Ahora que empezamos un nuevo año, os traemos un ensayo sobre el inicio de la saga que marca toda la historia: el prólogo de la primera novela, Juego de Tronos.

Abriendo en frío

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Por Hierophantasm en Tower of the Hand

Cualquier buena historia empieza en la primera página, pero en el caso de Canción de Hielo y Fuego, no siempre empieza con nuestros protagonistas (o puntos de vista) principales. De hecho, una de las más inusuales tendencias de la saga – la que se centra en los propios puntos de vista y los pensamientos de los personajes – es que empezamos cada libro desde los ojos de alguien comparativamente poco importante, alguien a quien no vamos a volver a ver (al menos de la misma manera) en la historia que sigue. Así que, para una saga que ocupa unas cinco mil páginas, ¿por qué gastar un tiempo en personajes que están condenados a morir en diez o quince páginas? La respuesta yace en el arte del autor, o el propio arte.

No es un misterio que George R.R. Martin tiene dejes de guionista, habiendo trabajado previamente en la serie de televisión La Bella y La Bestia de 1987 a 1990. Una tendencia habitual de las series es hacer un prefacio con algo extraño pero relacionado con la historia, para dejar al lector en el mundo con una “apertura fría” (cold open en inglés). En televisión, esto se hace con el interés mercenario de atraer la atención de la audiencia y para que no hagan zapping. Temáticamente, eso también sirve para marcar el tono de lo que viene a continuación: considerando que la mayoría de los prólogos tienen lugar en el frío norte, ¿qué podría ser más adecuado para una “apertura fría”?. Incluso la serie de televisión empieza con un cold open adaptado del prólogo de ese capítulo – aunque los destino de Will y Gared son intercambiados.

Los prólogos sirven también para marcar el tono de la novela que sigue, como un preámbulo o pantomima. Aunque los prólogos mismos no desvelan lo que va a suceder más que cualquier otro contenido de la historia, establecen ciertos eventos, tonos e incluso estructuras de poder que al final tendrán un papel mucho más grande en el futuro. Por ejemplo, en el prólogo de Juego de Tronos se nos introduce (aunque brevemente) a Gared, mientras seguimos seguimos los desafortunados empeños de Will y su ilustre líder, Ser Waymar Royce, el cual sufre un espeluznante final, atravesado por varias espadas hechas de hielo – un final resultado de su exceso de confianza en sus habilidades como líder.

Waymar Royce... y un amigo
Waymar Royce… y un amigo

Solo un par de páginas después se nos introduce a los Stark, y el mismo Gared es ejecutado por una espada llamada Hielo. Y aunque ésta está lejos de ser la única traición en la saga, al final de Danza de Dragones esta escena es revisitada en parte cuando Jon Nieve, ahora Lord Comandante de la Guardia de la Noche, es apuñalado repetidas veces sobre la fría nieve. Aunque no está del todo claro el destino final de Lord Nieve, si consideramos lo que le pasó a Ser Waymar Royce, no parece que le fuera a venir ir bien a Jon.

La fallida expedición de Waymar Royce desencadena una serie de eventos que – de alguna manera – acaban conduciendo al asesinato de Jon Nieve, y una pista de lo que puede ser de él. Tras Royce, Benjen Stark es enviado a descubrir lo que pasó con su perdido hermano de negro; él, también, desaparece, llevando a que Jeor Mormont haga una expedición al otro lado del Muro, con Jon como su mayordomo. Después de que Mormont sea asesinado durante la rebelión en el Torreón de Craster, Jon finalmente llegará a ser Lord Comandante aunque – como Mormont – sus decisiones impopulares acaben en su aparente muerte.

Aunque Benjen Stark ha sido de los grandes misterios de la saga, hay rumores de que podría ser el espectro que asiste a Bran, el que se refiere a Samwell como “hermano”, a quien llaman Manosfrías. Aunque eso solo sea un rumor, se sugiere ciertamente que Manosfrías fue un miembro de la Guardia de la Noche – su atuendo lo refuerza – pero también destaca un desafortunado y consistente destino para los miembros de esta condenada hermandad: alzarse como un espectro, aunque quizás con varios grados de raciocinio o coherencia. ¿Y qué tiene que ver esto con Jon Nieve? Dado el destino de sus hermanos, no sería una sorpresa si una resurrección de alguna manera le espera, sea bajo el aliento de R’hllor por Melisandre, una de las nuevas adiciones a la población de Castillo Negro; o por la fuerza que mueve a los Otros, como Manosfrías. Fuego y hielo, de hecho.

