volverse arrogantes en su sabiduría»

…y no podía faltar el discurso de los hombres quebrados que proclama el septón Meribald

A los bardos les gustan las canciones de hombres buenos que se ven forzados a saltarse la ley para combatir a un señor malvado, pero la mayoría de los bandidos se parecen más a ese Perro rabioso que al señor del relámpago. Son hombres malvados, instigados por la codicia, amargados por la vida taimada; desprecian a los dioses y sólo se preocupan por sí mismos.

Los hombres quebrados pueden ser igual de peligrosos, pero también son dignos de compasión. Casi todos son gente sencilla, hombres del pueblo que nunca habían estado a más de media legua de la casa en la que nacieron hasta que un día, un señor cualquiera se los llevó a la guerra. Mal vestidos y mal calzados, marchan tras sus estandartes, a veces sin más armas que una guadaña o una hoz, o una maza que se han hecho ellos mismos atando una piedra a un palo con tiras de cuero.

Los hermanos marchan con los hermanos; los hijos, con los padres; los amigos, con los amigos. Han oído las canciones y las anécdotas, así que caminan con el corazón anhelante, soñando con las maravillas que verán, con las riquezas y la gloria que conseguirán. La guerra les parece una gran aventura, la mayor que vivirá la mayoría de ellos.

Luego prueban el combate.

Algunos se quiebran nada más probarlo. Otros aguantan años, hasta que pierden la cuenta de las batallas en que han intervenido, pero alguien que sobrevive a cien combates puede quebrarse en el ciento uno. Los hermanos ven morir a sus hermanos, los padres pierden a sus hijos, los amigos ven a sus amigos tratar de volver a meterse las tripas después de que los haya rajado un hacha.

Ven caer al señor que los llevó allí y, de repente, otro señor les grita que ahora lo sirven a él. Reciben una herida y, cuando todavía la tienen a medio curar, reciben otra. Nunca tienen comida suficiente; el calzado se les cae a pedazos de tanto caminar; la ropa se les desgarra y se les pudre, y la mitad se caga en los calzones porque ha bebido agua que no era potable.

Si quieren unas botas nuevas, una capa más caliente o, tal vez, un yelmo de hierro oxidado, tienen que quitárselo a un cadáver; no tardan en robar también a los vivos, a los aldeanos en cuyas tierras luchan, a hombres como los que eran antes ellos mismos. Les matan las ovejas y les roban las gallinas, y de ahí a llevarse también a sus hijas sólo hay un paso. Y un día miran a su alrededor y se dan cuenta de que todos sus parientes y amigos han desaparecido, de que luchan al lado de desconocidos y bajo un estandarte que ni siquiera identifican. No saben dónde están ni cómo volver a su hogar; el señor por el que luchan no sabe cómo se llaman, pero ahí está siempre, gritándoles que formen una línea con sus lanzas, sus hoces, sus guadañas, para defender la posición. Y los caballeros caen sobre ellos, hombres sin rostro envueltos en acero, y el retumbar de su ataque parece llenar el mundo…

Y el hombre se quiebra.

Da media vuelta y huye, o se arrastra entre los cadáveres de los caídos, o se escabulle en plena noche y busca un lugar donde esconderse. A esas alturas, los hombres quebrados ya ni piensan en volver a casa. Los reyes, los señores y los dioses les importan menos que un trozo de carne medio podrida que les permita vivir un día más, o un pellejo de vino agrio con el que ahogar sus miedos unas horas. Viven de día en día, de comida en comida; son más animales que humanos. Lady Brienne no se equivoca: en estos tiempos que corren, los viajeros deben cuidarse de los hombres quebrados, y temerlos…Pero también deberían compadecerlo.

DANZA DE DRAGONES PORTADA-
Danza de Dragones

Y concluimos con Danza de Dragones. Seguimos manteniendo la cita ganadora del sorteo, con Jon Connington reflexionando sobre el paso del tiempo

«El camino por delante estaba lleno de peligros, lo sabía. ¿Y qué con eso? Todos los hombres deben morir. Lo único que pedía era tiempo, había esperado tanto que seguro que los dioses le otorgarían unos cuantos años más, tiempo suficiente para ver al chico que había llamado hijo sentado en el Trono de Hierro. Para reclamar sus tierras, su nombre, su honor. Para silenciar las campanas que tan alto sonaban en sus sueños cada que cerraba sus ojos para dormir.»

Y para despedir Danza, la cita más literaria del mundo, obra de Jojen Reed:

—Un lector vive mil vidas antes de morir —dijo Jojen—. Aquel que nunca lee vive solo una.

De postre, os traemos en este caso un fragmento leído del maravilloso inicio de El caballero errante narrada por Carmen Colodrón, actriz profesional de doblaje.