Helen Sloan / HBO

Hoy es 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, así que toca dar el cierre a nuestro Especial Mujeres 2020 que hemos tenido esta semana tras del éxito del Especial Mujeres que hicimos en 2018

El primero de los dos artículos de hoy es obra de nuestra amiga Laia Portaceli, a quien todos conocéis por su genial labor analizando series en La Script#LasRecomendadoras de @movistarplus y ya habéis visto todos estos años en Los Siete Reinos en los especial de Movistar+ sobre Juego de Tronos. En este gran texto Laia estudia si la adaptación televisiva de Canción de hielo y fuego ha sido realmente feminista.

Juego de Tronos, feminismo sin pin parental, por Laia Portaceli

En 2019 había 279 Aryas y 57 Daenerys en España. Dos personajes femeninos elegidos por madres y padres para acompañar a sus hijas durante toda la vida: fuertes y rebeldes. Visto así, podríamos decir que Juego de tronos ha hecho más por el feminismo que muchas charlas. Pero ¿es así, es Juego de Tronos feminista?

Todavía hay división entre los que creen que defiende la igualdad y los que la califican de misógina. Lo que parece claro es que, debido a su condición de fenómeno, refleja el debate y las contradicciones que la condición y los derechos de la mujer generan hoy día.

Juego de Reinas

Cuando se estrenó en 2011, Juego de tronos nos pareció una fantasía masculina medieval con mucha violencia contra las mujeres. Era la época en que HBO se hinchaba a meter sexo y chicas desnudas en todas sus series. Una jovencísima Emilia Clarke se pasaba los junkets de prensa respondiendo a preguntas sobre sus múltiples desnudos y se empezó a reclamar que los hombres también mostraran su cuerpo en la serie.

Por aquel entonces, Sansa era una damisela llorosa, Cersei una reina asqueada por su marido, Brienne aguantaba innumerables insultos y Arya se hacía pasar por niño para sobrevivir. Pero, cuando nos quisimos dar cuenta, se había dado la vuelta a la tortilla.

Cersei había conseguido su ansiado trono y no dudó en reventar Girona para conservarlo brindando, eso sí, con una copa de vino. Daenerys avanzaba implacable asando a la parrilla a los khals que osaran esclavizarla. Emilia Clarke podía al fin fardar de personaje y decir que era una “motherfucker”. Sansa había aprendido a manejar los hilos con Meñique y nos había regalado aquella sonrisa psicópata tras soltarle los perros a Ramsay. Y Arya, la guerrera más letal, era capaz de luchar completamente ciega y transformase en el mismísimo Walder Frey.

En la primera época del #Metoo, eran las mujeres las que manejaban el juego.

Finales agridulces

Imagen de Helen Sloan

Sin embargo, el desenlace de la serie dejó a muchos con un regusto machistoide. ¿Tuvieron un buen final las protagonistas femeninas?

Muchos creemos que la Khalessi no se merecía acabar como las maracas de Machín. Es verdad que la amenaza de la locura planeaba sobre ella desde siempre. Pero, ni el proceso fue lo suficientemente paulatino, ni el resultado lo bastante sutil. Tuvimos que ver a nuestra Dany completamente poseída, liderando un genocidio. Su asesinato nos dejó ese mensaje tan manido de que las mujeres son demasiado emocionales para gobernar, unas histéricas. ¿Tendría Dany la regla el día que le dio por incendiar Desembarco?

Cersei había conseguido encontrar su lugar en esa sociedad que la relegó al papel de consorte durante tanto tiempo. Ella siempre quiso gobernar y era muy capaz. Eso sí, un poquito demasiado cruel. Ya le dijo Tyrion que sus únicas virtudes eran el amor por sus hijos y sus pómulos.

Su muerte sepultada, sin ni siquiera tener la oportunidad de enfrentarse a Daenerys o Arya, fue un golpe bajo. A Cersei jamás se le perdonó que fuera descaradamente ambiciosa, que su gran objetivo en la vida fuera mandar, ni que usara el sexo para sus fines.

Heroínas a medias

Arya tuvo el honor de ser quien mató al Rey de la noche. Eso sí, fueron innumerables las críticas denunciando que había sido una escena inverosímil, que ya estaba bien de proteger a la favorita de Martin. Pero… ¿hubieran dicho lo mismo si el autor hubiera sido Jon? Tampoco sentó bien el momento “tigresa cachonda” de Arya con Gendry. Ay, no habíamos caído en que la niña de Juego de tronos (Maisie Williams) ya tenía veinte tacos.

Antes de su fichaje, Gwendoline Christie (Brienne de Tarth) estaba frustrada por el tipo de personajes femeninos disponibles, siempre basados en la atracción sexual. Comentaba orgullosa: “Brienne es fea, vulnerable. Es maravilloso que todos esos elementos que la sociedad consideraba poco atractivos son los que han hecho a este personaje exitoso”.

La guerrera acaba siendo caballera y pasando su merecida noche con Jamie. Pero a muchos nos chirrió que una poderosa mujer como ella acabara sollozando tras la marcha del Matarreyes.

Sansa fue nombrada reina, pero solo del Norte, lo que esconde cierto paternalismo: que gobiernen las mujeres, pero solo un poco. También fue polémico su encuentro con El Perro donde se daba a entender que Sansa se había hecho fuerte gracias a la violación y torturas sufridas en el pasado.

Ya lo dijo Jessica Chastain en un tuit de protesta: “Una mujer no necesita ser víctima para convertirse en mariposa. El pajarito siempre fue un Fénix. Su fuerza predominante es únicamente por ella. Y ella sola”

Reflexiones como la de Chastain han rodeado y todavía rodean a Juego de tronos casi un año después de su despedida. Y, mientras las cadenas buscan sucesoras y se prepara un spin off, seguimos recordando a sus protagonistas.

Acabaran como acabaran en la serie, son complejas e interesantes. Sus historias no están al servicio de las de sus compañeros. Se sostienen por sí solas.