Coldhands by ~VVjonez on deviantART
Coldhands by ~VVjonez on deviantART

Consideremos cómo empezó esta saga épica: con el Rey de la Noche y los Otros. ¿Y qué nos dice eso de la saga en su conjunto? Como en el punzante choque de hielo contra acero, marca un tono que subconscientemente atrapa al lector, uno que podría quedar enganchado en las maquinaciones maquiavélicas del cambiante trono y la guerra civil: lo supernatural existe y es una amenaza inmediata. Mostrar esta expectativa tan pronto para el lector es clave, porque mientras que los eventos de Desembarco del Rey son sin duda interesantes, el lector puede disfrutar una cierta ironía dramática, sabiendo que los Otros son en realidad la amenaza agazapada en las sombras de la historia.

Además de los Otros, ¿quiénes son nuestros condenados enviados al frío mundo más allá del Muro? En este caso son Will y Waymar Royce, un criminal empujado a la vida dura por un crimen menor; y un noblezuelo en busca de gloria, respectivamente. La dinámica establece una clara estructura de clases en Poniente, incluso sin tener que describirse con mucho detalle; y resalta la disparidad de actitudes entre la nobleza y el pueblo llano presentes en este entorno feudal. El sentido sobre las clases que recibe el lector es que la nobleza está desconectada y no es realista; mientras que la gente común está sujeto a sus caprichos – a luchar sus guerras y obedecer sus estúpidas órdenes – mientras están forzados a adaptarse a sus situaciones o morir.

Observamos esta actitud que se establece cuando Jon Nieve, un miembro de una casa noble como Royce antes que él (incluso aunque sea un bastardo) se enrola en la Guardia de la Noche; y la manera en que es tratado bajo la luz de lo sucedido con Royce en su exploración. En compañía de criminales, la nobleza es una minoría; al margen del buen carácter de Jon, esto también justifica por qué Jon y Samwell Tarly se hacen buenos amigos, y más adelante enfurecerá a personajes como Alliser Thorne.

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Aunque no sea el más atractivo de los personajes, podemos al menos empatizar con Alliser por su cinismo tras la fallida ordenanza de Royce, con Jon y Sam siendo ambos nobles y novatos reclutas. Aunque Jon y Sam se ofrecieron voluntarios para entrar en la Guardia de la Noche, Alliser era tanto un noble como un criminal, siendo su crimen luchar en el bando perdedor en la rebelión de Robert. Incluso desde el prólogo con la dinámica entre Royce y Will queda claro: están los que tienen y los que no tienen; y raramente ambos se ven cara a cara.

Tras reyes envenenados y Manos asesinadas, de capas doradas y negras, hay sitio para una amenaza incluso más siniestra acechando en las leyendas. Este reconocimiento de los sobrenatural o mágico cierra el círculo en la conclusión del primer libro cuando Daenerys se dirige a la pira funeraria de Khal Drogo (también de Mirri Maz Duur). Y aunque tengamos razones para sospechar que Dany tiene la “sangre del dragón” y puede resistir las llamas, en este momento podríamos haber descartado la idea de que lo sobrenatural existe.

Si no hubiera sido por nuestro capítulo de prólogo podríamos haber considerado esto como un acto suicida por el dolor, ya que el primer libro es especialmente notable por sus escasos elementos sobrenaturales, en contraste con los libros posteriores. Pero cuando Daenerys Targaryen emerge sin quemaduras de las llamas, con los dragones junto a sus pechos, el primer libro se cierra con el recordatorio de que en el mundo de Poniente y más allá, las leyendas son reales. Y la “canción de hielo y fuego” se vuelve más literal cuando este ardiente final contrasta con el helado principio.

Targaryen Drogo y Daenerys

Uno de los talentos excepcionales de Martin es su ritmo: como el director de una gran sinfonía, él construye los eventos paso a paso y forja su fantástica cadena eslabón a eslabón. Mientras que Juego de Tronos empieza y termina con (discutiblemente) los dos únicos eventos sobrenaturales de la primera novela, es solamente un precursor de lo que vendrá después.

Consideremos lo lejos que nos hemos adentrado en el reino de la fantasía en Danza de Dragones. Para el final de la más reciente entrega de la saga nos hemos encontrado verdevidentes y cambiapieles, posiblemente necromancia de la mano de Robert Strong, cuernos mágicos capaces de derribar el Muro (en teoría) y someter dragones (también en teoría), así como brujos y hombres sin rostro. Quizás las mayores muestras de lo sobrenatural son los poderes de los sacerdotes rojos (y a través de ellos, R’hllor) como resurrección, premoniciones, espadas ardientes y manos ardientes, en el caso de Victarion Greyjoy; sin mencionar las propias habilidades de Melisandre para las ilusiones, sombras y quién sabe qué más dada su obsesión con la sangre real.

Incluso entonces, toda esta magia es secundaria a la gran amenaza latente establecida en las primeras páginas de la historia: los Otros. Para cuando lleguemos a nuestra confrontación final con la verdadera amenaza al otro lado del Muro, su existencia – y la existencia de la magia y lo sobrenatural – entrarán en nuestras expectativas sin mayor resistencia, en parte porque lo hemos visto del mismo principio. Sin duda nosotros los lectores estaremos más preparados que el propio mundo de Poniente.